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Un bosque seco con fósiles del cretácico, declarado Patrimonio Natural y Cultural.

Una zona del valle del río Puyango, en el suroeste de Ecuador, alberga una gran colección de árboles petrificados al aire libre, troncos que hace más de cien millones de años se volvieron de granito por efecto de cataclismos.

Declarado como Patrimonio Natural y Cultural de Ecuador, el bosque del Puyango alberga una superficie de 2.659 hectáreas de un bosque seco subtropical situado a entre 300 y 500 metros de altura sobre el nivel del mar, con una temperatura promedio de 22 grados centígrados.

La existencia de árboles petrificados recién se descubrió en 1971 y se han encontrado fósiles de entre 65 y 120 millones años, que corresponden al periodo cretácico, según señala Miriam Córdoba, una guía de la reserva oriunda de ese mismo sector.

Pese a ser un gran yacimiento de fósiles, los estudios sólo se han efectuado en la superficie, para tratar de proteger el maravilloso entorno de la región, donde se forman cascadas y remansos que, ante el agobiante calor del mediodía, invitan a tomar un chapuzón en sus templadas aguas.

Se trata de coníferas araucarias que poblaron la zona hace unos 300 millones de años y que fueron sepultadas por erupciones y terremotos. Maremotos y grandes presiones permitieron que la materia orgánica no se descompusiera por la falta de oxígeno.

Por los capilares de los troncos se filtraron elementos como el silicio, carbonato de calcio, hierro, pirita, aragón y potasio, entre otros, que lograron cristalizar las células vegetales y las convirtieron en piedra, en procesos que duraron millones de años.

Ese mismo proceso sucedió con moluscos y por eso en el bosque del Puyango se pueden encontrar fósiles petrificados de conchas, almejas, caracoles y amonites, algunos de los cuales llegan a medir dos metros de diámetro.

En América, además del Puyango, existen otros dos bosques petrificados, uno en el desierto de Arizona, en Estados Unidos, y otro en la Patagonia argentina.

Sin embargo, el del Puyango es el único bosque que combina árboles petrificados y naturales, además de que se lo puede visitar durante todo el año.

Hasta la zona protegida del Bosque Petrificado del Puyango llegan unos 10.000 visitantes cada año, quienes disfrutan también de la gastronomía del lugar.  como el estofado de gallina y el “tigrillo”, un revuelto frito de plátano verde, queso, huevos y trozos de chicharrón que se disfruta mejor en el desayuno.

(Fuente: EFEverde)