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Luego de publicar este blog la información CAF- Banco de Desarrollo latinoamericano y Cuba por una agenda conjunta, sobre el reciente acuerdo firmado entre esa entidad y Cuba, con miras a consolidar programas de cooperación técnica y la futura inserción de nuestro país como miembro del CAF-BDL, reproducimos la entrevista de Granma con el presidente ejecutivo de esta organización.

El acento denota sus raíces. Boliviano. La interlocución no deja lugar a dudas de la profesión de toda una vida. Eco­nomista. Cuando explica los propósitos de la institución financiera que dirige desde 1991 se denota ese matiz de satisfacción que provoca trabajar por un bien común. Sencillez y compromiso. Esas son otras de las palabras que podrían definir a Luis Enrique García Rodríguez, presidente ejecutivo del CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, quien además ha sido reconocido con doctorados y títulos honorarios de varias universidades en el mundo.

Sus primeras palabras recrean una historia. “Los pasos del CAF se remontan hace 46 años atrás… nació como una entidad muy pequeña que representaba los intereses de los países andinos, y que con el tiempo fue creciendo en membresía y recursos financieros. Actualmente tenemos aprobaciones anuales de más de 12 000 millones de dólares.

“Ya son 19 países miembros. Y además está la característica peculiar de que somos el único banco de desarrollo multilateral a nivel global promovido por naciones emergentes. Salvo la presencia de España y Portugal que tienen el 5 % del capital, el resto se encuentra en Latinoamérica y el Caribe”.

Eso nos da una identidad muy de la región y un compromiso firme con los objetivos de un desarrollo integral que no es solo económico sino también social y medioambiental, expresa. Lo que buscamos es que la gente mejore su calidad de vida, que haya mejor infraestructura, mayor producción, que los niños vayan a las escuelas, se eduquen bien, que haya salud y bienestar”.

Mediante operaciones de créditos, recursos no reembolsables y apoyo en la estructuración técnica y financiera apoyamos la realización de proyectos, ya sea en el sector público o privado. En este sentido, CAF se ha convertido en la principal fuente de financiamiento en Sudamérica, señala.

—¿Cómo se inserta Cuba en las perspectivas de desarrollo de esta institución financiera? 

—Desde los últimos dos años hemos desarrollado acciones importantes para acercarnos y crear lazos de trabajo que repercutan en el desarrollo económico y social de Cuba.

Durante el 2014, en ocasión de la presidencia pro témpore cubana de la Celac, CAF tuvo participación activa en las reuniones sectoriales vinculadas a cuestiones económicas y durante el 2015 se aprobó disponer un fondo de un millón de dólares para actividades de exploración en temas como energía y aprovechamiento de recursos naturales, y así viabilizar en un futuro el ingreso de Cuba como accionista de la organización, añade.

“El reciente convenio que hemos firmado nos facilita, sobre todo en esta primera etapa, programas de cooperación técnica y el apoyo al país a través de consultores y asistencia para la preparación de proyectos.

“Nuestro compromiso con América Latina es tan fuerte que queremos que Cuba, a la cual sentimos muy cerca y ha jugado una parte esencial en el contexto regional de las últimas décadas, sea parte de esta organización. Hay una seguridad y voluntad de que este proceso de acercamiento continúe”.

En cuanto a las perspectivas para mediano y largo plazo, vamos a continuar con lo emprendido hasta el momento. Una, es organizar eventos en temas como infraestructura, me­dio­ambiente, macroeconomía… Y la otra, es apoyar los proyectos cubanos que cumplan con los requisitos de sostenibilidad ambiental y fungir como agentes ejecutores, por ejemplo, de la organización no gubernamental (ONG) Fondos Verdes para que financien estas iniciativas, comenta.

—América Latina y los mecanismos de integración re­gional… 

—La integración no es un lujo, es una necesidad. Si Amé­rica Latina quiere tener un desarrollo sostenido, estable, que apueste por el mejoramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos y pueda insertarse en las realidades del mundo actual y converger con los países industrializados, tiene que olvidarse de las fragmentaciones y fortalecer sus procesos de integración.

“La integración latinoamericana es un sueño que nos trasciende en décadas y siglos, y no podemos dejarlo atrás. Si los países actúan individualmente y siguen el modelo de las ventajas comparativas va a hacer más difícil lograr este propósito.

“Desde CAF pregonamos que hay que buscar los caminos para que no ocurran esas segmentaciones políticas y económicas. Al contrario, buscamos aunar esfuerzos y establecer agendas compartidas que allanen el camino. Precisamente, son la integración regional y el desarrollo sostenible los pilares fundamentales de nuestra institución, y alcanzar estas metas nos conduce hacia la eficiencia, la inclusión y la equidad social.

“Más industrialización, más tecnologías, atraer inversión extranjera de buena calidad y diseñar proyectos que ofrezcan valor agregado y permitan una inserción internacional son nuestras armas frente a los modelos tradicionales”.