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domingo, 14 de mayo de 2017
12:14:10
 

Por Mercedes Rodríguez García 

Grandeza de mujer puso en el trance, nos maduró en su vientre, gimió de dicha y a la luz nos trajo. No hubo nada más hermoso, ni regio en lo adelante.

Si no tenemos luz, ella la hace; si hay sombras, las disipa. Si no tenemos pan, inventa el trigo. Si falta el agua, junta sus manos y pide al cielo desate la tormenta. Si escasea el oxígeno, inhala el verde de las plantas y transforma la sabia en aire puro. Si las piedras y el lodo entorpecen el camino, ella se tiende y nos alcanza. Nada escatima…

No digo un beso, que es como si el mar se uniera con la tierra. No digo abrazo, infalible cobertor de miedos infantiles y adultas desazones.

Digo su fuerza, su valor, su ilimitada magia para atemperar heridas, dolores, malos pasos, ya el pelo frondoso y colorido, ya entero de plata relumbrado.

¿Qué hay amor en su cólera, y amor en sus regaños, y amor en sus reproches, y amor en sus reclamos? : Virtudes maternales. ¿Encono? Si acaso a quien nos odia, a quien nos daña, a quien injustamente la libertad nos roba, nos priva, o nos prohíbe; a quien nos daña, nos aborrece u oprime.

Ella sabe perdonar sin condiciones, y  por la felicidad del hijo sacrifica la propia, olvida cansancios y dolencias. No hay mayor beneficio ni corona más regia.

¿Qué regalo? Nada encuentro ni alcanza la calidad de su universo.

Mejor devolver sus desvelos, abrigar más razones para la alegría, disiparle ausencias, reciprocarle afectos.

Hoy, mañana, siempre, cualquier día.