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LA TECLA CON CAFÉ

Cronicafeando

Señales para descubrir a un mentiroso

Señales para descubrir a un mentiroso

5:43:08  p.m.

Es importante poner atención a las micro expresiones del rostro, aquellas que duran una fracción de segundo, pero que revelan las verdaderas emociones de una persona.

Sloan Sheridan-Williams es una experta en esta materia y lleva años en la labor de descifrar señales tanto verbales como no verbales que —dice— traicionan las verdaderas emociones de las personas. En este sentido, la terapeuta de medicina complementaria afirma que es importante poner atención a las micro expresiones del rostro, es decir, aquellos gestos que aparecen en la cara de una persona y que son muy difíciles de detectar porque duran una fracción de segundo.

«Si tu novio te engaña, su micro expresión será una emoción de angustia, caracterizada por que las cejas se van hacia arriba y hacia el centro de la frente, lo que hace que ahí le aparezcan unas líneas cortas pero profundas. Las siguientes señales serán una sonrisa falsa o que se mantiene por mucho tiempo; errores en la sincronización de las expresiones, sonrojarse y asimetría en los gestos», señaló al periódico británico Daily Mail.

Sloan agregó que los ojos también pueden entregar información importante, ya que un pestañeo constante o pupilas dilatadas por lo general son signos que están asociados a las mentiras.

Sin embargo, para que tu observación sea precisa, primero debes tener claro cómo se comporta tu pareja cuando no está presionado por el miedo o el estrés, es decir, tienes que establecer lo que ella denomina una «línea de base». Según la experta, la mejor forma de hacerlo es fijarse en cómo actúa cuando hablan sobre temas neutrales —como por ejemplo respecto al día que tuvo en su trabajo o su opinión sobre alguna película que vieron juntos— y luego desviar inesperadamente la conversación hacia algo más complicado.

Los 10 signos:

Sloan sostiene que existen ciertas reacciones que implican una desviación de la «línea de base» y que podrían indicar que tu pareja te está mintiendo. De ellas, las «top ten» son:

1.- No responde inmediatamente a tus preguntas: si hace pausas antes de contestar significa que está pensando la respuesta para que ésta sea convincente. Por lo general, a un mentiroso se le hace difícil contestar directo a preguntas directas.

2.  Utiliza demasiado expresiones como «bueno», «umm», «ah», etc.: en el fondo, estos términos son un relleno y también le dan a la persona un tiempo extra para elaborar su respuesta.

3.  Se pone a la defensiva: si se ve arrinconado ante una pregunta comprometedora, seguramente te responderá con otra interrogante del tipo «¿realmente me estás acusando de engañarte?». Es posible que también te acuse a ti de algo similar para así desviar la atención y liberarse del incómodo momento.

4.- Evita el contacto visual y pestañea más de lo habitual: según la experta, éste es un signo de ansiedad, al igual que el movimiento de los ojos. Así, por ejemplo, mirar hacia arriba y a la izquierda se relaciona con imaginar, y mirar lateralmente hacia la derecha se asocia a la construcción de frases, es decir, a mentir.

5.  Traga y carraspea más seguido: cuando una persona se siente incómoda y está a punto de mentir, su cuerpo comienza a liberar adrenalina, lo que aumenta la producción de saliva y de ahí la tendencia a tragar con más frecuencia. Sin embargo, luego la boca y garganta se secan, lo que lleva a la persona a carraspear mientras sigue adelante con su mentira.

6. Comienza a juguetear: el temor a ser descubierto hace que se ponga nervioso, por lo que busca liberar su energía tomando y moviendo cualquier objeto que tenga frente a él, en su ropa o en su cuerpo. Por ejemplo, puede comenzar a tocarse repetidamente su nariz, orejas o pelo.

7.  Se encoge de hombros: según Sloan, un mentiroso puede ensayar lo que dirá, pero no los gestos que hará mientras habla. Así, si las palabras no combinan con sus movimientos, el engaño quedará en evidencia.

8.  Empieza a entregar demasiada información: un mentiroso cree que debe sustentar su engaño con muchos argumentos, por lo que suele dar muchos datos para convencer tanto a su pareja como a sí mismo de la historia que está contando. El problema es que el exceso de información lo va hundiendo en un hoyo cada vez más profundo, y todo termina en una historia sin peso y llena de inconsistencias.

9.  Se muestra aliviado cuando descubre que manejas poca información: puedes aparentar que sabes toda la historia que él relata, para que así comience a hacerte preguntas y se dé cuenta de que en realidad son pocos los datos con los que cuentas. En ese momento, su cuerpo se relajará y se verá menos estresado.

10.  Su postura corporal es defensiva: si cruza los brazos mientras conversa contigo, claramente está creando una barrera psicológica entre ambos. El mismo objetivo lo logra ubicándose detrás de un mueble, de manera que éste se interponga entre él y tú. 

(Fuente: emol) 

De tribus urbanas y otros demonios

De tribus urbanas y otros demonios

 

7:22:07 a.m.

Por Laura Rodríguez Fuentes (Servicio Especial)

Los fines de semana la Carretera a Sagua amanece con bolsas de basura esparcidas en el pavimento y botellas rotas que relucen a la luz de la luna. Del otro lado de la ciudad, los bancos de los parques aparecen destruidos. Los vecinos se quejan de no haber podido conciliar el sueño debido a la bulla y el estruendo.

A los autores de estas conductas vandálicas se les conoce como tribus urbanas, muchachos que se automarginan y buscan reafirmar su personalidad cometiendo todo tipo de indisciplinas sociales.

Según los psicólogos, muchos adolescentes tienden a comportarse de esa manera cuando se reúnen con otros de su «especie», para sentirse respetados por los demás miembros del «clan». Ciertos comportamientos grupales suelen ser más agresivos que otros, en dependencia de la tendencia o el modo de vida social que practiquen.

En Santa Clara confluyen diferentes estilos e inclinaciones musicales que conforman las conocidas subculturas, término que surge en las grandes urbes, y que define a aquellos grupos con un conjunto distintivo de comportamientos y creencias que los diferencia de la cultura dominante de la cual forman parte.

La mayoría de estas tribus urbanas son una mera imitación de los códigos de la sociedad consumista, y sus afiliados pueden identificarse, generalmente, de acuerdo con el vestuario característico de la secta.

Conozco a muchos padres preocupados porque sus hijos de repente se han declarado «emos». Ellos usan un mechón de pelo hacia un lado que cubre gran parte del rostro, camisetas con alegorías a películas de Tim Burton y tenis, preferiblemente, marca Converse. También amenazan con cortarse las venas para llamar la atención de sus familiares o amigos, aunque en realidad no pasa del chantaje para lograr sus objetivos. Aun cuando no suelen agredir a los demás, por su propensión extrema al pesimismo existencial, su actitud egocéntrica los lleva a escribir grafitis en las paredes de instituciones públicas y hacer alarde de que ser emo, más que una moda, es un sentimiento.

Los que llevan un peinado en forma de cresta son conocidos como punk, y se les ha visto pintando símbolos de anarquía, gritando obscenidades en la calle, pateando botellas vacías o destrozando contenedores de basura, según una encuesta realizada a miembros de otras tribus. Se declaran rebeldes y rinden culto al caos y el desorden social. Además, dicen odiar los estereotipos. Paradójico, ¿no? 

Esos que llevan un «aparatico» portátil de forma y tamaño de una lata de refresco pueden ser mikis o hiphoperos. Su música estridente y de mal gusto monopoliza el ambiente y molesta a quienes buscan un poco de tranquilidad en los parques de la ciudad. Si un defecto tienen los miembros de las tribus urbanas es que pretenden a toda costa ocupar los lugares públicos y hacerlos suyos.

Un ejemplo del daño que ocasionan estos sectarismos, es el mal llamado muro del malecón, al costado del teatro La Caridad, donde confluye todo tipo de pintorescos personajes. La algarabía de las  bocinas ambulantes interrumpe los espectáculos, y la indisciplina de muchos ha deteriorado las paredes y rejas de la institución con pisadas y grafitis. No se puede acusar directamente a determinado grupo, porque todos «encallan» en el lugar cada noche e incluso compiten por los espacios adjudicados a la fuerza.

También los skaters han invadido el Parque de la Audiencia, se pasean por allí en sus patinetas como si fuera una pista oficial de monopatinaje y se adueñan de un sitio que pertenece a todos los vecinos.

Aunque mucho se ha criticado a los frikis por la imagen agresiva que proyectan, hay otros escondidos en «ropa de marca» que son en realidad peligrosos, que visitan clubes nocturnos de difícil acceso monetario para la mayoría de la población. Esos, digamos, pertenecen al club de «los niños de papá y mamá».

Hace poco, una pareja transitaba tranquilamente en su bicicleta, cuando se abalanzó sobre ellos un auto particular por la senda contraria y el conductor vociferó a los cuatro vientos: «¡Los voy a matar!» Dentro del vehículo: unas cuantas jovencitas sonrientes, una botella de ron visible y reguetón a todo volumen. Esta conducta con instintos asesinos fue copiada directamente del filme Rápido y furioso. ¿Por qué tantos padres les confían el timón a sus hijos adolescentes?

La nueva modalidad de metaleros o heavys, nada tiene que ver con aquella generación surgida en los 70. Cada año, cuando se efectúa el Festival Ciudad Metal, pandillas de adolescentes, seudofrikis, relacionan el rock con violencia. Los vecinos de las calles que llevan del Parque Vidal al Sandino han soportado desde que toquen sus puertas a altas horas de la madrugada, hasta que defequen en las aceras como símbolo de «depravación total».

De ninguna manera pretendemos absolutizar ni segregar a un grupo por la manera de vestir. Tampoco, que todos tengan este tipo de comportamiento agresivo. Lo cierto es que las indisciplinas sociales injustificadas de unos estigmatizan a otros, que, aunque pertenezcan a estos grupos, nunca  han molestado a nadie ni han rayado una pared para expresar sus sentimientos.

Pueden hacerse conocer como emos, frikis, skaters, punks, mikis…, la simbología no es tan importante, pero que escuchen su música en casa, compren una libreta para pintar, vayan a la pista del Sandino a montar patinetas, jueguen con un balón, no con las bolsas de basura, y expresen sus sentimientos de una manera menos agresiva. El respeto a la diferencia también incluye la preservación y el cuidado de los espacios comunes.

(Fuente: Vanguardia)  

Guantánamo por dentro es algo más que fotos de lugares

Guantánamo por dentro es algo más que fotos de lugares


7:52:43 a.m. 

Por supuesto, las «condiciones gráficas» parecen idílicas y nada dicen de las torturas. Como para cambiar la imagen del centro de tortura que en contra de la voluntad del país donde está enclavado, mantiene  el gobierno de EE.UU. 

Según el diario, que no acredita las imágenes ni a los reporteros, «unos periodistas pasaron 4 días en Guantánamo, el campo de detención de EE.UU en Cuba, donde pudieron recorrer la cárcel y entrevistar a los miembros de las fuerzas armadas que lo dirigen». 

Desde 2002, las autoridades han usado Guantánamo como centro de detención para presos acusados de terrorismo, la mayoría de ellos detenidos en Afganistán durante la invasión de este país, que siguió a los atentados del 11 de septiembre de 2001. 

A pesar de que el presidente Barack Obama se comprometió a su desmantelamiento, es necesaria una autorización del Congreso que no parece fácil que vea la luz, por lo que sigue en activo. 

Las fotos que publica el sitio digital www.peru.com «fueron  aprobadas por los militares, que tenían libertad para eliminar las que pensaban que podían poner en peligro la seguridad». 

No se permitió tomar imágenes de los presos, pero sí de los lugares en los que viven día a día, sus celdas y los alrededores de la base. Claro, lugares y lugares hay en todo el mundo. (Les invito a ver la multimedia en eldigital diario peruano).

 

 

 

 

Alegres motivaciones para «elevar» una queja

Alegres motivaciones para «elevar» una queja


5:37:39 a.m.

Por Mercedes Rodríguez García

Ya no puedo ser tan «divertida» como antes debido a esas estrellas de generala que llevo sobre mis hombros. Ganadas en cientos de batallas domésticas y profesionales durante mi existencia, me han dado viso de honorable santaclareña y abuela empedernida.

Sin embargo me considero una mujer entusiasmada por lo que hago con gusto, asunto vital para mantenerme motivada y  con la alegría habitando mi frágil  anatomía. Y si no tanto las piernas, al menos sí el músculo primario y esta testa que conservo lúcida, erguida y trimestralmente colorida en la peluquería. ¡Ah! y también siempre dispuesto eso que unos llaman espíritu; otros, alma, y que yo prefiero definir como influjo  positivo, vigor que alienta y fortifica el cuerpo para obrar.

Porque dicen los psicoterapeutas que las malas actitudes del día a día son consecuencia de acontecimientos o experiencias pasadas, causantes en mucho de la baja autoestima, el miedo, el estrés, la ira, el resentimiento y la incapacidad de generar o manejar un cambio. Por eso perjudican y dañan la vida, la forma en la que te desenvuelves todos los días y la manera con la que te relacionas con los demás.

Tú eres una persona «muy autovalidante», me dijo cierto día una amiga psicóloga, que hace muchos años reside en Canadá. «Autosuficiente, querrás decir», le rectifiqué creyéndome autorizada para definirme a mi misma, mucho más conociéndonos ambas desde los tiempos juveniles del bachillerato. Entonces  me ripostó: «No, señora, auto-va-li-dan-te, que es la persona que cree en ella y en las cosas que hace, que no espera a que los demás la hagan por ti».

Bueno, bienvenido el nombrecito, que desde entonces forma parte de mi vocabulario activo y suelto cada vez que me tropiezo con una de esas personas no auto-va-li-dan-te que quiere, con sus desmotivaciones, resabios, enfados ,envidias y resquemores crónicos, echarme a perder el día a día, aunque desde hace varios me sobran razones para quejarme, sin lamentarme. Ya verán.

Ahora mismo me encuentro prisionera en casa, un apartamento en el último piso de un edificio de doce plantas, privado desde hace más de 20 días de sus dos elevadores, por lo que evito descender para luego tener que subir de vuelta 169 peldaños. Un ejercicio que recomiendo a los funcionarios de Vivienda Municipal, máximos responsables de la situación creada a partir de un convenio que hay que volver a convenir con La Habana, desde donde tienen que venir los mecánicos para reparar los ascensores, rusos, digitales, con espejos, colocados hace apenas dos años pero sometidos a los abusos y desafueros de los usuarios por razones extra e intravecinales.

Bueno, valga la digresión a ver si el problema se resuelve sacándolo a la luz pública, porque de todas maneras el «deporte» de subir y bajas cientos de escalareras sirve también para mantenerme motivada. ¡Claro!,  porque según los especialistas en cuestiones del ánimo y los pensamientos, la actividad física pone a una de buen humor y brinda la satisfacción de estar haciendo algo bueno por ti misma, aunque en mi caso —y el de mis vecinos— resulta exagerado y proclive al infarto y la sacrolumbalgia.

Es por ello que pienso con mente positiva porque los pensamientos negativos te convierten en una mujer amarga y resentida. Así que vengan o no vengan los mecánicos,  ya me veo sonriente y fresca como una lechuga, apretando el botón que subirá y bajará el aparato desde el primero al piso 12, donde habito.

Pero mientras tanto, y en la medida que subo o bajo los escalones, voy repitiendo frases positivas, como «paciencia», «sin agitación», «sí se puede», «mañana cobro»… Y otras similares que voy reiterando durante el día, de acuerdo con la situación. Practique usted, no lo dude. Las afirmaciones son palabras cargadas de potencia para asumir la práctica.

Aunque el mejor consejo que dan los psicoterapeutas para cambiar de actitud y ser más positiva, es reprogramarse, capacidad que debían tener los elevadores en un chip, o los equipos electrodomésticos sometidos a los vaivenes de los cortes eléctricos imprevistos. Pero una sí, una puede reprogramar su subconsciente con pensamientos positivos, que también dan seguridad y fe.

¡Ríase!, sí, enseñe la cajeta. Hay que darle humor a sus días. El humor es un gran motivador. La vida se lleva mejor con humor, ya que la risa y el positivismo te liberarán del estrés y las actitudes negativas. Sé divertida, pero no sólo para agradar a los demás. Sé divertida todo el tiempo, desde adentro, sin depender de la aprobación de las personas, y mucho menos, de un elevador que no sé porque no pueden arreglar los mecánicos de Santa Clara y sí los habaneros que fueron los que se entrenaron en Moscú. No importa que ocasionan gasto en transportación, combustible y alojamiento cada vez que vienen a mi gloriosa ciudad.

Por todo esto y más, una última recomendación: Cambie el discurso Cuando alguien le pregunte cómo está, no le salga conque le duelen las piernas o cuanto hueso tiene. Dígale  «Fantástica» o «Súper bien». A la mayoría le gusta estar rodeada de gente con buena «vibra», y no que siempre traiga la cara larga o le hable de problemas y más problemas.

Ya lo sabe, sea auto-va-li- dante,  manténganse motivada, piense con mente positiva, practique ejercicios, ríase hasta de usted misma, combata el miedo, el estrés, la ira, el resentimiento… Y no piense mal de los demás, pero denuncie públicamente lo mal hecho, y si no la escuchan «eleve» su queja, alguien terminará oyéndola.

 

 

 

 

 

Micción imposible

Micción imposible

 

11:54:15 a.m.

Por Mercedes Rodríguez García

Ilustración: Martirena

Las huellas del «crimen» en la vetusta fachada de una céntrica y fétida callejuela de Santa Clara, me recordaron a García Márquez en una de aquellas competencias para ver quien lograba colar el chorro de orine por el estrecho pico de una botella de refresco vacía colocada a un par de metros de la «arrancada». Pero eso fue en Aracataca —y no en Macondo— hace ya muchos años.

Y aunque a veces la querida Santa Clara adquiera visos macondianos, no es el caso de quienes sin consideración a los vecinos expulsaron de sus vejigas repletas ese líquido de olor característico secretado por los riñones.

Imposible de saber si lo hicieron bajo la luna o el sol, si compitieron o no, porque nadie vio a nadie orinando contra la vieja pared desde la cual descendían, escalonadamente, hasta formar una charca común, cuatro profusas evacuaciones cuyos puntos de orígenes diferían en altura, tal y como están colocadas las cuerdas en una lira.

Sé que el tema no es nada musical, pero urge abordarlo porque ya alcanza rango sinfónico eso de hacer las necesidades sin cobertura ni recato, donde y cuándo aparecieron los deseos, sea luego de una noche de juerga y borrachera, o de vigilia fuera de la casa, por solo citar dos ejemplos que concurren en una determinación de la que no escapa ningún ser humano, por muy «educada» que tenga su vejiga.

 No estoy justificando al que injustificadamente «empina», primero el codo; y luego, el pito, que es la mayoría. Porque hay que estar muy fuera de sus cabales o ser un depravado para, con un baño público cercano, orinarse al aire libre  —como los he visto, siempre hombres—  a plena luz del día, y sin apenas voltearse.

Y a esos ¿quién los multa o detiene si no hay un policía cercano, si nadie lo denuncia, si la mayoría lo tolera o mira con indiferencia?

El Artículo 303, inciso b) de la Ley No. 62, Código Penal  (modificado a su vez por el Artículo 28 del Decreto-Ley No. 175 de 17 de junio de 1997) sanciona con privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas al que «ofenda el pudor o las buenas costumbres con exhibiciones impúdicas o cualquier otro acto de escándalo público». ¿Entonces, qué? ¿Hasta cuándo?

La «costumbre» de orinar en las calles no es privativa de Cuba. Lo practican los peruanos en sus plazas públicas; los chilenos, pegados a los contenedores de basura; los españoles, junto a los autos aparcados; y los ingleses, los franceses, los neoyorkinos, que aguantan un poco más hasta encontrar un lugar apartado, oscuro y libre de vigilancia.

Pero también en esos países — y en otros países— hacer las necesidades en la calle puede significar un paseo gratuito a la estación de policía más cercana. En Brasil, donde la práctica no es tolerada de ninguna forma, los guardias civiles arrestaron y condujeron a comisarías, solamente un fin de semana, a 205 personas sorprendidas orinando en vía pública, unas 80 menos de las que fueron arrestadas durante los cuatro días del Carnaval del año pasado, cuando no se salvaron ni turistas extranjeros. 

En Valencia, España, la multa por orinar en la calle es de 75 euros. Según la fiscalía de Manhattan, Nueva York, una falta como esta puede ser penalizada con una cuota de $100 a $50 dólares. Su autor también puede ser sometido a un proceso judicial por cargos de lasciva pública. En México, los reglamentos llamados Bandos de Policía y Buen Gobierno la consideran una falta administrativa,  punible con una semana limpiando los baños públicos.

Pero aterricemos de nuevo en Cuba, o mejor, en mi gloriosa Santa Clara donde tales sitios no existen prácticamente, situación que justifica en parte la micción callejera, si consideramos que una persona normal elimina entre 200 y 500 mililitros de orina horas, lo cual la obliga a evacuar entre cuatro y seis veces al día.

Tal vez no resulte factible «llenar» la ciudad de baños como el del parque Las Arcadas, y sí de otros más factibles, prácticos y señalizados, que pueden construirse en locales ruinosos, parques, zonas verdes, parqueos, etc. A estos se sumarían los poquísimos a que el transeúnte puede acceder dentro de establecimientos públicos y comercios (si lo tienen), así como los también escasísimos atendidos por cuentapropistas.

Urge crear condiciones a la población antes de aplicar cualquier medida coercitiva o punitiva. Y ello compete a las autoridades de la municipalidad, llamadas a actuar de manera oportuna, inteligente, moderna y creativa.

Y si la ciudad, con sus ruinas, calles y callejones, pudieran evocar algún paraje garciamarquiano, que no sea el del pueblo en que Macondo se convirtió asediado por las lluvias de cuatro años, once meses y dos días, sino por el sueño de José Arcadio Buendía en que se le aparecen construcciones con paredes de espejo, o el ejemplo de Úrsula Iguarán, que vive durante más de un siglo cuidando de la familia y del hogar…

Santa Clara debe dejar atrás los convencionalismos y practicismos aldeanos, y apostar más por  la belleza perdurable.

 

 

Más de 400 GB de pacotilla

Más de 400 GB de pacotilla


6:39:04 a.m.

La explosión tecnológica de este siglo invade hoy los más disímiles espacios de la sociedad. Desde la vida económica de un país hasta la producción espiritual de las personas transitan por las ventajas y desventuras de la era digital.

En medio de la vorágine de dispositivos, símbolos y sentidos, el consumo cultural del cubano se aleja de la prominencia comunicacional del Estado para sucumbir, con una fuerza insospechada, ante el famoso «paquete».

Series, novelas, películas, shows, dibujos animados, deportes, videos musicales, humorísticos; documentales, juegos, aplicaciones para celulares llegan cada semana a miles de nuestros hogares, por tarifas que oscilan entre 5 y 50 pesos en moneda nacional.

Entretenimiento y calidad garantizados en copias rápidas y libres de virus, según anuncian los proveedores, personas que, en franca burla a derechos de autor y recepción, aprovechan los restringidos servicios de televisión satelital, una conexión a Internet o el suministro de quienes provienen del extranjero, para lucirse con «lo último que trajo el barco».  
 
Usted encuentra aquí desde el más reciente partido de la Champions League hasta el concurso musical en que una monja italiana interpreta exquisitamente una canción de Alicia Keys. Un aluvión de programas de televisoras extranjeras que circulan a través de discos duros y memorias USB, y configuran un cosmos audiovisual donde el individuo elige qué, cómo y cuándo consumir el producto.

El cubano, embebido en los problemas del día a día, hastiado de programas insípidos y aventuras retransmitidas por enésima vez en la pantalla chica, busca en el paquete algo para relajarse por unas horas. Y rara vez regresa con el pendrive vacío.

Nos exponemos así al neocoloniaje cultural de las transnacionales mediáticas, que resuenan en nuestras narices mensajes tan huecos como peligrosos: la doctora Ana María Polo tiene la solución a tus pleitos legales, la chica de pueblo podría convertirse en nuestra belleza —¿vergüenza?— latina o en la nueva voz de España, México, Estados Unidos, Italia. Y ni hablar de las series coreanas, que venden más de lo mismo, pero con personajes de ojos rasgados.

Lo banal, lo morboso, el chisme de farándula, la llamada pacotilla ocupa más de la mitad de los 800 GB de audio y video. A tal principio responden las industrias del entretenimiento del mundo capitalista.

Pero el paquete también incluye series de excelente factura dramática y efectos visuales atractivos, documentales interesantísimos de historia, arquitectura, medicina, economía; las películas ganadoras de premios Oscar, Goya, y de festivales como el de Cannes; incluso, filmes cubanos poco divulgados en el país o ausentes de las cinematecas locales.

¿Qué oferta, a cambio, la televisión nacional? Poco, muy poco.

Gran parte de su parrilla la ocupan los mismos productos que tanto criticamos: novelas rosa, largometrajes hollywoodenses, animados mangas, seriales estadounidenses, australianos, asiáticos. Claro, casi todos con atrasos respecto a la mercancía del vituperado paquete.
 
Suerte nuestra que todavía disfrutamos de productos inteligentes y bien concebidos, como Espectador crítico, Vivir del cuento, Pasaje a lo desconocido, De nuestra América, Sitio del arte y algunos (re) transmitidos por el canal Multivisión. Privilegiados también por acceder a la red multiestatal TeleSUR, con una dinámica informativa y educativa envidiable, más allá de la superioridad de recursos a su alcance. Y por suerte, mejor atendidos ahora con las emisiones de partidos internacionales de béisbol, baloncesto y fútbol.

El resto de la programación televisiva se compone de presentaciones musicales con propuestas semejantes, pero distintos conductores, dibujos animados tan didácticos como empalagosos y aventuras de décadas pasadas. Indirectamente, lanzamos a nuestra audiencia tercermundista a los contenidos virales de la televisión primermundista.

El cubano medio no siempre cuenta con las herramientas adecuadas para interpretar tales productos, para distinguir lo esencial y lo frívolo del espectáculo foráneo. Por tanto, corre el riesgo de asumir de modo inconsciente patrones extranjerizantes, incoherentes con los valores del proyecto social de la nación.

La solución no está en castigar o censurar ese flujo ni en imitar contenidos que fomenten la desmemoria histórica, el consumismo, la mercantilización. Tampoco, en lamentarnos de la escasez de recursos, pues la década de los 90 complació al público con policíacos como Su propia guerra, popularmente rebautizado como El Tabo.

Se impone mirar hacia adentro, reformar las expresiones insubstanciales, los puntos neurálgicos de la cartelera televisiva. Tenemos que repensar el quehacer de salas de cine, centros de enseñanza, museos. Solo así cautivaremos a nuestros receptores y los alejaremos del paquete, ese instrumento virtual de transculturación con más de 400 GB de pacotilla. 

(Fuente: Vanguardia /Laura Lyanet Blanco Betancourt)

 

Los villaclareños ¿ya nos comimos la papa?

Los villaclareños ¿ya nos comimos la papa?


7:41:44 p.m.

En Villa Clara las papas están perdidas, dieron unas poquiticas, ¡y ya! Pero desde días pasados se aprecia una mayor presencia de papas en los Mercados Agropecuarios Estatales de La Habana, en los del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) y en las Cooperativas No Agropecuarias de la capital cubana.

Según escuché en Radio Reloj, la presencia de papas en los mercados de la capital cubana «obedece al incremento paulatino de la producción del tubérculo en las provincias de Artemisa y Mayabeque, lo que ha impulsado la red de distribución de la vianda». ¿Y qué esperamos en Villa Clara?

Un año sin Chávez

 

12:05.00 p.m.

Por Atilio Borón

La derecha, articulada como nunca antes a escala mundial por obra y gracia del fenomenal poderío mediático estadounidense, confiaba en que con la muerte del líder bolivariano se acabaría el chavismo. En su tosquedad intelectual sus huestes se consolaban recíprocamente de sus derrotas latinoamericanas diciendo que «muerto el perro se acaba la rabia». 

Pero la historia ha sido hasta ahora mezquina con sus anhelos. La «rabia» de los pueblos no es un fenómeno pasajero sino la consecuencia de la inequidad, desigualdad y opresión que incesantemente segrega el capitalismo, en estas tierras como en cualquier otro lugar. 

Sólo que en Nuestra América la rabia se amalgamó con una bicentenaria tradición político-intelectual emancipadora, anti-oligárquica y anti-imperialista que si bien no podría decirse que esté por completo ausente en otras partes de lo que se solía llamar el Tercer Mundo sí puede decirse que sólo lo está en un puñado de países y, sin dudas, sin la gravitación y longevidad evidenciadas en Latinoamérica y el Caribe. 

Tradición que se personifica en las figuras gigantescas de Bolívar y Martí, en ambos extremos del siglo diecinueve y que continúa con una larga lista —que no podemos reproducir aquí— que arrancando con Simón Rodríguez, Miranda, San Martín, Artigas, Bilbao, Hostos, Betances y tantos más pasaría tiempo después por Mariátegui y Mella hasta llegar a Bosch, el Che y Fidel. De ese feliz encuentro entre la «rabia» y una venerable tradición políticabrotaron los vientos emancipatorios que recorren nuestra geografía desde comienzos de siglo, impulsados por esa verdadera fuerza desatada de la naturaleza que fue Hugo Chávez.

Vientos que si bien amainaron su intensidad continúan soplando.Por eso Nicolás Maduro se impuso en las elecciones presidenciales del 14 de Abril del 2013 por un 1.5 por ciento del voto popular, pese a lo cual Barack Obama persiste en su necedad de desconocer su victoria. Habría que recordarle al ocupante de la Casa Blanca que en las presidenciales de su propio país en 1960 John F. Kennedy ganó por una diferencia de 0.1 por ciento: 49.7 versus 49.6 de Richard Nixon. Y que en las del 2000 George W. Bush con 47.9 por ciento perdió con Al Gore, que obtuvo un 48.4.
Pero el hermano de Bush, John Ellis (a) «Jeb», a la sazón gobernador del estado de Florida, pergeñó una escandalosaargucia leguleya que le permitió a George W. imponerse en el estado (donde había sido derrotado por Gore)y así llevarse los votos electorales de Florida, con lo que obtuvo la mayoría en el colegio electoral que lo consagró presidente.

La derrota del 14 de Abril sumió en una gran decepción a la derecha venezolana. Envalentonada por el silencio de la Casa Blancadecidió desconocer el resultado de las urnas, denunciarun supuesto fraude electoral y lanzar, por boca de Henrique Capriles, un nuevo intenso sedicioso(antes: el golpe de Abril 2002, luego el paro petrolero). Esa criminal tentativa produjo una decena de víctimas fatales y enormes daños materiales. 

Ante la inconsistencia de las denuncias de fraude luego de que extensas auditorías certificasen la honestidad del comicio, Estados Unidos y sus compinches locales lanzaron una campaña de desestabilización económica: desabastecimientos programados, sincronizados y acaparamiento de artículos de primera necesidad; corrida contra el Bolívar y desenfreno especulativo de los precios fueron los tres puntales del sabotaje económico, tal como lo recomienda Eugene Sharp en sus manualespara el golpe «suave».Prosiguieron con estas tácticas, destinadas a irritar a la población y a fomentar la idea de la ineptitud o insensibilidad gubernamental, hasta las elecciones municipales del 8 de Diciembre del 2014. Dando muestras de una notable incapacidad para leer la coyuntura política la derecha las definió como un referendo nacional:
«Si el chavismo pierde» —decían— «Maduro debe renunciar». En tal caso no habrí arazones para esperar hasta el 2016 para convocar el referendo revocatorio que contempla la Constitución bolivariana. Pero lejos de perder el chavismo le sacó 900.000 votos de diferencia al conglomerado de la derecha, la Mesa de Unidad Democrática (MUD),y casi el 10 por ciento de los votos.

Esto, unido al paulatino avance en la concreción de uno de los grandes sueños de Chávez: la institucionalización de la CELAC, con la realización de su Segunda Cumbre nada menos que en Cuba, hizo que la derecha internacionalizada arrojara por la borda cualquier escrúpulo y abrazara sin más la vía de la sedición, mal disimulada tras los pliegues del derecho de la oposición a manifestarse pacíficamente. 
En realidad, esto último no es sino una engañifa para ocultar el verdadero proyecto: derrocar a Maduro, como lo explicitara el líder de los sediciosos, Leopoldo López Mendoza, siguiendo el libreto de los «demócratas» sublevados contra Gadaffi en Benghasi y los neonazis en la Ucrania de nuestros días.
Le tocará al gobierno de Maduro trazar una fina línea para diferenciar la oposición que respeta las reglas del juego democrático de la que apuesta a la insurrección y la sedición. Diálogos de paz con la primera pero —como lo enseña la jurisprudencia estadounidense— todo el rigor de la ley penal para los segundos. Hacer lo contrario no haría sino propagar el incendio de la subversión.

A un año de su partida la herencia de Chávez aparece dotada deuna envidiable vitalidad: el chavismo sigue siendo invencible en las urnas —ganó 18 de las 19 elecciones convocadas durante su mandato— y en la Patria Grande los procesos de unidad e integración que con tanto fervor y clarividencia promoviera el gran patriota latinoamericano siguen su curso, avanzando pese a todos los obstáculos que se erigen en su contra. De ahí la intensificación de la contraofensiva reaccionaria que concibe a la lucha de clases como una guerra sin cuartel y sin límites morales o jurídicos de ningún tipo. 

uciante debido al deterioro de la posición de Estados Unidos en el gran tablero de la geopolítica internacional, es apoderarse de Venezuela y su petróleo, con la complicidad de las clases y sectores sociales que usufructuaron del despojo de la renta petrolera practicado por las grandes transnacionales durante casi todo el siglo veinte. Gente que jamás le perdonará a Chávez y al chavismo haber devuelto esa riqueza al pueblo venezolano, y que por eso salen a destruir el orden constitucional. Esa es la naturaleza profunda de su reclamo «democrático»: el petróleo para Estados Unidos y el gobierno y todo el aparato estatal para las viejas clases dominantes y sus representantes políticos que perfeccionaron el saqueo durante la Cuarta República.

El imperio se monta sobre esta retrógrada ambición para tratar de hacer en Venezuela lo que hizo en Irak, en Libia, en Afganistán y ahora pretende hacerlo en Siria y Ucrania. En todos los casos, en nombre de la democracia, los derechos humanos y la libertad, proclamas bellísimas pero que en boca de sus mayores transgresores se convierten en una pócima venenosa que los pueblos de Nuestra América no están dispuestos a ingerir y la razón es bien simple:pasó un año de su muerte pero Chávez está demasiado vivo en la conciencia de nuestros pueblos como para que estos decidan encadenarse nuevamente al yugo de sus explotadores.

(Fuente: Cubadebate)