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martes, 28 de febrero de 2017
7:27:32 a.m. 

Pasó antes en la Argentina de Cristina Fernández y su gobierno, que priorizó los beneficios sociales, salud, educación, empleo. Cuando todo parecía que tendría continuidad por su apoyo popular, en los últimos comicios, un aspirante neoliberal, con una larga hoja de ruta tras el dinero, obtuvo más votos y tomó las llaves de la Casa Rosada.

En Venezuela, también por ese voto enrarecido y quizás hasta incomprensible, y el aporte de los indecisos, el Parlamento abrió las puertas a lo peor de la derecha, que públicamente ha expresado que su interés mayor es derrocar al gobierno del presidente Nicolás Maduro y echar abajo todos los planes sociales iniciados por el Comandante Hugo Chávez.

En Brasil, una arremetida mediática unida a un golpe parlamentario, dio al traste con el gobierno de Dilma Rousseff, e instaló en el poder a personajes corruptos que van llevando a la gran nación sudamericana por un callejón sin salida hacia el abismo.

No hay dudas que ahora toca el turno a Ecuador y hacia la nación andina el imperio y sus aliados de la oligarquía y los grandes medios de prensa locales, no dan tregua en su campaña para derrotar al aspirante Lenín Moreno, de Alianza País, y con él revertir lo logrado por esa Revolución Ciudadana encabezada por Rafael Correa, que ha dignificado la vida de millones de ecuatorianos abandonados por los gobiernos corruptos de períodos anteriores.

En ese contexto, una desprestigiada OEA, con su secretario general al servicio de lo que diga Washington, ha apoyado el golpe brasileño, las medidas neoliberales argentinas y se ha confabulado con la reacción venezolana aportando fuego a la desestabilización que se quiere lograr para luego pedir la intervención militar norteamericana.

De igual forma, en el seno del Mercosur, ha sido lamentable el papel jugado por el hoy mandatario argentino y uno que otro gobernante de una zona geográfica donde el plan concebido en Estados Unidos, pretende eliminar todos los gobiernos progresistas y con ello echar abajo los beneficios sociales alcanzados.

Cuando analizamos este panorama, hay muchos aspectos locales que requieren una mayor explicación para que —de ser posible— sean entendidos a cabalidad.

Es una gran verdad que en los países antes mencionados hay una oligarquía local herida por los planes sociales de gobiernos progresistas y muy interesada en recobrar poder y dinero, aunque para ello haya que sacrificar la salud del pueblo, las millones de viviendas que se construyen para los más necesitados, la educación gratuita y de calidad o el empleo que sacó del paro a millones de ciudadanos.

La oligarquía quiere poder que le garantice el incremento de su capital y su mejor aliado en ese proyecto son los grandes medios de comunicación, también a su servicio, que sirven de punta de lanza en el ablandamiento del camino para derrotar gobiernos.

Hay muchas preguntas con difíciles respuestas. Y también las hay que no tienen otra respuesta que la falta de concientización de los amplios sectores de la sociedad en cada uno de estos países, de manera que interioricen cuál debe ser el rumbo a seguir y, no esperar una campaña electoral para querer resolver estos problemas que requieren del trabajo sistemático  con la finalidad de defender cada palmo de lo logrado y rechazar toda maniobra cargada de muchas promesas de un decadente sistema capitalista que no tiene respuesta para las grandes poblaciones.

Por ello resulta tan inexplicable que se vote por el neoliberalismo o que los indecisos puedan inclinar la balanza al lado de quienes los oprimen.

Por ello es tan complicado explicar el porqué de resultados electorales cuando también votan las millones de familias venezolanas que han recibido sus viviendas, o las que son beneficiadas por una salud pública a nivel de Primer Mundo; o por planes de educación que declararon al país libre de analfabetismo.

Será posible concebir que hay un solo venezolano favorecido de alguno de estos beneficios sociales que pueda dar su voto a una oligarquía que lo primero que haría, de alcanzar el poder, es eliminar todos esos beneficios.

Cómo entender que el Ecuador de Correa y de la Revolución Ciudadana, con su obra inmensa, ejemplo regional y mundial en acápites sociales y económicos, pueda ser víctima de lo que imponga una minoría, con raíces en Miami, para que no se alcanzara la victoria de Lenín Moreno en primera vuelta y ahora hay que ir a una segunda convocatoria donde, de seguro, la derecha encontrará aliados en partidos minoritarios que pueden aportar votos que sumados, harían más complejo el escenario electoral de abril próximo.

(Fuente: Habana Radio/Elson Concepción Pérez)