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7:09:26 a.m.

Por: Juan Manuel Karg

Primera conclusión: el bloque de 33 países que  componen la Celac —Comunidad de Estados  Latinoamericanos y Caribeños— quedó fortalecido  tras la reunión de Panamá. 

Una imagen puede dar  cuenta de esto: tras escuchar a Raúl Castro, y  antes de que hablaran Cristina Fernández de  Kirchner y Nicolás Maduro, Obama se retiró de la  plenaria de Jefes de Estado, en una actitud muy  cuestionable. 

Esta imagen, que algunos analistas  conservadores buscaron hacer pasar como una  derrota de los países de la Unasur, supone más  bien lo contrario: EE.UU. no puede dirigir un  espacio que creó con ese fin, allá por 1994, lo que  queda graficado con claridad en la salida de Obama  del recinto. 

Así, el país que en décadas previas fue  “amo y señor” de este tipo de encuentros, ni  siquiera escuchó los discursos de buena parte de  los presidentes de la región, en una actitud  arrogante pero también defensiva.

Segunda conclusión: si alguien esperaba un  discurso “light” de Castro en Panamá, producto del  restablecimiento de relaciones diplomáticas con  Washington, se equivocó.

El cubano fue  contundente en su explicación sobre la política de  Washington de cara a la isla, a nivel histórico, más  allá de los recortes malintencionados que luego  intentaron diversos medios hegemónicos de la  región. Recordó que en la guerra de la  independencia los EE.UU. “entraron como aliados, y  se apoderaron del país como ocupantes”. Luego  manifestó que las penurias que produjo el bloqueo  provocaron un mayor apoyo al modelo político,  económico y social vigente en la isla desde 1959. 

Así, dijo que “el 77 por ciento de los cubanos nació  bajo el bloqueo. Pero el hostigamiento trajo más  revolución”. Por último, dio cuenta de la derrota del  ALCA, la propuesta de libre comercio cuyo desarrollo se pergeñó precisamente en la Cumbre de  las Américas, al afirmar que “el ALCA naufragó en  2005 en Mar del Plata bajo el liderazgo de Chávez,  Kirchner y Lula”.

Tercera conclusión: la crítica a la orden ejecutiva  proclamada por Obama, considerando a Venezuela  una amenaza para Washington, se apoderó de  buena parte de las intervenciones. Es decir: trastrocó una reunión cuyo punto esencial iba a ser  la foto Obama-Castro. Cristina Fernández de  Kirchner fue contundente: “Lo primero que hice fue  reírme. ¿Una amenaza? Es inverosímil”, dijo  primero, para después afirmar que “es una pena  que esta cumbre se vea ensombrecida por esa  decisión. Ese decreto debe ser dejado de lado”. 

Luego fue el propio Nicolás Maduro, quien llevó 11  millones de firmas al encuentro, el que sentenció  que “este decreto se mete en la vida interna de  Venezuela”. Tras ello, Maduro clarificó que busca  una resolución diplomática del tema, al decir: “Le  tiendo la mano, presidente Obama, para que  resolvamos el tema sin intervención en asuntos  internos”.

Cuarta conclusión: la ausencia de una declaración  final marca el descontento de EE.UU. y Canadá con  los ejes centrales de la reunión, algo similar a lo  que sucedió en Cartagena de Indias, Colombia,  durante 2012. Si bien Obama logró la foto que  quería junto a Raúl Castro, y aprovechó los días  previos para reunirse con los países del Caribe nucleados en Caricom  —en vías a intentar debilitar  la hegemonía venezolana en la zona a través de Petrocaribe—,  podemos decir que el hecho de que  no exista un documento final marca las  divergencias entre el bloque Celac y los países de  América del Norte, que se opusieron a posicionarse  sobre el decreto ejecutivo contra Venezuela.

Dos  cumbres consecutivas sin posicionamiento conjunto  demuestran los límites de una instancia tan abarcadora, con países muy divergentes en  términos de orientación política y económica.

Diversos interrogantes quedan planteados luego  del cónclave panameño, rumbo a la reunión de  Perú 2018: ¿hasta qué punto la Cumbre de las Américas marcará el pulso de las discusiones  regionales, visto y considerando que el bloque  Celac ya arriba a dichas reuniones con consensos  previos?; ¿de qué forma cambiará el escenario  regional, plagado en la actualidad de un conjunto  de gobiernos posneoliberales, de cara a la próxima  Cumbre de las Américas?; ¿podrá EE.UU. lograr  una mayor afinidad con los países del Caribe, a  través de Caricom?

Como sea, aun luego de cambiar una política de  histórica hostilidad con Cuba, el escenario regional  sigue siendo muy complejo para EE.UU. Al fin y al  cabo, tras la aparición de nuevas herramientas  integracionistas —como Unasur, Celac y  ALBA/Petrocaribe— la Cumbre de las Américas sigue  siendo heredera de una etapa previa de la región: aquella del “Consenso de Washington”, derrotado  precisamente diez años atrás en Mar del Plata. De  modificar (o no) ese formato depende buena parte  de la supervivencia de esta instancia, que parece  haber quedado atrapada en un cambio de época de  América latina.

(Fuente: Cubadebate /(Tomado de Página 12)