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Según The New York Times, los peligros de la presidencia de Hillary Clinton son más familiares que las incertidumbres autoritarias de Trump, pues ya están enraizados en la política de Estados Unidos. Resumo y reescribo sobre sus mismas líneas:

Los peligros de la presidencia de Trump son tan peculiares como el mismo candidato, y es más probable, en comparación con cualquier administración normal, que un voto a favor de Trump produzca una larga lista de consecuencias desastrosas, como el desmoronamiento del sistema de alianza occidental, un ciclo de radicalización nacional, un colapso económico accidental, una crisis entre civiles y militares. 

Algunos de sus partidarios más elocuentes hacen una analogía entre el voto a favor de Trump y secuestrar un avión, con todo y la probabilidad de estrellar el avión. Pero no querer al candidato que pretende estrellar el avión no significa que deban ignorarse los peligros de su rival. Los peligros de la presidencia de Hillary Clinton son más familiares que las incertidumbres autoritarias de Trump, pues ya están enraizados en la política de Estados Unidos. 

Con solo ver a Trump es evidente que existe un gran peligro de sufrir desastres mayores, que el enorme riesgo temperamental y de depravación moral es demasiado para considerarlo una alternativa aceptable frente a esta situación actual que se basa en disparates… pero también al ver a Hillary Clinton se observa a una mujer cuya trayectoria encarna las tendencias que hicieron surgir al trumpismo en primer lugar. 

De hecho, Clinton se distingue, incluso más que Obama o Bush, por haberse desviado solo en contadas excepciones del consenso de la élite en cuestiones de gobierno. 

Estuvo a favor de la invasión a Irak cuando todo el mundo lo estaba, en contra cuando todos dieron a Irak por perdido, y de nuevo actuó como una irreprensible liberal de línea dura en Libia solo unos años más adelante. 

Actuó como conciliadora con Rusia cuando los medios hicieron burla de Mitt Romney por ser de línea dura con ese país; ahora ha apoyado la línea dura hacia Rusia al igual que el resto de Washington, en un momento que podría requerir bajar la intensidad. 

La buena noticia es que no tiene nada de utópica: es (o se ha vuelto, a lo largo de una prolongada y desgastante carrera) de temperamento pragmático, ha decidido no ser sentimental. Así que es poco probable que haga algo que las capitales cosmopolitas del mundo pudieran considerar eminentemente radical, peligroso o tonto. 

Sin embargo, en aquellos casos en que la postura cosmopolita no es razonable o segura, en aquellas instancias en que la élite occidental puede volverse medio loca sin siquiera notarlo, Hillary Clinton da señales de estar tan lista como el resto de sus colegas para ir de lleno por la locura. 

Apostilla: Entre dos, Hillary 

Para el Comité Editorial de The New York Times, el mejor argumento para apoyar a la candidata demócrata es su capacidad para estar a la altura de los desafíos. Pero este no es un año electoral normal. Hillary Clinton tiene una larga lista de propuestas prácticas; mientras que el otro, Donald Trump, no dice nada en concreto, aunque promete cielo y estrellas. Ahora, al considerar los desafíos reales de los que tendrá que ocuparse quien ocupe la silla presidencial, y visto a la luz de los desafíos actuales, Trump se reduce a sus verdaderas proporciones de pantalla chica y reality show. 

(Fuente: The New York Times, 30 de octubre de 2016)