20150831132541-jazz-rusia.jpg


7:22:11 a.m.

El festival Koktebel Jazz Party concluyó hoy en Rusia con una declaración de amor al jazz clásico gestado en Norteamérica en las primeras décadas del siglo XX.

Los músicos y directores orquestales estadounidenses Benny Goodman y Duke Ellington fueron los dioses de esta velada que puso fin al evento cultural más relevante de la península de Crimea.

El blues y especialmente el swing atrapó durante poco más de seis horas a un público de aproximadamente mil personas dispuestas a soportar la fría temperatura nocturna de esta región costera del mar Negro con tal de disfrutar de un suceso de tan alto nivel y convocatoria internacional.

Cuando la vocalista rusa Karina Kozhevnikova junto a Four Tenors Sax interpretó la exitosa canción I Left My Heart in San Francisco, popularizada por Tony Bennett en la década de 1950, ya se fijaba el tono del espectáculo hacia las formas más tradicionales del jazz.

Acompañados por una batería, un contrabajo y el piano del habilidoso Yakov Okun los artistas rusos revalidaron varios clásicos.

La asistencia a la playa de los miembros más pequeños de las familias locales junto a padres y abuelos corroboró la funcionalidad educativa del evento.

Para resguardarse de la frialdad, algunos trajeron mantas y otros, sin ninguna pena, arribaron con corchas a fin de disfrutar de la gala en estampa más hogareña.

La formación británica Red Square Band tendió el background para que otros tres cantantes rusos: Andrey Davydyan, Olga Sinyaeva y Nani Eva resaltaran temas de la segunda mitad del siglo XX, del sello de los Beatles y de Sting su famoso Every Breath You Take, ganador de un Grammy en 1984.

Y por supuesto, volvieron a lo más clásico con una versión de What a Wonderful World, canción de jazz escrita especialmente para Louis Armstrong y estrenada por él con un toque muy personal en la década de 1960.

Por su parte, la cantante estadounidense Ada Dyer ofreció creaciones sonoras de su mentor Stevie Wonder y de Aretha Franklin, entre otros, mientras el virtuoso saxofonista Igor Butman al frente de su orquesta recordó la época de oro de las llamadas big bands.

Goodman y Ellington señorearon en cuanto a repertorio durante más de una hora de presentación del conjunto, aunque al final junto a la vocalista rusa Larisa Dolina, la banda abrió el diapasón a pegajosas composiciones de jazz como la popular canción Fever.

En medio del espectáculo, el fundador del festival y director general de Rossia Segodnia, Dmitri Kiseliov, demostró cómo la fusión entre tecnología digital y música permite conectar a artistas de disímiles países con la actuación simultánea de un grupo aquí y otro en Israel, en perfecta sintonía.

La atractiva propuesta se logró mediante un programa computacional creado por dos estudiantes de la compañía Microsoft que conoce el funcionario.

Con gran alegría Kisielov subrayó: la música atraviesa miles de kilómetros y une. Hace 12 años, él y unos amigos tuvieron la visión de fundar este evento de comprobado impacto económico y cultural.

(Fuente: PL)