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LA TECLA CON CAFÉ

Cronicafeando

Suceda lo que suceda, Trump le seguirá dando problemas a Estados Unidos

Suceda lo que suceda, Trump le seguirá dando problemas a Estados Unidos

 

5:36:45 a.m. 

Si no se destapan mayores escándalos ni hay grandes sorpresas de aquí a la elección del 8 de noviembre, será Hillary Clinton quien se instale en la Casa Blanca. La inverosímil candidatura del empresario de bienes raíces Donald Trump, a la presidencia de Estados Unidos, parece que por fin se empieza a desinflar. 

Las encuestas lo dan ahora como perdedor en todos los estados clave del país y en casi todos los grupos demográficos. 

Un nuevo sondeo de opinión de Fox News Latino le da 20% de apoyo entre los votantes hispanos, y a Hillary Clinton 66%. En todas las encuestas entre votantes de raza negra, Trump ha tenido menos del 10% de las preferencias y hay una reciente que le da el 1%. Entre personas con educación universitaria completa, el apoyo a Hillary Clinton duplica al de Trump. 

El millonario que se sale de protocolo para convencer a los electores de que siempre dice lo que piensa; el postulante a la Casa Blanca que miente con soltura y combina a la perfección la ignorancia y el aplomo; el candidato presidencial más lamentable que ha tenido el Partido Republicano ha empezado también a perder en el electorado masculino, el grupo demográfico que dio la victoria a todos los republicanos que han llegado a la presidencia en los últimos 40 años. 

Los tropiezos de Trump han hecho brotar un suspiro de alivio a la élite y al público informado de EE.UU., tranquilizando también a los gobiernos de Occidente y a las democracias del mundo. Todavía es posible que un malcriado megalómano ignorante con arranques de monarca absoluto y una edad mental de doce años sea elegido presidente del país más poderoso del mundo, pero esto se ve cada vez más difícil. 

Si no se destapan mayores escándalos —el fundador de Wikileaks, Julian Assange, prometió este miércoles la filtración de miles de nuevos documentos de la candidata presidencial Hillary Clinton y del Partido Demócrata— ni hay grandes sorpresas de aquí a la elección del 8 de noviembre, será Hillary Clinton quien se instale en la Casa Blanca. 

La noticia es buena para Estados Unidos y para el mundo. La cautelosa Hillary no ha sido la mejor candidata frente al exuberante Trump. No entusiasma ni convence, es evasiva y desconoce la espontaneidad. Siempre a la defensiva, da la impresión de ser fría y calculadora, y a veces parece estar ocultando algo. Nada de eso la ayuda ante los alegatos de que, mientras se desempeñaba como secretaria de Estado, puso en peligro la seguridad nacional al descuidar  la integridad de e-mails clasificados. El carácter reservado de Hillary tampoco la va ayudar a hacer frente a la más reciente acusación: cuando era secretaria de Estados, dio acceso privilegiado a su despacho a donantes de la Fundación Clinton. 

Pero no es necesario ser buen candidato para ser buen presidente y Clinton ciertamente tiene los galones para el cargo. Sus años de primera dama, secretaria de Estado y senadora le han dado paso firme en los laberintos del gobierno y la han ayudado a entender cómo funciona el mundo y qué quieren los electores. Quizá no dice lo que piensa, como Trump, pero piensa lo que dice. 

Tampoco ayuda a la candidatura de Hillary Clinton el hecho de que durante su gobierno no se construirá la Gran Muralla ni se deportará a once millones de inmigrantes ilegales; no se terminará la libertad de cultos ni se subirán los aranceles a los productos importados. El programa de gobierno de Clinton no puede competir en pirotecnia con los irresponsables anuncios de Trump. Ella no trae grandes cambios en la política exterior estadounidense ni sorpresas para el interior. Será más de lo mismo con nuevas prioridades y otros acentos. 

Eso no tiene nada de malo. Obama ha sido un buen presidente, deja una obra significativa y en varias oportunidades se atrevió a ponerse del lado correcto de la historia. Partió rescatando a Estados Unidos de la aguda recesión de 2008-2009 y ayudó a reducir el desempleo tras la reactivación, aunque le ha quedado tarea pendiente con las remuneraciones, que siguen estancadas. 

Obama creó un seguro de salud de financiamiento mixto, el famoso "Obamacare", que en tres años ha dado cobertura —no la mejor, pero cobertura al fin— a once millones de norteamericanos que no la tenían. Facilitó el aumento de la producción local de petróleo vía fracking al punto que Estados Unidos comenzó a exportar petróleo el año pasado y podría convertirse pronto en exportador neto. Al mismo tiempo, Obama impuso reglas más estrictas para las emisiones contaminantes y siguió subsidiando a la industria solar. 

En relaciones exteriores tuvo la audacia de nadar contra la corriente. Llegó a un acuerdo nuclear con Irán y restableció relaciones diplomáticas con Cuba. Apoyó al matrimonio igualitario y ayudó a su legalización. Y en un tema favorito de los republicanos, la seguridad ciudadana y la lucha contra el terrorismo, no le ha temblado la mano. Aprobó la acción militar que dio muerte a Osama Bin Laden, autorizó los ataques con drones a dirigentes de grupos terroristas y, hasta ahora, ha logrado evitar en territorio estadounidense acciones de guerra ejecutadas o dirigidas por ISIS como las que se han dado en Europa. 

Dejó tareas recién empezadas, como una reforma judicial que reduce las penas para delitos menores y así disminuir la abultadísima población penal. Estados Unidos es el país que tiene mayor porcentaje de sus habitantes tras las rejas. Otras reformas no las empezó, como hacer más estrictas las leyes de control de armas, hoy en manos de los estados, y así reducir la desproporcionada cantidad de muertes por armas de fuego que hay en el país si se lo compara con las otras naciones desarrolladas. 

Y claro, el Medio Oriente sigue siendo un polvorín y la guerra civil en Siria ha provocado una crisis de refugiados que trae un inmenso dilema moral a los gobiernos, principalmente de Europa, pero también a Estados Unidos. 

En las últimas semanas, Donald Trump se ha ubicado en el lugar que realmente le corresponde por temperamento y posición política. Es el candidato marginal de una minoría postergada —los hombres blancos sin educación universitaria, los que la globalización dejó atrás—, a quienes sedujo con una plataforma ideológica y estrategia de campaña de "populismo pugilístico, nacionalismo económico y tribalismo racial", como acertadamente lo describió hace unos días una columna de Politico.com. 

Pero que Donald Trump haya llegado a ser el candidato presidencial del Partido Republicano y que el socialista Bernie Sanders estuviera cerca de ganarle a Hillary en las primarias demócratas muestra un sentimiento popular que el nuevo gobierno tendrá que tomar muy en serio. 

Desde la derecha y la izquierda, un número creciente de ciudadanos ha dejado de creer en sus instituciones y en la élite que encabeza esas instituciones. Creen que el establishment, que incluye al gobierno federal, el Poder Legislativo, el Poder Judicial, los dirigentes políticos tradicionales, los empresarios y los medios de comunicación se han aliado contra el ciudadano común. Que se han confabulado, quizá tácitamente, para manejar el país en beneficio propio. Que se ríen de los valores que pregonan y engañan a los electores con iniciativas como los tratados de libre comercio, que han llenado los bolsillos de la élite, junto con traer cesantía y bajos sueldos a los trabajadores. 

Las teorías conspirativas casi siempre son alucinaciones colectivas de índole paranoide, pero tienen un ancla en la realidad. En este caso, la realidad es que la élite estadounidense efectivamente tiene los bolsillos cada vez más llenos. En materia de ingreso, Estados Unidos es el país más desigual del mundo desarrollado, dice un recién divulgado informe sobre desigualdad de la OCDE, un club de países de alto ingreso per cápita. En cuanto a patrimonio, los estadounidenses que están en el 10% más rico de la población, son dueños del 76% de la riqueza, y quienes están en el 50% más pobre, se reparten apenas el 1% de la riqueza. 

Esa desigualdad creciente es uno de los problemas más graves que tiene hoy Estados Unidos. El estudio de la OCDE presenta abundante evidencia de que la desigualdad impacta negativamente el crecimiento económico. Más grave es la tensión que provoca, porque puede llegar a desestabilizar las instituciones democráticas y la paz social. Una evidencia de que algo de eso ya está sucediendo en Estados Unidos es la guerra soterrada que parece haber entre los guetos negros urbanos y las fuerzas policiales de las grandes ciudades. 

Las candidaturas de Trump y Sanders son un síntoma claro de que un número creciente de estadounidenses está frustrado con el status quo económico y político imperante. Hay muchos —partiendo por Donald Trump— que opinan que el libre comercio se está llevando las fábricas y los trabajos a México y que el mercado estadounidense ha caído en manos de los productos importados de China. Estos desastrosos acuerdos comerciales, miente Trump, son el resultado de la creciente debilidad de Estados Unidos en el mundo, que hace que los demás países "se aprovechen de nosotros". 

Es verdad que muchas fábricas se han trasladado a México, mejorando los salarios de los obreros mexicanos, pero Trump olvida decir que la inmensa mayoría de las fábricas estadounidenses no se han movido ni se van a mover, y que la industria manufacturera estadounidense, en retroceso desde los años 60, ha repuntado y dado más empleo en los últimos dos años. 

Trump tampoco menciona que el libre comercio y el traslado de fábricas a México ha hecho bajar los precios de autos, computadores, teléfonos móviles y cientos de otros productos en el mercado estadounidense, mejorando el poder adquisitivo de toda la población, además de hacer más competitivos los productos made in USA en los mercados internacionales. 

Ni Trump por la derecha, ni Sanders por la izquierda, mencionan que la economía estadounidense está casi en pleno empleo y que las dislocaciones del mercado laboral en los últimos años no sólo se deben al libre comercio, sino también —y en forma importante— a la tecnología. Muchas personas han sido reemplazadas por robots en la industria manufacturera, ya casi no hay cajeros humanos y ahora la digitalización llega a la pequeña y mediana empresa, con eficiencias que significarán despidos. 

Tan exitoso fue el discurso anticomercio de Trump y Sanders que Hillary Clinton decidió también subirse al carro. Ahora se opone a la Alianza Transpacífico (TPP), un proyecto de Barack Obama que unifica las normas del comercio y  estandariza la propiedad intelectual y la protección ambiental en doce países de la Cuenca del Pacífico, siguiendo directrices estadounidenses y dejando fuera a los chinos. 

Mirado desde el exterior, el TPP se ve tan claramente ventajoso para Estados Unidos, desde el punto de vista geopolíitico, y tan lucrativo para las empresas estadounidenses, que no se puede entender cómo todos los candidatos presidenciales se opongan a él. Es un triunfo de Trump, aunque él no llegue a ganar la elección. La muerte del TPP, iniciativa que beneficia directamente a Estados Unidos en lo político y en lo económico, puede ser vista como la primera obra del estadista Donald Trump. 

Como consuelo se puede pensar que la derrota de Trump en las urnas al menos le facilitará la vida al Nafta. El empresario ha anunciado que, de ser elegido presidente, revisará el acuerdo con México y Canadá, y que si no se llega a un nuevo acuerdo que favorezca más a Estados Unidos que el actual, el país se retirará del Nafta. El mundo puede vivir sin TPP, pero basta imaginar con alguna seriedad lo que pasaría si Estados Unidos intentara retirarse del Nafta. 

Ahí está el problema de fondo con Trump. Aunque pierda la elección, ya ha ganado. Ya ha hecho retroceder el libre comercio y dado un revés a la globalización, imponiendo además una agenda de discusión populista, nacionalista y racista, inimaginable hace dos años. 

El empresario de bienes raíces que propone su monarquía absoluta como forma de gobierno puede no ganar la elección, pero todavía le queda un as bajo la manga. Lleva meses diciendo que el sistema está corrupto, que los resultados de las elecciones están arreglados, que no cree en las encuestas que lo dan como perdedor, que no se puede confiar en los jueces ni en el FBI. Ahora ha comenzado a pedir a sus partidarios que vayan a vigilar los lugares de votación el 8 de noviembre, porque Hillary Clinton y sus partidarios son capaces de cualquier cosa. 

Nunca en la historia estadounidense un candidato derrotado ha dejado de conceder la victoria a su contendor, pronunciando un discurso conciliatorio y leal. Pero es casi imposible imaginar a Donald Trump siguiendo ese guión. 

Y hay que pensar que Trump ha llegado a la política para quedarse. Probablemente creará un movimiento o partido político que aglutine a sus partidarios y empiece la carrera para la presidencial de 2020. Conociéndolo como se le conoce ahora, también es perfectamente posible que parta haciendo un berrinche, que desconozca el resultado de la elección, que acuse a la presidenta Clinton y a todo el establishment de hacer trampa; que pida una auditoría al proceso electoral. Eso tampoco ha pasado nunca en la historia estadounidense. 

Pero suceda lo que llegue a suceder, Donald Trump le seguirá dando problemas a Estados Unidos. 

(Fuente: AE)

 

 

 



 


 

La tragedia brasileña

La tragedia brasileña

 

6:22:05 a.m. 

Por: Atilio Borón* 

Una banda de “malandros”, como canta el incisivo y premonitorio poema de Chico Buarque —“malandro oficial, malandro candidato a malandro federal, malandro con contrato, con corbata y capital”— acaba de consumar, desde su madriguera en el Palacio Legislativo de Brasil, un golpe de estado (mal llamado “blando”) en contra de la legítima y legal presidenta de Brasil Dilma Rousseff. 

Y decimos “mal llamado blando” porque como enseña la experiencia de este tipo de crímenes en países como Paraguay y Honduras, lo que invariablemente viene luego de esos derrocamientos es una salvaje represión para erradicar de la faz de la tierra cualquier tentativa de reconstrucción democrática. 

El tridente de la reacción: jueces, parlamentarios y medios de comunicación, todos corruptos hasta la médula, puso en marcha un proceso pseudo legal y claramente ilegítimo mediante el cual la democracia en Brasil, con sus deficiencias como cualquier otra, fue reemplazada por una descarada plutocracia animada por el sólo propósito de revertir el proceso iniciado en el 2002 con la elección de Luiz Inacio “Lula” da Silva a la presidencia. 

La voz de orden es retornar a la normalidad brasileña y poner a cada cual en su sitio: el “povao” admitiendo sin chistar su opresión y exclusión, y los ricos disfrutando de sus riquezas y privilegios sin temores a un desborde “populista” desde el Planalto. Por supuesto que esta conspiración contó con el apoyo y la bendición de Washington, que desde hacía años venía espiando, con aviesos propósitos, la correspondencia electrónica de Dilma y de distintos funcionarios del estado, además de Petrobras. 

No sólo eso: este triste episodio brasileño es un capítulo más de la contraofensiva estadounidense para acabar con los procesos progresistas y de izquierda que caracterizaron a varios países de la región desde finales del siglo pasado. Al inesperado triunfo de la derecha en la Argentina se le agrega ahora el manotazo propinado a la democracia en Brasil y la supresión de cualquier alternativa política en el Perú, donde el electorado tuvo que optar entre dos variantes de la derecha radical. 

No está de más recordar que al capitalismo jamás le interesó la democracia: uno de sus principales teóricos, Friedrich von Hayek, decía que aquella era una simple “conveniencia”, admisible en la medida en que no interfiriese con el “libre mercado”, que es la no-negociable necesidad del sistema. Por eso era (y es) ingenuo esperar una “oposición leal” de los capitalistas y sus voceros políticos o intelectuales a un gobierno aún tan moderado como el de Dilma. De la tragedia brasileña se desprenden muchas lecciones, que deberán ser aprendidas y grabadas a fuego en nuestros países. 

Menciono apenas unas pocas. Primero, cualquier concesión a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para precipitar su ruina. Y el PT desde el mismo gobierno de Lula no cesó de incurrir en este error favoreciendo hasta lo indecible al capital financiero, a ciertos sectores industriales, al agronegocio y a los medios de comunicación más reaccionarios. 

Segundo, no olvidar que el proceso político no sólo transcurre por los canales institucionales del estado sino también por “la calle”, el turbulento mundo plebeyo. Y el PT, desde sus primeros años de gobierno, desmovilizó a sus militantes y simpatizantes y los redujo a la simple e inerme condición de base electoral. 

Cuando la derecha se lanzó a tomar el poder por asalto y Dilma se asomó al balcón del Palacio de Planalto esperando encontrar una multitud en su apoyo apenas si vio un pequeño puñado de descorazonados militantes, incapaces de resistir la violenta ofensiva “institucional” de la derecha. Tercero, las fuerzas progresistas y de izquierda no pueden caer otra vez en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. 

Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano “un plan B”, para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista. Y esto supone la organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que el PT no hizo. 

Conclusión: cuando se hable de la crisis de la democracia, una obviedad a esta altura de los acontecimientos, hay que señalar a los causantes de esta crisis. A la izquierda siempre se la acusó, con argumentos amañados, de no creer en la democracia. La evidencia histórica demuestra, en cambio, que quien ha cometido una serie de fríos asesinatos a la democracia, en todo el mundo, ha sido la derecha, que siempre se opondrá con todas la armas que estén a su alcance a cualquier proyecto encaminado a crear una buena sociedad y que no se arredrará si para lograrlo tiene que destruir un régimen democrático. 

Para los que tengan dudas allí están, en fechas recientes, los casos de Honduras, Paraguay, Brasil y, en Europa, Grecia. ¿Quién mató a la democracia en esos países? ¿Quiénes quieren matarla en Venezuela, Bolivia y Ecuador? ¿Quién la mató en Chile en 1973, en Indonesia en 1965, en el Congo Belga en 1961, en Irán en 1953 y en Guatemala en 1954? 

*Economista y periodista argentino, quien dirigió Clacso.

La fiesta de una idea

La fiesta de una idea

 

7:32:42 p.m. 

Por Mercedes Rodríguez García 

El tiempo, ¡caray!, debe pensar él, pícaro y sonriente por su bien conocida alergia al elogio y rechazo a la lisonja.

Pero no —supongo— el tiempo con su carga implacable de días y de noches, de noches y de días, que lo es, y exige su derecho a curvar la talla, surcar el rostro, blanquear el cabello, secar los músculos, desacelerar la marcha.

Más bien —pienso— se trata del tiempo con fisuras, el tiempo vulnerable, el tiempo del que tantas veces se ha burlado él con su carga de astucia, voluntad, riesgos, sacrificios, misiones, deberes y trabajos.

Quizás —deduzco— el tiempo de los protagonistas, de los subyugadores.

El tiempo —digo yo—  de los predestinados. Solo ellos configuran su propio calendario sin días, ni meses, ni semanas; sin alegorías, ni galas, ni solemnidades.

Pero hoy, el de sus 90, es tiempo de celebración.

Fiesta necesaria para quien se ha empeñado en disipar el culto a su persona y mantener en silencio terrenales amores, amores raigales, amantes amores, amores de padre, de hijo con  nietos, biznietos y sobrinos, amores de hermanos, amores de amigos, tangibles amores. 

Fiesta imprescindible a quien se debe y se ha entregado, y lleva nombre de pueblo, de cubanos agradecidos, coterráneos, hombres y mujeres de todas las edades, de esa Cuba profunda que le escucha y aplaude, le lee y asienta, le exige y reclama, porque así es de cardinal el singular estadista de ciclónico paso.     

Y no es leyenda, ni mito. Lo sabemos. Y aunque algunos se empeñan en restarle tenacidad y energía, muy ajeno él a las miserias humanas que separan, ahora organiza de otro modo su tiempo, que siempre ha sido tiempo de destino común, de varón dispuesto, de caballero castizo, de probado timonel.

Odiado por unos, amado por otros, su tiempo —como él mismo— yace asentado en la conciencia individual y propia. Por eso ha de buscársele, sin prejuicios, dentro de sí, como una realidad influyente y decisiva…

Solo de tal modo aparecerá el guerrero triunfante, el revolucionario convencido de sus verdades, el conductor, el guía indiscutible que hoy celebra, pese a tantos intentos proyectados de acortarle el tiempo, pese a tanta lastimosa crónica mediática anunciándolo muerto.

Nació a las 2:00 de la madrugada, un agosto 13 del año 26. A los 26 años tomó las armas y empezó su lucha. Y el 13, sabemos, es la mitad de 26, el del Movimiento y del Moncada, en julio. Los elementos convergen. La noche lo favoreció, lo hizo rebelde y guerrillero. Lo llevó a la Sierra, lo extendió a los llanos. Lo concibió esencial en el camino, en las ciudades, en las fábricas, en las siembras, en anónimos y publicitados versos, en libretas de apuntes, en pinceles, en guitarras y violines, en postales y afiches, en fotos, en célebres diarios, en best seller, en gorras con estrellas, en oficinas y escuelas, en puertas y ventanas, en comedores y salas.

La fiesta es entonces, necesaria y merecida. Asunto de cubanos, a fuerza de pasión, a veces un tanto exagerados. Y también asunto de amigos, incondicionales y buenos que existen en los cuatro puntos cardinales y saben aconsejarnos, alertarnos y cuestionarnos con generosidad y justeza.

A él todos los cubanos debemos algo. Y otro como él, no se repetirá en muchos años. Hay que aceptarlo. Su imagen de ardoroso líder, de indómito insurgente, lo hará real y perdurable en el tiempo.

Como escribiera Martí, en 1892:

«Los hombres que quedan son los que encarnan en sí una idea que combate o una aspiración destinada al triunfo… No importa que hayan defendido sus doctrinas con exceso: así han de defenderse las ideas justas, para que al retraerse, como todo se retrae en la marea del universo, no quede la idea demasiado atrás… La pasión es una nobleza. Los apasionados son los primogénitos del mundo.»

Su figura no se dobla bajo el peso de los años. Crece y crecerá comparada con la chatura de tantos espantosos ignorantes, o de unos pocos hijos extraviados, o de calumniosas campañas, o de engañosas cortesías imperiales.

Hoy no celebramos la fiesta de un hombre que atribuye al azar el haber vivido tanto. Celebramos el cumpleaños de una figura histórica que las generaciones más jóvenes no conocen más allá de referencias familiares o escolares.

Celebramos su tiempo. El de un linaje que parece extinto, o distante. La de quienes se sacrifican, arriesgan, piensan, creen, laboran, velan de verdad. El de una estirpe que no podrá ser trasplantada, ni clonada, sino educada dentro de la prosperidad y el valor de los ideales, sin oscuros egoísmos, sin el ojo puesto en la conveniencia, ni en el del lado muelle donde se vive mejor.

Se requieren palabras, argumentos, demostraciones, como las que él ha dado siempre, a contrapelo del sol, la lluvia, la tormenta, el dolor, las amenazas, los escoltas, los visitantes, los periodistas, la prisa de los demás que escuchan.      

Por eso reitero que hoy no celebramos la fiesta de un hombre. Ni escribo las consabidas felicidades con que terminarán muchos colegas escritos parecidos.

Festejamos la fiesta de una idea.

¡Gracias, Fidel!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vanguardia, raíz y vida

Vanguardia, raíz y vida



6:52:12 a.m.

Nació cuando yo tenía 10 años, y a los 24 míos, lo conocí de cerca,
me enamoré de él, y aún lo amo ¡para toda la vida!

Empecé como su secretaria, sin conocer mucho de sus orígenes. Pero me lo fui aprendiendo, de adentro hacia afuera, de día y de noche, de madrugada. En él he pasado los mejores y peores momentos de mi vida: de la juventud a la adultez plena.

Con el tiempo ha cambiado su rostro muchas veces, pero en esencia, sigue siendo él mismo. Yo, igual.

Vanguardia cumple hoy 54 años. Agosto 9 mantiene el fuego. Hay gente nueva, ¡muy nueva!, y viejos que ya se fueron, pero legaron. Y otros que a destiempo, nos dejaron, y recordamos. No escribo nombres...

Hoy somos todos su raíz y vida.

Felicidades.

Las aspiraciones de Hillary sobre Cuba

Las aspiraciones de Hillary sobre Cuba


6:25:12 a.m.

Ya Hilary pronuncio su discurso de aceptación. La prensa, se encargó de transmitir sus puntos de vista sobre el evento. Una noticia dada a medias, o donde faltan elementos, carece de objetividad y da la impresión de que se quiere crear un criterio sobre bases poco serias y profesionales.

Transmitir sus puntos de vista sobre el evento, porque en momento alguno se habló de los abucheos a los oradores de la cúpula del partido demócrata, los delegados de Sanders protestando por las trampas que había realizado el equipo de Hillary para escamotearle la victoria al que proponía toda una serie de medidas de beneficio para los más desposeídos, la represión policial contra los que protestaban por la nominación, el arresto a una periodista de TeleSur por estar filmando las protestas, el escándalo de los e-mail y sus consecuencias para la llamada Seguridad Nacional de Estados Unidos, las opiniones de toda una serie de representantes de grupos de izquierda estadounidense que consideran a Hillary un representante de la clase dominante y su más fiel aliado.

Muchas de las noticias que se difundieron por los medios terminaban resaltando lo dañino y peligroso que pudiera resultar Trump, copiando el objetivo de los demócratas de desviar la atención de los problemas de Hillary hablando de los de Trump. Muchos cayeron en la trampa.

En ese momento la noticia era difundir lo que sucedía en la Convención Demócrata, no las campañas contra Trump.

Cómo formando parte del espectáculo figura la aprobación de la Plataforma Política. Conocida el 21 de julio.) La plataforma, la cual pudiera considerarse la guía programática por la que el partido y en especial el presidente, si es electo, llevará a cabo su labor. La misma incluye distintos aspectos, tanto relacionados con la situación interna de Estados Unidos, como de su política exterior.

Cómo es de esperar, dentro de la plataforma se dedica un espacio a lo que será la política de Hillary en relación con Cuba, claro está, si sale presidente. La plataforma establece:

“En Cuba, continuaremos lo iniciado por Obama con su histórica apertura y terminaremos las restricciones de viaje y el embargo (bloqueo). También estaremos al lado del pueblo cubano apoyando su habilidad para decidir su propio futuro y disfrutar de los mismos derechos humanos y libertades de las que disfrutan las personas en cualquier lugar.En Venezuela forzaremos al gobierno a respetar los derechos humanos y responder al criterio de su gente.” (Agregué lo de Venezuela por estar en el mismo párrafo de la plataforma, lo cual considero esta hecho a propósito)*.

Entonces, de acuerdo con la plataforma, si Hillary es elegida, continuarán las acciones de subversión política contra la Revolución, mantendrán el financiamiento y dirección de los grupúsculos, seguiremos existiendo Radio y Televisión Martí, continuarán tratando de dar más poder económico a lo que ellos consideran la Sociedad Civil y el sector privado. Seguirán acusándo a Cuba de violar los derechos humanos y de que enla isla no existen libertades como las que existen en cualquier lugar del mundo (sobre todo si son países serviles a Estados Unidos).

Dicen que terminarán con las restricciones de viajes a Cuba y con el bloqueo. El mismo canto de sirena que nos ofreció Obama cuando se inició el proceso de restablecimiento de relaciones y que no se ha materializado, seguimos con el bloqueo y con las restricciones de viaje.

De devolución del territorio ocupado por la Base Naval estadounidense en la Bahía de Guantánamo ni hablan, parece que eso estará en el plan de los próximos aspirantes.

En fin, no se ve respecto a Cuba nada nuevo en la Plataforma. Más de lo mismo, y continuar con los planes de Obama de destruir la Revolución Cubana, utilizando otros métodos, después de reconocer que los que utilizaron distintas administraciones, demócratas y republicanas, durante cincuenta años, habían fracasado.

La forma en que debe enfocarse lo que está sucediendo en Estados Unidos en relación con las elecciones, debe ser de lmanera más objetiva y amplia posible, sin tratar de crear una opinión desfavorable hacia alguno de los candidatos, sobre los que politólogos estadounidenses han dicho resultan los perores candidatos que han aspirado a la presidencia desde que se fundaron los Estados Unidos.

La opinión que tratemos de crear en Cuba no beneficiará a cualquiera de los aspirantes, los cubanos no votamos en estas elecciones. Serán los estadounidenses, utilizando un sistema electoral caótico, cuyos resultados están muy lejos de reflejar la verdadera voluntad del pueblo y menos sus intereses, a los que se les presentará un resultado, siempre el que más convenga a las grande corporaciones y al 1 por ciento que acumula la mayor riqueza del país.

En ocasiones algunos compañeros hablan de estas elecciones, como si fueran verdaderamente libres, limpias, sin fraudes y escándalos que se ponen de manifiesto desde las primarias. Como si aquel fuera un sistema electoral que verdaderamente pudiera calificarse como propio de una democracia representativa.

El análisis político debe primar sobre el criterio personal, o el apuro al copiar un cable de una agencia estadounidense, para nosotros sacar una noticia.

*In Cuba, we will build on President Obama’s historic opening and end the travel ban and embargo. We will also stand by the Cuban people and support their ability to decide their own future and to enjoy the same human rights and freedoms that people everywhere deserve. In Venezuela, we will push the government to respect human rights and respond to the will of its people.

(Fuente: Rebelión/alainet/Néstor García Iturbe,editor del boletín electrónico El Heraldo )




Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/179148

EE.UU:Hubo una precandidata presidencial demócrata y era negra

EE.UU:Hubo una precandidata presidencial demócrata y era negra

 

05:47:16 a.m.                  

Mucho antes de que Barack Obama o Hillary Clinton aparecieran en la escena política de Estados Unidos, Shirley Chisholm ya había roto barreras de raza y género: fue la primera mujer negra en lanzar una candidatura presidencial por uno de los principales partidos en Estados Unidos.

Pero, ¿por qué entonces no se sabe más de este personaje que se adelantó a su época?

Hace 40 años, Shirley Chisholm hizo historia cuando anunció que lanzaba su candidatura para la Casa Blanca. Su intento de llegar a la presidencia no duró mucho, pero el simbolismo de su acto fue tan potente en aquel momento como lo sigue siendo ahora.

Fue una pionera de su generación, una mujer que fue primera en muchos aspectos: la primera afroestadounidense representante al Congreso, la primera afreoestadounidense en lanzarse a la presidencia y la primera mujer en buscar la nominación presidencial del Partido Demócrata.

Las barreras que rompió Hillary Clinton para ser la primera mujer a las puertas de la presidencia de E.

"Ella allanó el camino para que yo pudiera pisar el Capitolio", dijo recientemente Kimaya Davis, de 22 años, que es asistente de un comité del Congreso.

Davis es negra y logró su puesto después de ser pasante para la Delegación de Congresistas Negros, una agrupación fundada por Shirley Chisholm que representa a los miembros afroestadounidenses del Congreso.

"Es por ella que pude conseguir esa pasantía que ayuda a jóvenes estudiantes negros. Muchos como yo no tenemos contactos familiares ni somos privilegiados".

Para aquellos que la conocen, Shirley Chisholm es más que un ejemplo; es un ícono y una vanguardista que merece más crédito y atención de lo que ha recibido en la historia.

A pesar de sus numerosos logros, Chisholm no es un nombre reconocido en EE.UU.

"Fue bien conocida a fines de los 60 y los 70, pero si no eres de esa época es fácil que te olviden", expresó Ky Ekinci, un empresariode Palm Coast, Florida.

Hace unos meses, Ekinci organizó el primer Día de Shirley Chisholm. Unas 50 personas en la región se reunieron para celebrar su vida.

La meta era congregar el mayor número de jóvenes en la zona de Palm Coast, donde Chisholm se retiró y vivió sus últimos años, para aprender más sobre ella.

Él creó en Twitter la etiqueta #IKnowNow (ahora sé), para difundir más información sobre Chisholm.

Nacida en 1924, en Brooklyn, Nueva York, Shirley Chisholm pasó parte de su infancia con su abuela en Barbados y luego regresó con sus padres en Nueva York para concluir sus estudios.

Después de licenciarse como maestra, trabajó en el ámbito del bienestar infantil, donde desarrolló un fuerte interés por la política.

Fue integrante de la Asamblea Estatal de Nueva York y en 1968 hizo historia al convertirse en la primera mujer negra en ser elegida a la Cámara de Representantes de EE.UU.

Chisholm en sus propias palabras

"Si no te dan un puesto en la mesa, trae tu propio asiento".

"Una tremenda cantidad de talento se desperdicia en nuestra sociedad sólo porque ese talento viste una falda".

Al fin de cuentas, antinegro, antifemenino y todas las formas de discriminación equivalen a lo mismo: antihumanismo"
 
"El estereotipo emocional, sexual y psicológico de las mujeres empieza cuando el médico dice: '¡Es niña!'".

"¿Por Dios, ¿qué es lo que queremos? ¿Qué es lo que cualquier ser humano quiere? ¿Retiremos la pigmentación accidental de una delgada capa de piel exterior y no hay diferencia entre cualquier otra persona y yo".

"Al fin de cuentas, antinegro, antifemenino y todas las formas de discriminación equivalen a lo mismo: antihumanismo".

"No tengo intención de quedarme callada observando. Propongo expresarme inmediatamente para concentrarme en los problemas de la nación", dijo Chisholm de su nuevo cargo.

Su victoria electoral, en el marco de la lucha por los derechos civiles de la época, fue un gran hito no exento de desafíos.

"¿Te puedes imaginar ser una mujer y negra en el Congreso en ese entonces?, planteó la congresista Barbara Lee, que representa el 13 Distrito de California y es una de 35 mujeres afroestadounidenses que han servido como legisladoras hasta la fecha.

Como la primera mujer negra y la segunda mujer que integró el influyente Comité de Reglas de la Cámara Baja, ella rompió muchos techos de cristal, indicó Lee.

"Algunos hombres en el Congreso no la respetaban, ella simplemente sobresalía pero no la entendían. Pero no se doblegaba. Ella no estaba allí para congraciarse; estaba allí para cambiar las cosas".

Eso lo demostró Chisholm con el tipo de legislación que promovió como congresista, luchando en favor de los menos privilegiados y los grupos minoritarios.

Impulsó un proyecto de ley para asegurar que las empleadas domésticas recibieran prestaciones sociales y abogó por mejor acceso a la educación y por los derechos de los inmigrantes.

Promovió además una norma para ampliar el cuidado de los niños de mujeres trabajadoras, apoyó la legislación para el almuerzo escolar y ayudó a establecer una comisión nacional para la protección del consumidor y la seguridad de los productos.

Chisholm también trabajó incansablemente para expandir el programa gubernamental de estampillas de asistencia alimentaria para que estuvieran disponibles en todos los estados.

Y fue instrumental en establecer un plan adicional, el Programa Especial de Suplemento Nutricional para Mujeres, Infantes y Niños, que proveía apoyo para mujeres embarazadas.

En la política, Chisholm encontró que su género presentaba un obstáculo particular. "Me topé con más discriminación como mujer que como persona negra. Los hombres son hombres", dijo una vez.

"Tenía agallas y les dio confianza a otros para que creyeran que ellos también podían llegar a ser alguien, que somos iguales, que tu género no significa que no puedas llegar al puesto más alto en el gobierno", manifestó su ahijada Marya Boseley.

Ese deseo de romper barreras es lo que motivó a Chisholm a lanzarse a la presidencia en 1972, en busca de la nominación demócrata apenas tres años después de convertirse en representante a la Cámara Baja.

"Me lancé porque la mayoría de la gente pensaba que el país no estaba listo para un candidato negro, ni preparado para una mujer candidata. Algún día. 1972 fue el momento en que ese algún día llegara", como expresó en una entrevista de la época.

Chisholm, cuyo eslogan era "Ni vendida ni mangoneada", reconoció que nunca esperó ganar pero sí que su candidatura hubiese "cambiado el rostro y el futuro de la política estadounidense".

"Me presento ante ustedes hoy para repudiar la ridícula noción que el pueblo estadounidenses no votará por candidatos calificados, simplemente porque no es blanco o porque no es hombre", declaró a sus adeptos al lanzar su campaña.

"No creo que, en 1972, la gran mayoría de estadounidenses continúa albergando tan estrecho y mezquino prejuicio".

La representante Lee conoció a Shirley Chisholm por primera vez durante su campaña presidencial y terminó trabajando de voluntaria para ella. "Nos hablaba en español", recuerda.

"Cuando le dije que quería trabajar para ella me retó y me hizo registrarme para votar primero. Me dijo que si yo quería cambiar las cosas, debería meterme en la política".

No fue una campaña fácil. Shirley Chisholm sobrevivió varios intentos de asesinato y tuvo que entablar una demanda para asegurar que la incluyeran en los debates televisados.

Alcanzó a llegar hasta la convención demócrata, donde perdió la nominación frente a George McGovern, pero dejó una duradera impresión.

Cumplió siete periodos en el Congreso y se retiró en 1982, tras lo que regresó a la enseñanza.

Murió en 2005 a los 80 años.  

A pesar de sus múltiples logros, aquellos que estuvieron cerca de ella dicen que nunca obtuvo el lugar en la historia que se merece.

"La gente ignora la historia", alegó Bosely, que tiene 47 años. "Cuando yo estaba creciendo, la historia negra era prevalente en las escuelas y ahora no lo es".

La congresista Lee concuerda en que la educación de su legado es insuficiente, "especialmente cuando todavía estamos lidiando con tantos asuntos relacionados a la inclusión de afroestadounidenses en la sociedad".

Lee cabildeó con éxito para que un cuadro de Shirley Chisholm se colocara en el Congreso y que se emitiera una estampilla en su honor.

La luz de Haydée Santamaría «hacía que todo se viera»

La luz de Haydée Santamaría «hacía que todo se viera»


4:39:54 p.m.

Por Mercedes Rodríguez García

Pasaron ya los aniversarios del Asalto al Moncada, del asesinato de Abel, de la muerte Haydée. Sus hijos, Celia María y Abel Enrique Hart Santamaría, perdieron la vida en un accidente del tránsito ocurrido en La Habana, el 7 de septiembre de 2008. De la primera, dedicado a su hermano, existe un libro sobre su madre, de quien también habla en esta entrevista, que hoy reedito por su plena y trascendente vigencia.

Coincidí con Celia María Hart Santamaría en dos ocasiones, siempre durante actividades de esas que llaman oficiales o protocolares y en las cuales la alta jerarquía de los visitantes marca pautas y circunvala el acceso. En ninguna me fue posible conversar tranquilamente con la hija de la Heroína del Moncada.

La tercera, en Encrucijada, no la dejaría escapar, así que apenas se me presentó la ocasión la abordé preguntándole si se acordaba de mí. «Bueno, si... ¿la periodista de Villa Clara, no?» Y aproveché el desconcierto atacando antes de que reaccionara: «Quiero conversar contigo, puede ser durante la visita al museo, antes o después del acto, durante el recorrido... ¿Sí o sí?», le propuse. «Bueno, cáeme atrás, no conozco el programa pero debe haber un chance, me imagino.»

La sigo, la observo, grabo absolutamente todo lo que conversa, anoto precisiones en mi agenda, le pregunto; a veces me responde y otras, francamente, me ignora, pues alterna constantemente con el escritor y poeta Roberto Fernández Retamar, quien luego de la muerte de Haydée (26/julio/1980), asumiera la dirección de Casa de las Américas.

En un momento me refiere sentirse agotada por el calor y el viaje, y que «prefiere escribir a hablar (...) estos homenajes no me agradan, asisto por puro compromiso (...) pero no te preocupes, vendré de nuevo a finales de diciembre, para el cumpleaños de mamá. Y así fue. El 23 nos reencontramos». El intercambio no resultó tan atropellado.

Hoy, gracias a la coyuntura histórica y a mi costumbre de guardar documentos, manuscritos y transcripciones, reedito aspectos de una primera entrevista —publicada en la edición escrita del periódico Vanguardia  (28 de diciembre de 2002)—, a la que añado preguntas y respuestas del último encuentro, y otras que entonces quedaron excluidas por razones de espacio y pruritos editoriales.

—¿Cómo era tu mamá contigo, cuando eras una niña?

—Tenía la capacidad de ser muy cariñosa y muy exigente, una mezcla que nos resultó muy difícil de enfrentar a mi hermano y a mí. A veces no necesitaba palabras.

A una segunda pregunta sobre la muerte de su madre —formulada con el mayor tacto posible— solo me respondió que lamentaba no estuviera «enterrada aquí, debajo de una palma, en medio del batey del central, donde ella quería.  De modo que rápidamente le solté una de esas insinuaciones  ingenuas con las que el periodista pretende ganar tiempo, si no es que lo dejan plantado…

—Háblame de tu tío Abel.

—No, primero mi madre. Era muy preocupada, sobre todo porque yo fuera una persona útil y honesta. Nos sacaba la punta a los lápices, nos forraba las libretas, con la misma devoción y energía con que nos exigía el máximo de puntuaciones. El cariño hacia mi tío Abel me llegó a través de ella, más por el sentimiento que por las descripciones o narraciones que pudiera haberme hecho de ese que fue su hermano más chiquito y mimado, y en el que no dejó de pensar ni un solo instante.

—Existe una carta a tus abuelos Benigno y Joaquina, a quienes Haydée trata de conformarlos llamándoles «padres privilegiados»...

—Sí, es bastante conocida. Pienso que escribió eso para sacarles del dolor una sonrisa. También les dice que al morir Abel tendrán un hijo que no se convertirá en un viejo feo y arrugado, sino que continuará con su cara linda y tierna. ¡Mentirillas piadosas para autoconsolarse!. Mamá me contó que cuando estaba en el Movimiento con Abel, antes de conocer a Fidel, mi tío era lo máximo. Pero un día llegó Fidel al apartamento, y cuando él se va ella le replica en tono inquisitivo: «Abel, ¿tú estás claro que el jefe es él?».

—¿Alguien de la familia se te parece a Abel?

—Mi mamá decía que mi hermano. A mí no, porque mi tío tenía los ojos muy claros, y era sí, bien parecido y portado, muy elegante. Pero lo importante no es el físico. No me canso de decir que Abel transpiró en mi hermano y en mí ese sentimiento que siempre la inundó y que la dejó marcada de manera imborrable.

—¿Crees que nunca superó su ausencia, la de Boris Luis, que era su novio en aquellos tiempos de clandestinaje?

—Mira, se equivocan de cabo a rabo aquellos que especulan diciendo que mamá no soportó el Moncada y que no pudo sobrevivir a los ojos de Abel sumergidos dentro de una palangana y todas esas cuestiones. Después de eso mamá fue mucho más. Del Moncada sacó fuerza y nunca debilidad. El Moncada, Boris y Abel fueron apenas un buen comienzo para ella. Si decidió quitarse la vida, no fue por cobardía. No nos queda otra alternativa que respetar a todas las personas que deciden mejor estar muertas que vivas. El viejo cliché de que los revolucionarios no se quitan la vida, y eso lo decía ella también, es tan infantil que bastan algunos nombres para echarlo por tierra.

—Por ejemplo, Hemingway, Violeta Parra, Alfonsina Storni ...

—Así mismo, y los Lafargue. ¿Acaso las campanas que hizo doblar Hemingway en su novela no hicieron resonar la de todas las iglesias del mundo con el grito de su última bala? ¿Quien diría que Violeta no le daba «Gracias a la Vida» con honestidad para cruzar a la muerte sin temor y segura de sí misma, al dejarnos en su voz el candor de todo un continente...

¿Y qué es lo que más recuerdas de tu madre?

—Su criterio agudo e inteligente, su fuego. Era muy obsesiva, por ejemplo, con las cosas de la escuela. Nos repasaba cualquier materia por tal de que saliéramos bien. Nada la detenía. Así que la recuerdo con la misma fuerza que tuvo su muerte.

—Defíneme los rasgos más sobresalientes de su personalidad.

—Yo diría que era una mujer liberal, no le importaba mucho los que otros pensaran, defendió a los marginados, a los excluidos por una u otra razón; siempre trató de acercarse al lado humano. Le llamaba al pan, pan; y al vino, vino, y eso a algunos le caía mal. Era generosa, sensible pero firme de carácter, honesta, apasionada, valiente. Y al contrario de lo que muchos piensan acerca del suicidio, creo que ese fue su último gesto de valentía.

—¿Qué era para Haydée  la Revolución?

—A mi madre la Revolución le entró por la puertecita del apartamento de 25 y O. Fue la razón de toda su existencia. Amó como nadie la Revolución, porque mi madre era una eterna enamorada. Siempre confió en Fidel y muchas veces me dijo que Fidel debería vivir por muchos años.

—¿Y El Che?

—Te cuento que cada 8 de octubre mi hermano y yo no podíamos salir a ninguna parte porque nos ponía a transcribir las cartas del Che a sus hijos. Ellos fueron verdaderos camaradas, colegas en ese estrecho cubículo de los iluminados. Al igual que con Celia, sufrió mucho su muerte, y cuando me hablaba de él me daba la sensación de que sufría mucho más que al hablar de mi tío Abel. La recuerdo una vez, cuando yo era muy chica, en medio de un ataque de lágrimas, decirme: «Fue un machista imperdonable. Me juró que me llevaría a América a hacer la revolución, y acá me ha dejado». Y era cierto que se lo había prometido.

—Háblame un poco de ti, de tus años escolares, de tus amores no materiales...  

—Me parezco a muchos y no me parezco a nadie. Como mi madre, odio el formalismo más allá del límite. Desprecio la burocracia, el oportunismo, la mediocridad, el capitalismo; soy una eterna enamorada de Martí, de Fidel, de la bandera rojinegra del 26 de Julio, de las letras frescas del Gabo, de los iluminados porque no miden la vida con los patrones comunes, su métrica es la de las estrellas.

—¿Por qué no escribes sobre la vida de ustedes y la relación con tu madre y el mundo que la rodeó?

—Lo he pensado, si coincidimos nuevamente, te contaré. Creo que llevo una periodista adentro. Disfruto escribir y decir lo que siento, sin las fabulaciones de mamá que hasta cambió el día de su cumpleaños del 30 para el 31 de diciembre... ¡Los disfrutaba tanto!  Participaban Carpentier, Benedetti, Mariano, Retamar... La casa era como un puerto abierto a todas las naves, como sus bordados. ¡Qué lindo bordaba mi mamá! ¿Por qué esas dotes no se heredan? Mi madre era especial, debe haber tenido, como tío Abel, una luz…

—¿Una luz?

—Sí, una luz por dentro. Una luz que hacía que todo se viera, una luz que nunca se ha apagado.

La «cosa» de ser padre

La «cosa» de ser padre

9:35:31 p.m.

Por Mercedes Rodríguez García

De niño jamás pasó susto como el de hace unos días, cuando le avisaron que no perdiera tiempo, que «de una hora no pasaba la cosa», y salió en bicicleta a retar la madrugada.

De más joven sí que tuvo sobresaltos, aunque ninguno como el de la primera vez. Sí, la primera vez, que fue la de muchas cosas que luego —algunas—se volvieron cotidianas y, otras —las menos—, extraordinarias.

Ya se lo habían advertido, que por muchos días que le regalara la vida, ninguno, ¡pero ninguno!, lo recordaría como este, al comprobar cuán poco valía todo lo que hasta ahora había considerado importante, comparado con aquello, «¡la cosa más linda que puede ocurrirle a un ser humano!».

Nunca lo imaginó. Los meses pasaron volando: entre la tesis de grado y otras «actividades colaterales», al decir de su mejor amigo, quien hacía poco « pasó por la misma cosa»; sin haber «madurado lo suficiente», en honor a la expresión del viejo cada vez que, tirándole por los pies, lo tumbaba de la cama para que lo ayudara a cargar unos cubos de agua; y los reclamos de la entonces novia que, extenuada, le miraba con enojo jugando en la PC.

En realidad la decisión fue de los dos, aunque mucho tuvo que ver la suegra, que les puso el matrimonio por delante. Sin criticarlos y mucho menos recriminarlos, cuestionó abiertamente la «tendencia moderna del instinto y las pasiones»,  porque de acuerdo con su pensamiento «no ayudan al dominio necesario para que sobre ellas ejerzan la razón y la voluntad».

Bueno, si, se casaron. Y pasó el tiempo y pasó... No tienen casa, pero en el cuarto que les cedió la abuela hay espacio para un mueble más. ¡Y qué lindo se ve este!  Recién colocado, barnizado, con manos propias, con la pintura del primer salario. ¡Quién lo iba a decir!

Lo sabe. El abuelo estaba en lo cierto. En lo adelante las cosas serán muy distintas. Además de vivienda, alimentación, educación, salud y vestimenta tendrá que disponer de cosas tan importantes como el amor, amistad, tiempo y protección.

Porque esa, «¡la cosa más linda que puede ocurrirle a un ser humano!», lo va a querer mucho, mucho, mucho. Y lo comprobará: cada vez  que proclame tener el papá más bueno y valiente, el más inteligente, el más fuerte, el más lindo…

Porque esa cosita que tiene en los brazos, mira con admiración y asombro, besa en la frente, acaricia dormida, le hará sentir el mejor hombre del mundo, donde quiera que esté, dónde quiera que vaya, con los años que tenga y las ausencias que invente.

Sí, vale el susto, que es susto de la primera vez.

Ser padre es de las muchas cosas cotidianas, y de las poquísimas extraordinarias que pudieron sucederle, pero por voluntad y razón.