20140930143310-antilopes-roam.jpg

 

8:23:21 a.m.

Hifikepunye Pohamba, presidente de la República de Namibia, de visita de trabajo en Cuba, expresó su satisfacción por el estado de salud de los 144 animales de 22 especies donados por su país a Cuba en una maniobra transoceánica sin antecedentes.

Entre noviembre del 2012 y diciembre del 2013 llegaron a La Habana los dos vuelos de la operación Arca de Noé II con 144 animales, de 22 especies.

La colección fue trasladada al Parque Zoológico Nacional (PZN) de Boyeros, donde fueron creadas las condiciones para el recibimiento, aclimatación y reproducción de 50 machos y 94 hembras, entre ellos varios tipos de antílopes, leones, guepardos, elefantes y rinocerontes. (Ver más fotos e infografía en Génesis de un Arca)

Durante un recorrido por zonas de la instalación, con una superficie de 342 hectáreas, Hifikepunye Pohamba dijo en tono jocoso que si se multiplican mucho habría que devolverlos al Parque Nacional Etosha, uno de los más grandes del orbe, porque podrían sobrepasar la capacidad del zoo cubano.

Namibia carece de zoológico y los animales cedidos en gesto de amistad no viven en cautiverio, sino libremente en su hábitat natural, de donde los trajeron por vía área, en huacales, en dos vuelos de un mismo avión habilitado para ese traslado.

El donativo comprendió también equipos de laboratorio, medicamentos, armamento (fusiles) para la sedación de los ejemplares feroces, y alimentos para la etapa de aclimatación en la cuarentena en el Centro para la Producción de Animales de Laboratorio y en el propio PZN.

De Namibia a La Habana

Atraparlos conllevó cierto nivel de riesgo que, en el caso de los ungulados  (mamíferos cuyas extremidades terminan en pezuñas), fue necesario perseguir desde helicópteros, a ras de los árboles.

El trabajo con los carnívoros precisó otro nivel de complejidad. Los más difíciles de ubicar fueron los chitas, porque después de comer se desplazaban hasta 100 Km. Una vez detectados, desde el aire se les disparó sedantes.

Con cámaras de visión nocturna se ubicaron los leopardos. Durante una semana se les atrajo con carnada en los árboles, para acostumbrarles a comer en el mismo sitio. Otra semana más para llevarles el cebo hasta dentro de una jaula-trampa, sin activarla, para adaptarlos a buscar la comida allí. A la semana siguiente se activó el mecanismo de cierre.

Inicialmente se capturó el doble de los animales que viajaron. Al final se escogieron en vistas al fenotipo, edad, sexo y el resultado de los exámenes de las enfermedades que se exigieron.

Para el viaje fue necesario familiarizarlos previamente dentro de los huacales, a razón de cuatro animales en cada uno.  En esas condiciones transcurrirían más de cinco horas por carretera, hasta el aeropuerto de embarque,  y casi 15 horas de vuelo hasta La Habana.

Los animales no fueron sedados para viajar, excepto el antílope roan, que fue el más nervioso de todos. Hubo que hacer coincidir el momento de salida en Namibia con el momento de llegada a Cuba.

Para bajarlos hubo que esperar la tarde noche, con temperatura más fresca; estaban muy agotados, en más de 48 horas no tomaron agua ni ingirieron alimentos.

Adaptación y reproducción en cautiverio

Adaptarse a las nuevas condiciones de vida en cautiverio fue un proceso largo, y en cual estaba previsto la reproducción y mejora genética de algunos de estos ejemplares. El nuevo ambiente implicaba adaptarse a los cuidadores, al agua, al tipo de comida, incluso a las enfermedades de Cuba, muy diferentes a las africanas, y para las que no están preparadas, debían crear anticuerpos. Es la parte más difícil. Internacionalmente se plantea que se produce  más mortalidad en este periodo que en los anteriores.

De los antílopes, el eland del Cabo y el cuernos de corazón se adaptaron con relativa facilidad, no así los impalas y springbok, de temperamento más nervioso. A los elefantes y rinocerontes fue preciso modificarles su comportamiento silvestre para que pudieran convivir con los ejemplares de su misma especie.

Con los rinocerontes blancos se trabajó en base a la relación de los jóvenes recién llegados, con los ya establecidos, la idea era reforzar genéticamente las colecciones. Los negros, con otras características, fueron para el área de reproducción pues su comportamiento es solitario.

Los leones también fueron destinados a la mejora genética de la colección, cubana, pues los primeros llegaron en 1974 procedentes de la República de Tanzania.

La experiencia cubana

Cada día crece la lista de los animales en peligro de extinción. El cambio climático, la deforestación y la contaminación ambiental son las principales causas para la desaparición de algunos, pero también la caza furtiva y la comercialización. El aumento del precio de los cuernos de rinoceronte, los colmillos de elefante y las pieles de leopardo lo ejemplifican.

De los animales traídos desde Namibia se encuentran en esa relación los antílopes roan y leopardos, las dos especies de hienas, y el león de, pero los más amenazados son los paquidermos.

La experiencia de los especialistas cubanos en la reproducción y conservación de las especies (foráneas y nacionales) ha sido compartida en otras tierras, así como las investigaciones de otras latitudes se aplicadas en Cuba. El solo hecho de la educación ambiental a las nuevas generaciones justifica la permanencia de los zoológicos. En ellos viven tranquilos y alejados de peligros.

Actualmente, y en dependencia de las características de cada cual, los ejemplares de Namibia podrán ser contemplados en el Parque Zoológico Nacional, cuya colección para la exhibición sobrepasa los  600 animales de 88 especies, aunque con los nuevos inquilinos la cifra ha crecido.

(Fuente: Vanguardia / Granma)