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8:22:31 p.m.

Una noche más las calles de Ferguson, suburbio de St. Louis de 20.000 habitantes, fueron testigos de una noche de enfrentamientos entre la policía y los manifestantes.

Como ya es habitual, a una jornada de exhortaciones por la paz, vigilias y discursos constructivos le sucedió el toque de queda nocturno, y a este la imparable escalada de tensión entre las fuerzas antidisturbios y quienes protestan por la muerte del joven Michael Brown a manos de la policía. 31 personas fueron detenidas.

Para complicar todavía más la situación, entre ellos figuran varios periodistas, como Ryan Devereaux, de The Intercept, arrestado en la madrugada del lunes al martes y liberado el mismo martes por la mañana.

Los disturbios incluyeron cargas policiales, lanzamiento de gases lacrimógenos y pelotas de goma, así como cócteles incendiarios y piedras contra la policía por parte de algunos exaltados.

Precisamente estos últimos han sido considerados como perjudiciales por numerosos líderes negros. Así Malik Shabazz, presidente de Black Lawyers for Justice, declaraba a la CNN que estos «infiltrados», alborotadores profesionales a su entender, «han estado aquí todo el día tratando de provocar a la policía para que nos ataque».

De nada ha servido que el gobernador del Estado de Missouri, Jack Nixon, hubiera ordenado el despliegue de la Guardia Nacional para calmar los ánimos. Hay quien incluso juzga contraproducente su participación: las imágenes de la milicia patrullando las calles han retrotraído a los días en que la Guardia Nacional actuaba durante las protestas por los derechos civiles, en los sesenta.

El presidente Obama se dirigirá esta noche a la nación en un discurso televisado, en lo que constituirá un decisivo intento por apelar a la cordura.

La crisis humanitaria y el subsiguiente bombardeo en Irak, el auge del islamismo extremista en Siria, el conflicto entre Israel y Palestina, los desencuentros con Rusia, el problema de la inmigración y ahora los disturbios raciales se acumulan en la agenda de un mandatario que conoce su verano más turbulento desde que llegó a la Casa Blanca.

(Fuente: SRR)