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7:46:24 a.m.

Por Rosa Miriam Elizalde

Cuba jamás supo, hasta ahora, de la propuesta del ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger de “machacar” a la Isla en 1976. Néstor García Iturbe, quien representó al gobierno de La Habana en las primeras negociaciones secretas entre ambos países desde el triunfo de la Revolución, asegura que en la última reunión sostenida el 7 de febrero de ese año el ambiente fue distendido y solo se trató el tema de la visita de ciudadanos residentes en Estados Unidos a sus familiares en Cuba.

“No teníamos idea de que Kissinger estaba proponiéndole en ese momento al Presidente (Gerard) Ford que arrasara con la Isla. Aquel último encuentro en el aeropuerto nacional de Washington transcurrió con normalidad, aunque sí suponíamos que no todo estaba normal”, asegura García Iturbe, hoy profesor titular del Instituto Internacional de Relaciones Internacionales, de La Habana.

Sus declaraciones se producen a propósito de los documentos desclasificados la semana pasada, contenidos en el libro Back Channel to Cuba (El canal oculto hacia Cuba), de los investigadores William M. Leogrande y Peter Kornbluh, que narra las negociaciones y contactos secretos entre Washington y La Habana desde 1959.

El libro revela un memorando del encuentro sostenido entre el Presidente Ford y su Secretario de Estado: “Creo que vamos a tener que machacar a Castro”, dijo Kissinger en una reunión en la Casa Blanca el 25 de febrero de 1976. “Pero no podemos hacerlo antes de las elecciones (presidenciales )”, añadió. “Estoy de acuerdo”, respondió Ford.

Otro documento reseña la reunión con Ford el 15 de marzo de 1976, donde Kissinger comentó que el propósito del bombardeo a Cuba era “humillar” a los cubanos. Planeó, además, minar y bombardear los puertos de la isla y sus instalaciones militares en respuesta a la decisión del gobierno cubano de enviar tropas a Angola. El plan contemplaba una respuesta militar soviética, lo que habría desembocado en una “guerra general”. El ataque, pensado para después de las elecciones, no se produjo, porque fue un demócrata, Jimmy Carter, quien finalmente se alzó en las urnas.

“Sabíamos que no estaban felices con nuestra presencia en África, y lo habían dicho por escrito. Pero ellos estaban financiando en ese momento las fuerzas sudafricanas que invadían a Angola. Nosotros podíamos estar tan molestos como ellos, y no interrumpimos las conversaciones ni planificamos bombardeos”, añade García Iturbe.

Aplazado hasta después de noviembre el bombardeo que pedía Kissinger, Washington optó por utilizar a terroristas subcontratados por la CIA para tratar de “humillar” a la isla. El año 1976 fue uno de los más sangrientos en la historia de las operaciones terroristas organizadas desde Estados Unidos contra la nación caribeña, recuerda García Iturbe.

En los últimos seis meses de 1976, terroristas entrenados por Estados Unidos detonaron más de 50 bombas contra instalaciones cubanas en el exterior, incluyendo las dos que causaron la voladura de una aeronave civil de Cubana de Aviación con 73 personas a bordo, hace hoy 38 años. Uno de los autores intelectuales de ese atentado en el que murieron todos los pasajeros, Luis Posada Carriles, vive en Miami, protegido por las autoridades estadounidenses.

Piero Gleijeses, profesor de la Universidad Johns Hopkins (EEUU) y autor de la investigación más documentada sobre la presencia de Cuba en la guerra de Angola hasta la caída del Apartheid en Sudáfrica a fines de los 80 del siglo pasado, Misiones en conflicto, reconoce que el gobierno de los Estados Unidos estaba muy indignado por la presencia militar cubana en África, y que “Kissinger reaccionó como el matón de barrio que es”.

“Fidel derrotó al eje del mal (Washington y Pretoria) en Angola y los humilló. Los gringos querían vengarse, y este sentimiento no ha disminuido ni siquiera después de tanto tiempo. Los anglosajones no tienen el sentido de fair play que tenemos nosotros los latinos”, dice Gleijeses.

Cubadebate conversó con Piero, vía correo electrónico. Autor también de un libro monumental sobre la intervención de Estados Unidos en la Guatemala de Jacobo Arbenz —La esperanza destrozada—, Gleijeses describe el contexto en que se produce este episodio que ahora sale a la luz con los nuevos documentos desclasificados en EEUU, y de las razones que movieron al gobierno cubano a ofrecer su ayuda internacionalista a Angola, a pesar de que estaba consciente de que desataría la soberbia imperial.

—¿Por qué Kissinger culpó a Cuba del cierre de las negociaciones?

—Kissinger culpó a Cuba del cierre de las negociaciones por el envío de las tropas cubanas a Angola que, según él (y su gobierno) hacía imposible seguir negociando. Había que castigar a los cubanos.

Claro, en su indignación —porque de veras estaban indignados—, los gringos soslayaron el hecho de que Fidel mandó las tropas para salvar a Angola de la agresión surafricana, agresión que los mismos gringos habían alentado. En lo que se refiere a la indignación de los gringos, hay que tomar en cuenta el hubris imperial que siempre ha caracterizado a EE.UU. y su gran capacidad de transformar la víctima en agresor cuando el agresor es EE.UU.

Fidel derrotó al eje del mal (Washington y Pretoria) en Angola y los humilló. Los gringos querían vengarse, y este deseo de vengarse no se le ha quitado ni después de tanto tiempo. Los anglosajones no tienen el sentido de fair play (juego limpio) que tenemos nosotros los latinos.

—¿Valoró el gobierno cubano que su ayuda a Angola descarrilaría la posibilidad de reconstruir las relaciones con EE.UU.?

—Sí, y esto es muy bonito. Cuba estaba dispuesta a pagar este precio – y no solo en aquel momento, esa fue una línea política constante durante las administraciones de Carter y Reagan. Cuando Carter, los gringos estaban dispuestos a normalizar las relaciones con Cuba, siempre que Cuba retirara las tropas de Angola, aun cuando la CIA misma reconocía que la presencia cubana era necesaria para salvar la independencia de Angola. Y Cuba se negó y no se doblegó al chantaje de los gringos. Y hay aquella cátedra bellísima de moralidad que Fidel le imparte a los enviados de Carter en diciembre de 1978:

Sentimos que es profundamente inmoral utilizar el bloqueo para presionar a Cuba. Estamos profundamente irritados, ofendidos, e indignados debido a que por casi 20 años han utilizado el bloqueo como un elemento de presión para doblegarnos. Quizás debiese añadir algo más. No debiese haber ninguna equivocación—no podemos ser presionados, impresionados, sobornados o comprados. Quizás los Estados Unidos piensan que pueden hacer lo que quieran y lo que les conviene, porque son un gran poder. Parecería que ellos sostienen que hay dos tipos de leyes, dos tipos de reglas y dos tipos de lógica. Una para los Estados Unidos y otra para los demás países. Quizás es idealista de mi parte, pero yo nunca acepté las prerrogativas de los Estados Unidos. Yo nunca acepté y nunca aceptaré el hecho de una ley diferente y de reglas diferentes. Ojalá que la Historia sea testigo de la vergüenza de los Estados Unidos que por veinte años no ha permitido la venta de medicinas que necesitamos para salvar vidas. La Historia será el testigo de su vergüenza.

Y esto sigue con Reagan, y ahí lo que hace Cuba es más valiente —yo diría heroico—todavía, porque el precio no era solo la continuación del bloqueo: existía el riesgo de una agresión armada de EE.UU. Y el gobierno cubano tenía plena conciencia de que no había el escudo soviético (pienso en la conversación de Raúl Castro con Andropov en diciembre de 1982). Y otras palabras muy elocuentes de Fidel, esta vez a José Eduardo, cuando le dijo en septiembre de 1986 que Cuba

se sintió siempre bajo amenaza, pero no nos retiramos. Seguimos ayudando a Nicaragua, al movimiento centroamericano, y seguimos ayudando a Angola… Es probablemente nuestro más importante logro, Camarada José Eduardo, que estábamos siempre bajo amenaza … Sin embargo no solamente nos rehusamos a retirarnos, sino que reforzamos nuestras tropas en Angola. Creo que esa es la historia de nuestra Revolución, Camarada.

José Eduardo, nuestras acciones internacionalistas son nuestros más importantes logros, porque cualquier otro país que se ve amenazado hubiera retirados sus tropas y sus armas para defender la patria, pero nosotros hicimos lo opuesto—porque tuvimos confianza en nuestro pueblo, en la habilidad de nuestro país para defenderse.

—¿Le sorprende la reacción de Kissinger de querer “aplastar” a Cuba para “humillarla” supuestamente por tener tropas en África?

—No, no me sorprende, es la reacción típica de quien llaman en Perú matón de barrio o algo por el estilo —en ingles thug—. Pero creo que si bien esta reacción reflejaba la rabia de Kissinger, que había salido muy justamente humillado de la jugada sucia de EEUU (aplastar el MPLA en contubernio con Sudáfrica), sin embargo no se hubiera atrevido a lanzar un invasión de Cuba, de la misma manera que no se atrevió Reagan. No por consideraciones de derecho internacional, que de esto no les importa un pito a los gringos, sino por consideraciones muy prácticas: es decir, les hubiera costado muy caro. Este es un tema que se discutió mucho más seriamente en 1981-82. Y esta fue la valoración de la Agencia de Inteligencia del Pentágono:

Los soldados cubanos son cultos, y bien entrenados en su especialidad. Están adoctrinados en la política, muy disciplinados y leales. Están acostumbrados a vivir en condiciones simples. Casi todos los cubanos defenderían la patria sin titubear, especialmente contra un ataque de los Estados Unidos o de los exiliados cubanos. Los oficiales generalmente están altamente motivados, profundamente adoctrinados, bien entrenados y acostumbrados a vivir sin pretensiones. Las Fuerzas Armadas cubanas -concluyó la DIA-, son capaces de hacer una defensa tenaz de la isla.

Claro en 1981 las FAR tenía mejores armas que en 1976 y me imagino más entrenamiento, pero los gringos estaban muy conscientes ya en la década de los setenta de cual sería la resistencia de las FAR y del pueblo cubano.

(Fuente: Cubadebate )