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9:11:01 p.m.

En el estadio del Cerro, en las populares victrolas y en la radio, se oía este estribillo por la orquesta de Enrique Jorrín: Cuando Miñoso batea, verdad, la bola baila el cha-cha-chá.

Este matancero desbrozó el camino de los negros latinos hacia las Grandes Ligas. Y no podía ser otro, porque brilló como ninguno en la Liga Profesional Cubana, la más fuerte fuera de los Estados Unidos, así como en las Independientes de Color, además de excelentes resultados en otras latitudes. Pero el camino no fue fácil; llevó una trayectoria similar a Jackie Robinson en 1947. Estas confesiones son desgarradoras:

“Durante mis primeros años en las Mayores mis oídos escucharon cosas terribles [decía Miñoso]. El mundo no me puede quebrar, dejé que todo me entrara por un oído y me saliera por el otro”. 

Era, sin lugar a dudas, la procesión del hombre de color en la atmósfera del mundo blanco, que no asumía el valor de los hombres. Todavía estaban anclados en la vieja retórica de sus antepasados, conservando el germen del prejuicio racial. Puedo imaginar a Miñoso hablando con su conciencia y decir: “Te acuerdas todo lo que resistí, pero sabes, nada de lo que escuché quedó en mí, nunca quise que conocieran mis sentimientos más profundos”.

El legendario Ted Williams, en una ocasión le replicó a Miñoso: “No puedes dejar que nadie maneje tu vida con insultos o diciéndote que no puedes jugar, a veces tuve que hacerme el payaso cuando jugaba, tuve que escuchar y reírme, incluso llorar por dentro, pero nunca dejé que notaran que eso me molestaba”.

Saturnino Orestes Arrieta Miñoso Armas, conocido por Minnie y El Cometa Cubano, nació el 29 de noviembre de 1922, en la finca La Lonja, del Perico, Matanzas (algunas fuentes se refieren a 1923).

De extrema humildad, casi un niño cortaba caña y marabú para el central España, hoy España Republicana, donde se jugaba fuerte al béisbol, una plaza destacada en la Liga Pedro Betancourt, años después. Merced a la pelota, en corto tiempo rodaría los mejores Cadillacs de La Habana.

En el estadio del Cerro, en las populares victrolas y en la radio, se oía este estribillo por la orquesta de Enrique Jorrín: Cuando Miñoso batea, verdad, la bola baila el cha-cha-chá. Mi tío, Ramón (Mon) Goenaga, me contó:

Más de seis décadas atrás, cuando nadie sabía quién era, lo veía cortando caña y marabú, descalzo, para el central España. Como un muchacho de la fértil tierra matancera, soñó que un día sería estelar, y lo logró. Pocos cubanos llevaron tan alto el deporte de las bolas y los strikes antes de 1959, quizás ninguno haya sido más popular ni longevo.

Rodolfo Lalito Landín, un destacado compilador, estadístico e historiador del béisbol de aquella zona, entrega una semblanza inédita sobre la humildad de este jugador y su relación con el estadio España Park, fundado en 1927, donde dio sus primeros pasos hacia el deporte.

El jugador más destacado, que comenzó su carrera desde niño, fue Orestes Miñoso, que aprendió a jugar pelota en su finca, donde jugaba La Lonja. Hay un dato curioso que engrandece más a este estadio. En 1933 pasó un ciclón por Matanzas y el fuerte viento derribó la casa de Miñoso y su familia. En tales circunstancias, él junto a su madre y los cinco hermanos vinieron a vivir a una caseta que se utilizaba para guardar los proyectores de correr películas, que estaba debajo de la glorieta del terreno. Allí estuvieron por un tiempo, pues era una familia muy humilde.

Allí regresaría sistemáticamente, a veces con un equipo de ocasión al que llamó Estrellas de Miñoso, integrado por figuras estelares de diferentes equipos de la Liga Profesional Cubana como Julio Bécquer, Héctor Rodríguez, Joe Valdivieso, Carlos Paula, Orlando Leroux y el lanzador Julio Jiquí Moreno, como sucedió al final de la campaña de 1955, cuando se enfrentaron al Central España, campeón de la Liga Pedro Betancourt, de ese año.

Pocos elevaron tanto el béisbol y fueron tan populares. Con sus 5´11 de estatura y alrededor de las 180 libras de peso fue, a no dudarlo, la gran estrella, el jugador seguido por todos. Tanto se destacó, que logró elevar el rango del Marianao, un equipo de los más débiles. A partir de su presencia mejoraron las entradas para ver a ese equipo. No jugó con Habana ni Almendares, los eternos rivales, pero supo arrastrar olas de aficionados.

Su juego limpio y alegre fue comidilla en los hogares. Lo rodeaban empresarios, políticos, barrenderos, artistas famosos, comerciantes y atletas de otros deportes, para pedirle autógrafos, una foto, o simplemente cruzar con él unas palabras. Orestes Miñoso se convirtió, salvando las distancias por el juego cosmopolita de Martín Dihigo, en su sucesor. Pero Minnie tuvo más publicidad, porque vivió la época de la televisión y el elevado diapasón de la prensa escrita o radial de los años cincuenta.

Daba gusto verlo llegar a home bate en mano, enroscarse y caminar para encima de la pelota contra cualquier lanzador rival, jamás temió a los pelotazos ni pidió tregua en las bases, jugó con la fuerza de un huracán pensante. En la antesala ponía el cuerpo de por medio y paraba cuanto por allí conectaban; en los jardines fue punto menos que insuperable. Cuando casi no se usaba llegar de cabeza a las almohadillas, él lo hacía con fuerza, pues veía mejores posibilidades de llegar safe; supo discriminar cada jugada.

No alcanzó elevados estudios, la vida no se lo permitió, pero como quien está destinado al diamante, supo imponer su presencia y jugar inteligentemente. Su relación con la prensa no pudo ser mejor, a pesar de los «paparazzis» de entonces, ávidos de penetrar en la vida del divo yumurino. Su labor estuvo por encima de coterráneos como Silvio García, Sandy Amorós, o el mismísimo Tony Taylor, quien por su juego desenfadado quizás hubiese podido continuar su obra en la Liga Profesional Cubana.

Entre 1940 y 1943, imposibilitado de participar en la Liga Amateur de Cuba por el color de la piel, se desempeñó con los semiprofesionales PARTAGÁS y el Ambrosía., donde en la última campaña resultó líder de los bateadores. Por entonces también lo hizo para el Cuban Mining, de Santiago de Cuba, donde jugaría tres veces por semana, por cien pesos al mes.

No tardó mucho la oportunidad de jugar fuera de La Habana. Mario Borroto estaba organizando algunos equipos para llevarlos al área de la Cuban Mining en la provincia de Oriente. Me seleccionaron para la Cuban Mining y me dijeron que me pagarían bien por cada juego.

En la pelota rentada se inició como tercera base, pero fue en los jardines donde más brilló, con sus conexiones sistemáticas hacia la banda contraria. Compitió con el Marianao, de la Liga Profesional Cubana, durante catorce temporadas, entre 1945-1946 hasta 1960-1961 y se convirtió en el mayor símbolo del club. En ese tiempo llegó a ser el pelotero cubano más completo y popular.

Solo faltó a las campañas de 1949-1950 y 1954-1955, por no recibir el permiso de sus dueños para venir a jugar en Cuba, merced a los acuerdos firmados en 1947 entre la Liga Profesional Cubana y el Béisbol Organizado de los Estados Unidos, donde los de la Isla prácticamente se convertían en sucursales de aquellos. En 1954-1955, junto a él, tampoco pudieron jugar en la Isla Camilo Pascual, Mike Fornieles ni Sandalio Consuegra. Minnie participó en dos Series del Caribe: 1957 (.391) y 1958 (.318), ambas ganadas por los Tigres del Marianao., que habían resultado campeones en el país.

En Cuba, Orlando El Guajiro Peña y el norteamericano Hoyt Wilhem, miembro del Salón de la Fama de Cooperstown, fueron quienes mejor lo dominaron; fue un verdugo para Conrado Marrero. Su jonrón más largo lo conectó en 1953 por el centro del Gran Stadium de La Habana, hoy Latinoamericano, a más de 500 pies, frente al estadounidense Glenn Elliot, lo que motivó un letrero que decía: Por aquí pasó Miñoso.

Había integrado como antesalista, de 1945 a 1948, los New York Cubans, propiedad de Alejandro Pompez, en las Ligas Independientes de Color, o Ligas Negras norteamericanas, coronándose con ellos en la Serie Mundial de 1947. En 1946 conectó para .309, en 1947 (.336) y acumuló un average de .294.

Miñoso lideró la producción ofensiva en turnos de responsabilidad en 1947, donde se proclamó campeón de la Serie Mundial ante los Cleveland Buckeyes. En 1947 y 1948 resultó el tercera base más destacado y participó en los Juegos de las Estrellas, poco antes de pasar a las Mayores con los Cleveland Indians, en 1949.

Su llegada a la Gran Manzana de Nueva York debió mostrársele traumática. Nunca había visto tanta gente caminando por las calles, vidrieras fabulosas, montones de carros de todas las marcas, edificios casi inalcanzables con la vista. En fin, una experiencia inesperada por el “morenito” del Perico:

Alex Pompez, dueño de los Cubanos de Nueva York en las Ligas Negras, logró contrato con el joven de 23 años para la temporada de 1945. Miñoso no estaba preparado para la enorme ciudad que encontró en Nueva York. Inteligentemente, Pompez asignó a Silvio García como compañero de cuarto de Miñoso. Silvio, el cubano que había sido demasiado feroz para los planes de integración de Rickey, fue una guía perfecta para Miñoso. García, comentaba Miñoso, “me enseñó a vivir, comer y jugar en Nueva York”.

En 1949, con los Cleveland Indians, Miñoso se convirtió (oficialmente) en el primer negro latino que ingresó en las Grandes Ligas; debutó el 19 de abril, pues anteriormente el slugger Roberto Tarzán Estalella (1935-1942) y el lanzador Tomás de la Cruz (1944), habían logrado burlar el cerco racista de aquellos lares, refugiados en facciones menos oscuras.

En 1951 Minnie pasaría a los Chicago White Sox, donde escribiría sus mejores páginas, hasta fue seleccionado Novato del Año de la Liga Americana, por la revista Sporting News, superado por Gil McDougald, estelar jardinero de los New York Yankees, en la votación final del circuito. Por la Liga Nacional resultaría electo Willie Mays, uno de los más grandes peloteros de la historia.

En su paso por las Mayores, EL Cometa estableció un récord de 189 pelotazos recibidos, marca que duró hasta 1984, cuando lo superó Don Baylor, de los Yankees. Fue designado en el Todos Estrellas de las Ligas Mayores, entre los jardineros, en las temporadas de 1959 y 1960.

Ya cercano a los treinta años, cuando Robinson entró a jugar con los Dodgers, Miñoso estuvo dos años con un equipo sucursal de los Indios de Cleveland en la tan latina ciudad de San Diego y luego fue vendido a los Medias Blancas de Chicago, en 1951 (…) Miñoso limpió el camino para que docenas de otros cubanos llegaran a las Ligas Mayores, incluido el short stop Leo Chico Cárdenas, el jardinero Sandy Amorós, y los ases del pitcheo Pedro Preston Gómez (el subrayado es nuestro, pues Preston era jugador de cuadro, no lanzador), Camilo Pascual y Sandy Consuegra.

El 30 de abril de 1951 había llegado al Chicago en un cambio que relacionó, además, al Cleveland y los Philadelphia Attletics, con siete jugadores. El 4 de diciembre de 1957 volvió a los Indios, y el 6 de diciembre de 1959 regresó a Chicago, en otro traspaso múltiple. Fue adquirido por los Saint Louis Cardinals el 27 de noviembre de 1961, y el 2 de abril de 1963 lo enviaron al Washington Senators. De nuevo fue recibido por los White Sox, el 8 de abril de 1964, hasta quedar libre el 17 de julio.

Hombre de notable fortaleza, el 11 de mayo de 1962, con cuarenta años de edad, sufrió una fractura del cráneo y la muñeca de su mano derecha, cuando buscaba un batazo contra las cercas. Después regresaría al terreno con esporádicas apariciones. Las nuevas contrataciones con el Chicago, en 1976 y 1980, tuvieron un marcado carácter simbólico y publicitario.

Su retiro oficial de las Grandes Ligas fue el 5 de julio de 1964, con los Medias Blancas, pero reapareció en 1976 y 1980, negándosele la posibilidad de jugar en dos ocasiones en la década del noventa. El 11 de septiembre de 1976 se fue de 3-0, como designado, frente al zurdo Frank Tanana (California), pero al día siguiente, con 53 años, se convirtió en el más veterano en pegar un hit en las Mayores, frente a Sid Monge.

Con el predominante número 9, en octubre de 1980 pasó a ser, junto al pitcher Nick Altrock, los únicos en Grandes Ligas con cinco décadas jugadas. Había actuado como emergente frente a Tanana en el 9no. inning y falló con foul fly al receptor. En el siguiente juego fue out en roletazo a tercera. En 1992, el comisionado Ray Vincent se opuso a que bateara, alegando problemas de peligrosidad para el jugador.

Tres meses después, el presidente de la Liga Americana, Bobby Brown, lo autorizó para el 30 de septiembre, pero los White Sox temieron que se pudiera lesionar. De todas formas, con setenta y un años de edad, jugó el 30 de julio de 1993 para el Saint Paul, en las Ligas Menores y cumplió su sueño. Fue retirado con roletazo al lanzador Seo Yoghi, del Thunder Bay.

Fuerte como un roble en sus 5 pies, 11 pulgadas y alrededor de 180 libras, Miñoso jugó con el alma y dejó la sangre en el terreno, no solo el sudor que le brotaba como un manantial para brillar en su bien oscura piel. Su franela siempre estaba sucia, ya que andaba con los spikes por delante, en busca de bases extras.

El 16 de julio de 2003, con 80 años, se convirtió en el primer jugador en participar durante siete décadas en la pelota organizada, además de ser el de mayor edad. Con el Saint Paul, de la Northern League, recibió boleto como designado frente al zurdo Tim Byrdak de los Railcats.

Entre cubanos en las Grandes Ligas tiene el récord de pelotazos recibidos para una temporada (23-1956) y en triples (18-1954). También el hecho de batear ocho veces sobre .300, solo superado por el pinareño Tony Oliva. 

Fue el primero nacido en la Isla, entre jugadores de posición, que vistió el uniforme de los Medias Blancas, y también con los Indios.

Participó en diez temporadas de Ligas Menores en los Estados Unidos, entre 1948 y 2003 (quizás único caso con tanto tiempo), con los equipos Dayton, San Diego, Indianápolis y St. Paul, con promedio de .318. Estos resultados, sin incluir las Ligas de Verano y del Sureste de México, que también pertenecían al sistema organizado.

A la defensa alternó en tercera base, e incluso, actuó como torpedero, pero ya en 1950 lo dejaron definitivamente en los jardines. Con bastantes años encima estuvo en el terreno, unas como manager otras como jugador de la Liga Mexicana, donde dejó una impronta que lo llevó, en 1966, al Salón de la Fama de aquel país, después de que en 1965, el Dr. Álvaro Lebrija lo contratara para jugar con los Charros de Jalisco, donde le decían El Charro Negro. En esa etapa, aunque patrullaba los jardines, aumentó su estancia como antesalista.

En la Liga Invernal del Pacífico fue la gran estrella del Hermosillo y el Mazatlán, con dos títulos de bateo: 1966-1967 (.343) y 1969-1970 (.359).

Como manager en la Liga del Sureste de México, independiente a la Liga de Verano, fue último con los Charros de Orizaba en 1967. En 1975 dirigió al LEÓN en la Liga Central de México, con marca de 28-39 (6to.). Había timoneado en 1968 al Carmen, en la Liga del Sudeste de ese país, Clase A, donde fue tercero con 57-36, perdiendo en el play off (3-2).

En 1969 condujo a Puerto México (56-59). En 1976, en la doble función de manager-jugador, con Puerto Vallarta, se produjo un hecho sin precedentes en la pelota organizada cuando él y su hijo Orestes Jr. dispararon jonrones consecutivos en el juego final del play off para la victoria del conjunto. También jugó en República Dominicana, en 1963-1964, con los Leones delEescogido.

En 1992, a los 69 años, tuvo su último hijo. En 1983 fue electo al Salón de la Fama del Béisbol Cubano, con sede en los Estados Unidos. En el 2005 lo exaltaron al Salón de la Fama del Caribe. Aunque injustamente no ha llegado a Cooperstown, en 1969 fue incluido en las boletas.

Tras su breve regreso al juego, fue reinsertado en las votaciones desde 1986 hasta 1999, sin sobrepasar el 21,1 %, de 1988. También fue nominado en 2011, junto a Tony Oliva y Luis Tiant (hijo), sin resultados. Quizás haber jugado con tanta edad le haya restado méritos al decaer su rendimiento. Muchos continúan inconformes con su no ingreso en Cooperstown.

Por su coraje en el terreno y por su calidad como pelotero, el matancero se convirtió en un ídolo nacional y en una figura emblemática en Chicago. Su nombre está en el Salón de la Fama del equipo, su número se encuentra retirado y en el estadio aparece una estatua con su figura. Millones de personas en Estados Unidos, así como en Cuba, México y Latinoamérica, esperan que las puertas del Salón de la Fama sean abiertas para esta leyenda.

Algunos de los presentes en el Salón de la Fama de Cooperstown, no tienen un currículo tan amplio y meritorio. ¿Será que arrastra la carga de ser un latino negro? Sucede con Tony Oliva, Luis Tiant, el blanco Adolfo Luque, y otros.

Después de cincuenta y cuatro años de receso, el 8 de noviembre de 2014, como resultado de un amplio coloquio donde se dieron cita escritores, estadísticos, cronistas, narradores y otras denominaciones de especialistas en la historia de la pelota cubana, se refundó el Museo y Salón de la Fama del Béisbol Cubano.

Entre más de un centenar de propuestos, resultaron electos diez inmarcesibles del deporte nacional. Allí obtuvo una gran cantidad de votos Minnie Miñoso, junto a otros cuatro anteriores a las Series Nacionales:

Conrado Marrero, Camilo Pascual, el árbitro Amado Maestri y Esteban Bellán. Después de 1962:Omar Linares, Luis Giraldo Casanova, Antonio Muñoz, Braudilio Vinent y Orestes Kindelán. Todos conforman un haz invencible en el terreno. ¡Honor a quien honor merece!

Miñoso fue testigo de varias contradicciones en su carrera deportiva. En los Estados Unidos tuvo que arrastrar la exclusión por el color de la piel.

(Fuente: Cubadebate)