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7:57:09 a.m.

Después de un largo compás de espera, hace una semana se reveló —¡al fin!— el nombre de quien conducirá las riendas del equipo Villa Clara en la 55 Serie Nacional de Béisbol: Vladimir Hernández Solás.  

Varios hombres se habían barajado para el alto mando anaranjado: Eduardo Paret, César Valdés, Noel Guerra, y en definitiva, para sorpresa de la gran mayoría de aficionados y especialistas, se le concedió la responsabilidad a Vladimir Hernández Solás (1-4-1971), otrora estelar lanzador natural del central Quintín Bandera —hoy Unidad Empresarial de Base—, en Corralillo, pero radicado en Sagua la Grande desde los cinco años hasta el pasado decenio, cuando fijó residencia en Santa Clara, conjunto al cual guió para la conquista de la corona en la justa provincial de 2014.

Participante en 16 temporadas nacionales —en las que archivó 72 victorias y 41 derrotas—, protagonista de un hecho único en nuestros certámenes beisboleros al obtener los tres éxitos posibles en un play off de cinco a ganar tres frente a Santiago de Cuba en 2003, triunfador en el encuentro decisivo ante Holanda en el Torneo de Rotterdam el propio año e integrante del equipo Cuba, monarca en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo-2003, Vladimir se convierte en el décimo timonel villaclareño desde que la provincia comenzó a tomar parte en los campeonatos cubanos de pelota en la contienda de 1977-1978.

De paso, será el primer serpentinero en realizar esa función y el séptimo hombre que luego de haber integrado el conjunto del territorio asume la dirección del equipo. Los otros seis fueron Lázaro Pérez Agramonte, Pedro Jova Pérez, Luis Jova Key, Roberto Rodríguez Gavilanes, Víctor Mesa Martínez y Ramón Moré Flaqué.

Los restantes mentores: Emilio Madrazo Morales, que aunque intervino en series nacionales nunca lo hizo con el «Villa Clara», y Eduardo Martín Saura y Luis Enrique González Álamo no participaron en los clásicos criollos como jugadores.

—¿Te sorprendió la elección?

—Voy casi todas las tardes a la calle Toscano a jugar dominó y varias personas me comentaban: «Oye, dicen que tú estás entre los candidatos a dirigir el equipo». Yo contestaba: «No, qué va, ustedes están locos, eso no es así», hasta que me lo comunicaron y, realmente, me sorprendió la decisión.

—¿Qué te llevó a aceptar esta responsabilidad?

—Acepté porque el béisbol en esta categoría presenta una mala situación en la provincia. Necesitamos personas que lo den todo por el bien de nuestra pelota. No han faltado los que me han dicho: «Cogiste la candela ahora que no hay nadie». Este es el momento en que me ha tocado dirigir. Siempre hay una primera vez, si se trabaja con voluntad y deseos, y existe apoyo por parte de las organizaciones, los entrenadores y el pueblo, se puede aspirar a obtener un buen resultado.

—Hasta qué punto puede ser provechoso que estés al frente del sub 23 y el equipo principal.

—Lo considero beneficioso porque un gran grupo de ese equipo sub 23 va a pasar a las filas del «Villa Clara». Voy a comenzar a utilizar mi táctica, mi estrategia. Cada juego me permitirá ir ganando en experiencia. Ahora lo que tengo en la cabeza es el sub 23, cuando este torneo se acabe pensaré más en el «Villa Clara». Confío plenamente en el grupo multidisciplinario que trabajará con la preselección durante mi ausencia.

—Mencióname algunos de los jóvenes que se han destacado...

—Lazarito Ramírez, Norel González y Javier Fusté, que me parece es hora ya de que tenga más protagonismo junto a Yulexis La Rosa en la receptoría. Hay también un lanzador que muchos no conocen, pero es el que mejor está en estos momentos: Reinier Sánchez, de gran control, una buena bola lateral y ha logrado lanzamientos de entre 87 a 91 millas. Ronny Valdés, después de su experiencia en la temporada pasada y su actuación en la provincial, debe sumarse al grupo de nuestros pitchers de calidad, lo mismo que Eduardo Ferrer.

—En tu etapa como pelotero estuviste bajo el mando de cuatro directores: Pedro Jova, Luis Jova, Carpito Rodríguez y Víctor Mesa, ¿qué te legó cada uno de ellos?

—Cuando debuté en la serie 1992-1993, yo no era un extraclase, tuve que ganarme el puesto. Siempre traté de escuchar lo que me decían los entrenadores y los atletas de experiencia.

«Me gustaba la espontaneidad y el poder de aglutinación que tenía Pedro Jova. Él nos daba mucha confianza y esto hacía que todos nos esforzáramos por hacerlo bien en el terreno.

«Luis Jova y Carpito Rodríguez se hicieron cargo del equipo en un momento similar al de ahora. Fue una etapa en que ya no estaban varios de los hombres que habían impulsado el elenco hasta la disputa de cinco finales sucesivas. Aun así, Luis Jova estuvo a punto de clasificar para los play off, y luego Carpitologró incluirlo dos veces en la postemporada. De todo esto uno aprende, coge lo bueno.

«Cuando entró a dirigir Víctor Mesa, yo era más maduro, me gradué de licenciado en Cultura Física, y como sabía que un día iba a llegar a ser entrenador, observaba las cosas que él hacía; Víctor estaba en todas, no se le escapaba ni una».

—Definitivamente el equipo se va a denominar Azucareros, ¿has oído hablar sobre este histórico plantel?

—Yo era muy pequeño cuando ellos se de- sempeñaban en la pelota, pero sí he oído hablar de los Azucareros. Ahí estaban Antonio Muñoz, José Antonio Huelga, Cheíto Rodríguez, Silvio Montejo, Enrique Oduardo, Aquino Abreu, Lázaro Pérez, Emilio Madrazo, Leonel García, Aniceto Montes de Oca y una lista bien extensa de glorias de las provincias centrales.

«Por lo que me han contado, era un equipo muy combativo, unido, que salía al terreno a darlo todo por la victoria, nunca estaba perdido. Nos gustaría mucho que en el banco de nosotros en el «Sandino» tengamos siempre a algunos de sus representantes. Sería interesante que sostengamos intercambios con esos hombres, porque han pasado los años y a muchos ni los peloteros ni los aficionados de las actuales generaciones los conocen».

—Siempre admiré la forma en que actuabas sobre el box, donde eras todo coraje, ¿qué características del Vladimir pelotero te gustaría impregnarle al equipo?

—La agresividad, no en la peor forma en que se utiliza a veces frente al contrario, sino en la manera de jugar a la pelota, a la hora de batear, de conectar por detrás del corredor, de coger un «desbol», de avanzar en las bases. En resumen, entregarse por completo al béisbol.

(Fuente: Vanguardia/Osvaldo Rojas Garay)