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Por Mercedes Rodríguez García

En último mes del año 1958 todavía le quedaba a Batista tiempo para maniobrar, aunque no estaba seguro de poder controlar la situación del país, al menos hasta el  24 de febrero, fecha en que transferiría constitucionalmente» la silla presidencial a Andrés Rivero Agüero.  

Su «fuerza de abatimiento más grande» era un reporte de la Dirección de Operaciones G-3 del EMC, referido al último encuentro sostenido entre los rebeldes en el oriente cubano: Guisa, «punta de lanza a las puertas de Bayamo», había caído en manos de los guerrilleros.

No obstante, el General manejaba la posibilidad de detener el empuje de Fidel Castro con la ayuda Estados Unidos de Norteamérica. La rebelión amenazaba sus cuantiosos intereses y no iban a permitir que se perdieran 5, 700 000 toneladas de azúcar, previstas para 1959.

  

Pero los norteamericanos se mantenían escépticos respecto a al régimen, «muy presionados por los sectores académicos y la prensa que impugnaban el apoyo de Washington a las dictaduras militares de Venezuela, Colombia, República Dominicana y también Cuba. Lo más sensato era una «tercera fuerza» formada por moderados antibatistianos no necesariamente procastristas, pero sí «reconocidos demócratas y pronorteamericanos». Una política tangencial que «no implicara necesariamente la llegada de Fidel Castro a Palacio». Por lo pronto, mantendrían el embargo de armas, a la vez  que acrecentarían la farsa y el engaño.

Che, Escambray

Mientras tanto los rebeldes habían dividido a la isla en dos y ocupaban uno por uno los territorios de Las Villas, y en las montañas del Escambray, bajo los bombardeos de la Fuerza Aérea del Ejército (FAE), los combatientes del Movimiento 26 de Julio (M-26-7), representados por el Comandante Ernesto Guevara y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo (DR-13 de Marzo), acordaban un pacto de unidad en la lucha.  No sucedió igual con el Segundo Frente Nacional,  que mantuvo una posición anti unitaria y abiertamente contrarrevolucionaria, y se replegó hacia el sur del macizo montañoso.

Batista no eran ningún iluso. Por eso decidió defender y mantener a toda costa su dominio sobre el centro y occidente del país. De ahí que el coronel Alberto del Río Chaviano, jefe del regimiento 3 Leoncio Vidal de esta provincia, concentrara hombres, medios y técnica  en Cabaiguán y Fomento para, desde allí, acometer contra El Pedrero y Gavilanes donde, según informaciones de la inteligencia militar, se encontraba el grueso de los rebeldes, a quienes desde el 28 de noviembre «ablandaban» desde  el aire.

De modo bien diferente los revolucionarios obtenían fondos monetarios. Los hacendados, colonos y ganaderos aportaron al Che en Las Villas unos 700 000 dólares, en carácter de impuestos voluntarios anticipados». Para los finales de la guerra civil ello representó una importante inyección económica, específicamente  en lo relativo al pertrecho de los hombres que atacarían «el Campamento de Santa Clara».

Camilo, un nuevo frente

Pero antes del asalto a la capital villareña el comandante argentino venido desde la Sierra Maestra al frente de la columna 8 «Ciro Redondo», trazaría la estrategia para cortar por el sur los posibles accesos a los refuerzos del ejército a través de las principales carreteras y vías férreas; mientras que en la zona norte la Columna 2 «Antonio Maceo», comandada por Camilo Cienfuegos, abriría un nuevo frente guerrillero en coordinación con el Partido Socialista Popular (PSP).

 

En su campamento de Juan Francisco, Camilo estrenaría la planta transmisora e intercambiaría por radio con el Che, quien por primera vez  haría un recuento radial de la marcha invasora de su columna.

Afirmó entonces que Santa Clara «estaría virtualmente en sus manos cuando realmente se hiciera una ofensiva de todos los factores revolucionarios agrupados». [...] Creo que estamos al borde de un colapso», aseveró. A una última pregunta sobre si estimaba posible cenar todos juntos en Nochebuena, respondió: «Bueno, todos podemos cenar, el asunto es dónde».

Libertad de pueblos y ciudades

Para entonces, fuerzas rebeldes conjuntas del M-26-7, el DR-13 de Marzo y el PSP, acometerían numerosas acciones de envergadura que, en rápida sucesión conllevarían la liberación de pueblos y ciudades:

El 16 de diciembre soldados del Che, bajo el mando del capitán Rogelio Acevedo, derriban el puente de hierro de Falcón y hacen realidad separar en dos la Isla. Mientras, tropas rebeldes del  DR-13 de Marzo, bajo el mando del comandante Faure Chomón Mediavilla, ocupan el poblado de Báez. Al día siguiente, un comando del propio Directorio ataca y toma el Palacio de justicia (Audiencia), en donde era juzgado Joaquín Milanés, El Magnífico. En esa demostración de audacia, de gran resonancia local, murió el capitán Ramón González Coro.

El 20 de diciembre, en un punto conocido como Purpurí, en Camajuaní,  Camilo sostiene un tiroteo con soldados que viajaban en un jeep. En el encuentro mueren un militar y el temible teniente de batistiano apodado Látigo Negro. Ese mismo día y el siguiente, tiene lugar en el poblado remediano de General Carrillo, la Plenaria Azucarera en Armas. Camilo ataca y toma Zulueta,  e inicia el asedio (duró 10 días) al cuartel de Yaguajay. Simultáneamente, guerrilleros de la columna 8 atacan Guayos y Cabaiguán, en la actual provincia de Sancti Spíritus. El 23, tropas del DR-13 de Marzo atacan el cuartel de  de Manicaragua.


Para los placeteños, la víspera de Nochebuena se convierte en preludio de fuego. Desde la habitación 22 del hotel Las Tullerías el Che proyecta el ataque a la capital villareña. Ordena entonces al comandante Víctor Bordón Machado marchar hacia el centro-sur de la provincia, con el objetivo de destruir el puente sobre el río Sagua la Grande, en las inmediaciones de Santo Domingo, evitando con ello la entrada de refuerzos provenientes de La Habana, y detener al enemigo que intentara retirarse de Santa Clara.

 

Los días 24 y el 25, rebeldes comandados por Guevara combaten por Remedios y Caibarién, en esta última villa junto con fuerzas combinadas de la Columna 2 «Antonio Maceo». Santa Clara la ciudad más importante del centro del país y nudo de las comunicaciones iba quedando aislada. El Che había calculado ocuparla en un mes, pero solo necesitó cinco días a partir del 27, al «retirarse el enemigo de Camajuaní sin ofrecer resistencia», como el mismo escribiría años más tarde. En Santa Clara Batista se había jugado su última carta: el tren blindado. Se suponía que el equipo técnico del convoy garantizaría el permanente buen estado de las vías, y que su bien armada dotación enfrentaría y pararía la ofensiva rebelde.

Destino para un tirano

No obstante el ambiente bélico en el Oriente y Centro cubanos, el chief  Fulgencio confiaba en los poderes de Chano Betongó, su Babalawo, quien le advierte que la señal de la divinidad en el humo era negativa, trágica, irremediable, y que por ello debía sacrificar seis novillos, seis cerdos, doce gallinas...

Batista no aceptó, pero tampoco se dio por vencido. Chano Betongó suplicó de nuevo. El santo replicó con enojo que los caminos estaban cerrados y que se acercaba el mar de aguas rojas.. y decidió alejarse.

Sí, el santo le daba la espalda al dictador pero ayudado por los rebeldes liderados por Fidel, Raúl, Camilo, Che y demás jefes guerrilleros. Al dictador no le quedaba ninguna otra salida. Prolongar su permanencia en Cuba podría tener un trágico desenlace, y por sus venas no corría sangre de mártir. A estas alturas, ya no creía en milagros.

La noche del 31 Batista aplica a fórmula indicado por el embajador Smith: un gobierno «equidistante», ni tirano ni rebelde, una maniobra golpista de Eulogio Cantillo Porras, el general farsante, mentiroso y traidor que anunciara desde Columbia la huida de Batista y llamara a instaurarse en el poder.

Che y Camilo avanzan

Pero Fidel no cree en jugarretas. Desde las puertas de Santiago de Cuba, ordenó a sus comandantes Che Guevara y Camilo Cienfuegos continuar el avance hacia la capital del país y tomar allí las posiciones claves. Por Radio Rebelde llamaría a la huelga general:

—«... ¡Revolución, sí, golpe militar, no! ¡Golpe militar de espaldas al pueblo y a la Revolución, no, porque solo serviría para prolongar la guerra! [...]¡Escamotearle al pueblo la victoria, no, porque solo serviría para prolongar la guerra hasta que el pueblo obtenga la victoria total!» 

Era el primer día de año 1959. Los pueblos liberados por Camilo y Che celebraban la Navidad más larga de cuantas habían vivido. La pesadilla del tirano había acabado. Terminaba la pesadilla del tirano, comenzaba un Enero de sueños rebeldes, la vigilia perenne por la libertad.

Nota: Los entrecomillados pertenecen al libro «Batista, últimos días en el poder», de José Luis Padrón y Luis Adrián, Betancourt. En algunos casos constituyen citas textuales pero, en otros, solo frases construidas sobre el discurso de los personajes, de acuerdo con la descripción de ambos escritores.