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jueves, 15 de octubre de 2020
8:24:43 am

En ocasión del centenario del nacimiento de Alicia Alonso y un año después de su deceso, sehan impreso en España sus memorias conocidas desde 1986 como Diálogos con la danza. (Ediciones Cumbres, Madrid, 2020. 647 págs. ISBN: 978-84-947063-6-3) 

Ésta es la octava publicación global y la primera en el sello madrileño: la más completa de cuantas han aparecido y la que no deja fuera ningún texto fundamental sobre el ballet y su trayectoria como bailarina y coreógrafa. 

El compendio ha ido perfilándose con cambios y adiciones tanto de los textos como del formato y del material gráfico que los acompaña. Un material rico y variado que presenta un amplio número de fotografías en distintas actividades en unas sesenta páginas ubicadas en blanco y negro al final del volumen que la muestran en su infancia, bailando, recibiendo distinciones de manos de ilustres mandatarios o en compañía de notables personajes que son parte de la historia del arte y del canto, muchos de ellos españoles. 

 

La edición sigue el libro de estilo habitual de la colección dirigida por Mayda Bustamante. Es decir, con presentación rústica, con una textura granulada en la cubierta y contracubierta y letra espaciosa; además incluye un índice onomástico, siempre útil y provechoso para facilitar las consultas. No obstante se echa de menos un listado cronológico que sintetice los momentos fundamentales de su vida y trayectoria; así como un índice de los todos los materiales ordenados por fecha, que deberían incluirse en una futura reimpresión.

Esta monografía se divide en tres grandes bloques (Recuerdos y reflexiones; Textos mínimos y Diálogos con la prensa) que compilan 77 textos de distinta naturaleza aparecidos en diferentes publicaciones, de varios países, entre 1947 y 2015. Estos pivotan sobre un abanico de recuerdos, observaciones técnicas y conceptos específicos configurando una fuente documental nutrida a partir de entrevistas, programas de mano, artículos y algún discurso como los encomendados por la Unesco para la celebración del Día Internacional de la Danza los años 1998 y 2000.

  

Muchos son de calidad; otros, de interés relativo como sucede en alguna entrevista «pastelona» y excesivamente adulatoria. Algo inevitable en figuras de esta relevancia, consideradas mitos ya en vida. Al margen de las vivencias biográficas y personales, domina una actitud convincente y convencida desde la que Alonso se muestra firme defendiendo el valor de la cultura como baluarte para el artista, el conocimiento de la tradición, el compromiso ético y estético con el ballet desde tres perspectivas: como expresión nacional de los pueblos en su idiosincrasia; como manifestación de carácter universal por la potencialidad física y expresiva del cuerpo humano; y como una manifestación artística íntimamente ligada al sujeto y el destino, ligado a los signos del tiempo.

  

Con ello, la protagonista puso en relieve la dimensión antropológica y social de la identidad del individuo y de los colectivos, con la que también denuncia actitudes discriminatorias por prejuicios raciales y culturales ante las que no se plegó. Otras cuestiones recurrentes en sus locuciones atañen a la diferencia entre escuela y estilo; a la vez que entre el elemento primitivo y originario de la danza frente a la búsqueda de la perfección en la compostura y movimiento del cuerpo humano.

Entre las curiosidades destacan ideas que conciernen a la importancia del pueblo vasco en la historia de la danza durante la Modernidad; el escueto comentario sobre la coreografía de Alberto Méndez dedicada a Maria Callas; y al compositor americano Louis Moreau Gottschalk. Una figura, por cierto, ausente en la mayoría de libros sobre historia de la música y del siglo XIX en particular. Por su parte, más pintoresco resulta el relato de un almuerzo con Fidel Castro en 1959, al que, como en otros momentos, muestra su apoyo a la Revolución mostrando públicamente su gratitud.

 

En conjunto, esta matriz documental acopia los pensamientos que la bailarina y coreógrafa, inmersa en la práctica de su arte, postula sobre él con sinceridad e intensidad, incluso cuando define su relación con los partenaires, maestros y directores tanto a nivel personal, artístico y laboral.

En las más de seiscientas páginas se sintetiza lo indispensable sobre la figura que contribuyó de manera decisiva a situar la danza en Cuba como un referente en el panorama mundial, gracias a la fundación del Ballet Nacional de Cuba en 1948, inicialmente llamado Ballet Alicia Alonso.

Su lenguaje es claro, penetrante y capta al lector por la seguridad con que expone sus ideas, en un tono natural y reflejo de su actitud vital basada en la fuerza del amor, el coraje y la voluntad. Una voluntad diamantina que tomaba la energía del músculo y la ponía al servició del espíritu, tal y como definió el periodista, escritor y abogado Francisco Ichaso en una entrevista transversal y amplia de 1950. Lo que, a su vez, reafirma la concepción de Alicia Alonso cuando afirmaba que para ella bailar era vivir y rechazaba una existencia estática, puesto que la vida es movilidad y cambio.

Otras dos excelentes entrevistas son las realizadas por los periodistas Luis Baez y Rosa Elvira Peláez, en 1981 y 1982 respectivamente, que recogen hábilmente una síntesis de la vida, trayectoria y credo artístico de la que fue la última diva del ballet clásico; una de las más grandes del siglo XX y de la historia de esta disciplina. 

(Fuente: cubadebte/Granma/codalario.com/Albert Ferrer Flamarich)