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viernes, 18 de mayo de 2018
6:58:01 a.m.

Por Mercedes Rodríguez García
Imagen: Martí 2004, óleo sobre lienzo, Juan Manuel Suárez Rodríguez*

Mi Martí no llega de pronto, se va descubriendo.

No es libro, ni capítulo de un día, ni tarea para una noche, ni imagen dibujada, ni foto recortada; mejor, historia habitual y renovada, no leída, no dictada, sino contada, con pasión de apasionados, pletórica de luces y de sombras para que adquiera volumen, tonos y matices.

Mi Martí no reside. Como en familia buena: habita, comparte, participa, disiente, aviene, acata, respeta.

No es adjetivo para cualificar, sino verbo de acción, que da color. No es porcelana de crisol, sino arcilla para modelar. No es fuego para quemar, sino lumbre para dorar. No es mar, que brama. Ni lago, que reposa. Ni río, que desborda.

Mi Martí es arroyuelo que fluye continuo, persistente. Y se le oye como arrullando. O murmurando al oído cuitas y dolores, pasiones y entusiasmos, poemas y canciones.

No establece, funda. No es cuartel, es campamento, refugio, alojamiento. No es soldado, es gladiador.

Mi Martí no se dice de boca, ni se le toca con dedo. Se remonta desde la garganta, quebrada que le grita al corazón para despertar el verso, desde donde sube el beso febril, violento, apasionado, pueril, furtivo, robado, suplicado. ¡Quién sabe!

No es efigie de hechura fabricada, ni estatua para plaza, ni busto en un colegio, ni cuadro en la oficina, ni óleo de salón.

Mi Martí no es estampa, ni medalla, ni sello, ni cita discursiva, ni oratoria de podio, ni palabra de templo, ni lema asentido, ni epigrama adecuado.

No es la casita de la calle Paula, ni el Memorial de La Habana, ni flores en Santa Ifigenia, ni el que nunca estuvo en Santa Clara. Ni el Colt Frontier Six Shooter de la Fragua Martiana, ni el gabán que se dice olvidó en su premura, tantas veces cambiado: del marrón al negro, del negro al carmelita, de Nueva York a Toledo, de Madrid a Nueva York.

En fin, metáfora y leyenda.

Mi Martí es Héroe y es Apóstol, sin forcejeos, sin imposiciones, ni recetas. Creíble e increíble. Hecho a mi antojo, imagen y semejanza, sin castidades ni ensueños, viril y tierno, sombra de mis actos, luz de mis saberes, puño de mi golpes, verbo de mi verbo. El que me mantuvo y retiene.

Martí, como él mismo, es misterio, es el alma y es intento.

*Juan Manuel Suárez Rodríguez (Pinar del Río, 1976) Cursó etudios en la Escuela Vocacional de Arte de su ciudad natal y en el Instituto Superior de Diseño Industgrial (ISDI) de La Habana. Posee una reconocida trayectoria como pintory sus obras han sido exhibidas en numerosas exposiciones personales y colectivas tanto nacionales como internacionales. Sus trabajos forman parte de colecciones privadas de Cuba, México, Costa Rica, estados Unidos, España, Italia y Alemania. Ha sido galardonado en varias ocaciones a nivel provincial y nacional.