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Ela O’Farril, nació en Santa Clara, en 1930, y es autora de boleros emblemáticos de la música cubana como “Adiós, felicidad”.  De ella escribió en estas páginas, la compositora Marta Valdés: 

Fue Ela O’Fárrill, a instancias de Omara Portuondo, quien compuso, en el año 2008, la hermosa canción que puso un toque especial de emoción al tributo dedicado a Elena Burke en el Museo de Bellas Artes, con motivo del aniversario 80 de su nacimiento. Hoy nos toca conmemorar los 80 años de edad de esta gran compositora llegada al mundo allá en el centro de la Isla, exactamente en Santa Clara, ciudad que ha visto nacer a muchas de las más refinadas sensibilidades musicales que registra nuestra historia. 

Antes de encaminarse definitivamente en el mundo de la música como compositora e intérprete, Ela O’Farrill se había desempeñado como maestra. Cuando sus canciones llegaron a los ambientes de reunión donde a finales de los cincuenta, en La Habana, coincidíamos algunos jóvenes compositores e intérpretes o simples amantes de las canciones enmarcadas en esa manera de ser, sonar y escuchar que identificábamos como “feeling”, venían hechas y derechas, como nacidas de un experimentado maestro y es que su autora, muy al inicio de sus escaramuzas musicales en plena adolescencia, se las había agenciado para tomar unas intensas temporadas de clases con quien era su principal modelo, César Portillo de la Luz, de quien todavía a estas alturas se reconoce como discípula. 

A partir de 1959, las canciones que Doris de la Torre o la pianista Numidia Vaillant habían sacado a relucir como cosa curiosa “de la muchacha de Santa Clara”, empezaron a sonar en la voz y la guitarra de su autora. Eran canciones perfectas y no tardaron en aparecer grabadas en las voces de quienes –todavía al inicio de sus luminosas trayectorias– andaban en busca de un repertorio firme y novedoso que los auxiliara en el empeño de perfilar sus estilos. Boleros como No tienes por qué criticar, Son cosas que pasan, Cuando pasas tú, Nada son mis brazos y Adiós, felicidad, de esta primera etapa, figuraron en el repertorio más sonado de los años sesenta, en voces como Elena Burke, Pacho Alonso, Fernando Álvarez, Oscar Martin o Bola de Nieve, quienes las llevaron al disco. La propia autora con su voz y su guitarra, al frente de un grupo de excelentes músicos, se encargó de dejar marcada la memoria de sus contemporáneos en la intensa vida nocturna de La Habana así como en la enorme y variada programación de recitales y conciertos que se ofrecían en los museos y salas de concierto de todo el país. 

Su canción dedicada a la singular cantante Freddy, ha retornado al ambiente musical en un salto de medio siglo y adquiere un tono especial en la versión de la joven cantante Haila. Sara González, en el Volumen II de su serie discográfica Cantos de mujer, desempolva Nada son mis brazos y nos la trae vivita y coleando; la española Martirio, en uno de sus discos más recientes, Primavera en Nueva York, en diálogo con un grupo de excelentes jazzistas, pone a prueba Son cosas que pasan y -sin necesidad de alterarle un giro, un acorde o una palabra-nos la regala como si fuera “nueva de paquete.”. Por si fuera poco, Omara Portuondo nos ha regalado una nueva versión de Adiós, felicidad, que incluye en su disco Gracias, merecedor, en el año 2009, del codiciado Premio Gramy Latino. 

(Fuente: Cubadebate)