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Por Luis Machado Ordetx                                

Pronunciamientos recíprocos originaron, de un lado y de otro, la noticia de fin de año. Contundentes cambios en la política estadounidense hacia Cuba lo anuncian. En primer orden está el  restablecimiento de relaciones diplomáticas, rotas desde el 3 de enero de 1961, días antes de proclamarse el carácter socialista de la Revolución. También se incluye el levantamiento de las restricciones que impiden a los norteamericanos a efectuar viajes a la isla caribeña y conocer de cerca su realidad histórica. Es el paso del triunfo de la razón.

Hace más de nueve décadas, un nacionalista, por derecho antimperialista de Santa Clara, Luis Marino Pérez, lo declaró enfático. Dijo que «nada puede evitar que Cuba y los Estados Unidos estén unidos estrechamente en el orden económico, y un gran pueblo que ama la justica, jamás podrá mantener íntimos lazos con otro pueblo si esos lazos no descansan sobre un trato justo y recíprocos beneficios». Fue el fundamento solicitado siempre por nuestra isla antillana en el concierto de las naciones del mundo.

Un camino queda ahora expedito entre ambos países y pueblos, sin imposiciones de ningún tipo. Todo marcará el curso de la historia para deshacer un diferendo que imposibilitó los nexos bilaterales.

El mundo aplaude ese diálogo entre los Presidentes cubano y norteamericano. Aunque todavía se mantienen intactas las provisiones claves del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a isla durante más de medio siglo, las tensiones se relajan, y el Congreso estadounidense dirá la última palabra.

Así lo exigieron los sucesivos editoriales publicados por el diario norteamericano The New York Times,empeñado en poner fin al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, giro de la política norteamericanapara acabar con un bloqueo insensato.

Desde 1767, una década antes de que las Trece Colonias inglesas declararan su independencia, Benjamín Franklin describió la necesidad de colonizar el valle del Mississippi para que fuera “usado contra Cuba o México…”. Eso demostró que la política agresiva estaba enraizada en los fundamentos históricos de la nación norteña. Al presidente Barack Obama tocó poner fin a un enfoque anticuado en el capítulo entre las naciones de las Américas. Aparecerán para los cubanos otras batallas colosales. El bloqueo criminal, de un modo u otro, y el desencuentro político de las administraciones norteamericanas ha sido un fracaso. Las iniciativas para eliminarlo enfurecen a miembros recalcitrantes del exilio cubano, un grupo electoral decisivo en los comicios nacionales. La generación de cubanos que, desde los Estados Unidos, defiende el embargo está desapareciendo.

Como dijo Obama, «Ni el pueblo estadounidense ni el pueblo cubano se benefician de una política rígida que tuvo su origen en los acontecimientos que tuvieron lugar antes de que la mayoría de nosotros hubiéramos nacido», y es primer rumbo hacia una convivencia civilizada que posibilitará un clima de distención entre todos los países americanos y el mundo.

Sin renunciar a uno solo de nuestros principios, como afirmó Raúl, se ha alcanzado una victoria política trascendente. Ahora, según palabras de nuestro Presidente y General de Ejército, “debemos aprender el arte de convivir, de forma civilizada, con nuestras diferencias”.