20170622224020-a-palabras-del-papa-mundo-sordo.jpg

 

jueves, 22 de junio de 2017
4:19:36 p.m.
 

El papa Francisco, en la audiencia general de ayer, habló de los santos y del  matrimonio. Y sin margen para las dudas, afirmó: El verdadero amor entre los esposos da "el coraje de decir para siempre" y en todo caso no funciona pensar "mientras dure el amor" porque un matrimonio "o para siempre, o nada"… 

¡Difícil, difícil en estos tiempos en que las parejas se casan pensando en el divorcio, en la separación de bienes, en la herencia; cuando  la carne y lo material suplantan el goce espiritual, lo práctico se impone, y lo virtual sustituye lo real.

¿Matrimonio? Hay veces que por embullo, por vestir el traje blanco en aras de la imagen. ¿Casarse? Para qué, papeles son papeles… Bueno, un mundo de opiniones, de pareces, de argumentos a favor o en contra, incluso, gente a la que no les importa nada, gente indiferente, sin fe ni religión, ni ideología, ni patria, excéntricos, nihilistas, descreídos, desvergonzados, hijos del libre albedrío y la anarquía a ultranza, personas sin ley, ni dios, ni madre, ni padre, ni familia.

Entonces, ¡cómo extrañarse de que cuatro cardenales ultraconservadores (Carlo Caffarra, Walter Brandmuller, Raymond Burke y Joachim Meisner) replantean en una nueva carta —difundida en estos días en sitios de información vaticana— sus "dubia" relativas a la fe católica sobre la Amoris Laetitia (Exhortación apostólica del Santo Padre Francisco sobre el amor en la familia), y piden por ello audiencia al pontífice.

El Papa invita, entonces, a invocar el apoyo del cielo porque no es cierto que "es más fácil ser delincuentes que santos". Y no hay necesidad de "rezar todo el día" para ser santos, sino sobre todo hay que hacer bien su propio trabajo, en la plegaria pero también en el trabajo y el cuidado de la familia.

Mucha razón tiene Francisco. Pero es que en medio de las bombas terroríficas y demás sonidos apocalípticos de armas y misiles, el mundo va quedando sordo. Entonces hablarle de santos y de matrimonio, me parece, suena demasiado bajo.