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miércoles, 06 de febrero de 2019
2:32:15 p.m.
 

Estados Unidos acaba de concretar el paso más significativo y tal vez más peligroso de cuantos ha emprendido en su irresponsable camino hacia el enfrentamiento y la guerra desde que Donald Trump se hizo cargo de la Casa Blanca de Washington. Lo peor del caso es que amplios sectores de la sociedad estadounidense parecen no darse cuenta —o realmente no se dan cuenta— del rumbo escogido por la administración republicana. 

Es posible que la brutal influencia del complejo militar-industrial, los medios monopólicos de comunicación e incluso la tradicional oposición del Partido Demócrata, conforman solo otros componentes del mismo sistema y de la misma línea de pensamiento que —con algunas diferencias— los hagan llegar a las mismas conclusiones sobre el papel imperial y hegemónico de Estados Unidos.

La retirada por parte de Estados Unidos del llamado INF (Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio suscrito en 1987 con la entonces Unión Soviética) marca el fin de lo que fue un documento vital y un acuerdo esencial para el delicado equilibrio nuclear y para la paz entre las dos superpotencias militares actuales y, por tanto —por extensión— para la paz en Europa y en todo el mundo.


Como consecuencia de ello, ya Rusia anunció su retirada de dicho Tratado, que de este modo queda sin efecto. Aunque sigue vigente hasta 2021 el Tratado que limita a 1550 la posesión de armas nucleares firmado entre ambas, su prórroga se convierte en una incógnita, teniendo en cuenta si en 2020 tendrá lugar la reelección o no de Trump en la presidencia del Imperio Yanqui.

La reelección de la Administración actual hace suponer que permanecería la irracional y peligrosa política exterior de ese país encaminada a desconocer o alejarse del entendimiento internacional en cualquier terreno, como ya lo ha demostrado sucesivas veces en lo político, económico, comercial, medioambiental o cultural.

Ese falso nacionalismo o aislacionismo seguiría buscando, mediante el caos y el desconocimiento de cualquier tipo de entendimiento sus propósitos imperiales y hegemónicos más devastadores, acompañados del desprecio a las Naciones Unidas o a cualquier otro organismo mundial que trate de ajustar esos designios a las normas del derecho internacional.

El gobierno imperialista de Estados Unidos no esconde y más bien exalta y proclama sus propósitos de imponer donde sea “la ley del más fuerte”, sin importar nada que lo limite o detenga, tanto en lo multilateral que busca hacer trizas como en lo bilateral, donde busca imponerse por la fuerza, la amenaza de su uso o el abierto chantaje.

 (Fuente: habanaradio/Gustavo Robreño)