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lunes, 28 de septiembre de 2020
8:42:07 pm

Por Mercedes Rodríguez García

Llegaron antes del socialismo. Los creó Fidel Castro en La Habana, una noche calurosa del noveno mes del segundo año de Revolución.

Las luces de los reflectores en la azotea y balcón de la gran terraza norte del Palacio Presidencial debieron resultarles espléndidos soles a la multitud que, debajo congregada, se extendía como marea humana, fijos los millones de ojos en la figura del joven líder rebelde que regresaba a Cuba diez días después de haber participado en el XV período de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas.

El pueblo se reúne con delirante entusiasmo para tributarle un caluroso recibimiento.

No. No es Fidel hombre de improvisaciones, no. No venía decidido a fundar los CDR, sino a alertar, a orientar, a contar sobre lo vivido
en los Estados Unidos, entre otras cosas; la campaña de mentiras que contra Cuba libraban allá todas las revistas, periódicos, estaciones de radio, de televisión y medios publicitarios.

Pero estallan dos petardos en los jardines de la mansión ejecutiva. En el primero hubo un alto, más tarde explota otro.

La contrarrevolución quiere sembrar el miedo. No hay sustos. Nadie se mueve de su lugar. Más enardecida todavía, la heterogénea
muchedumbre canta el Himno Nacional, grita consignas y da vivas a Cuba y a la Revolución.

La escena cobra matices épicos. Las circunstancias definen el nacimiento del nuevo hijo:

«Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva, vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva, porque en definitiva nosotros vivimos en toda la ciudad. No hay un edificio de apartamentos de la ciudad, ni hay cuadra, ni hay manzana ni hay barrio que no esté ampliamente representado aquí.

Vamos a implementar frente a las campañas y agresiones del imperialismo un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria […] Están jugando con el pueblo y no saben todavía quién es el pueblo. Están jugando con el pueblo y no saben todavía la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo…».

En aquella convulsa nación nacieron los CDR, esa gran familia que hoy suma más de ocho millones de miembros.

Así fue. Con letra y música de Eduardo Ramos, Sara González perpetuó el fidelísimo parto en su portentosa voz:

Desde que el sol rompió su molde / y el enemigo su consuelo / ya desde entonces la respuesta fue: / en cada cuadra un Comité / en cada barrio Revolución / cuadra por barrio, barrio por pueblo /país en lucha: Revolución… /

Transcurridas seis décadas desde aquel histórico 28 de septiembre de 1960, los Comités de Defensa de la Revolución continúan siendo el enlace más efectivo entre las masas y las instituciones de poder revolucionario; ahora, con la mirada apuntando al desarrollo de formas nuevas, eficientes, de democracia y enfoque comunitario; requeridos de otros —tal vez— mayores heroísmos e inteligencia, precisados de una moral más alta, y siempre listos a preservar la patria, la Revolución y las conquistas del socialismo.

Invariablemente y en esencia, trovadoramente hablando: Desde la sierra a la ciudad, tanto en el monte como en el mar, cuadra por barrio, barrio por pueblo, a la vanguardia va el Comité…

¡Savia del pueblo, génesis fecunda!