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12:01:46 p.m. 

El récord de remontadas en un Mundial estaba a tiro y Holanda no quiso perder la oportunidad de llevarse el mérito, con el añadido de que es el primer país que logra venir de atrás en tres encuentros de la misma Copa. Su hazaña llegó con sufrimiento, pues lograron revertir el curso del choque frente a México en un epílogo dramático. 

Pero la historia solo recogerá ese detalle. Posiblemente, en unos años nadie recuerde que los aztecas pusieron contra las cuerdas a los tulipanes  en un partido tenso, trabajado y de mucha brillantez por ambas partes. 

Lógico, no estamos en el futuro y toca hablar del asunto, sobre todo de la entrega de los mexicanos y su interesante propuesta en este Mundial, en el que lucieron un fútbol dinámico y efectivo, sin estridencias pero de mucha solidez. 

Esos valores le alcanzaron para dejar sin aire a los holandeses durante buena parte del encuentro correspondiente a octavos de final, marcado por un horrendo calor y humedad superlativa que provocó dos recesos para la hidratación de los protagonistas. 

Presión en la medular, buen manejo del balón y un retraso de las líneas europeas lanzaron a México rumbo a una carrera en la que casi siempre llevaron la delantera. Suyas fueron las mejores ocasiones durante la primera mitad, en la cual Giovani, Peralta y Guardado se plantaron frente al marco holandés con muy malas intenciones. 

Su juego no resultó monotemático, se movieron bien entre líneas, desbordaron por las bandas, reaccionaron con claridad en los contragolpes y probaron suerte desde lejos, pero el arquero Cillessen contuvo con solvencia y seguridad. 

Salvo por eso, de Holanda había pocas noticias, replegada y con desplazamientos horizontales, sin apenas crear peligro. Solo las galopadas de Robben despertaban cierto nervio entre los aztecas, pues incluso Van Persie anduvo perdido y sin el instinto asesino de las dos primeras salidas. 

En el complementario, con las ideas más frescas, Giovani se mandó una carrera y remató de improviso, casi sin ver la puerta, con el aliento de la defensa en la nuca. El disparo fue tan sorpresivo que ni siquiera Cillessen atinó a reaccionar, con una estirada tardía y sin sentido. 

Después del éxtasis, los mexicanos pecaron de pasivos y en un lapso de 15 minutos su ventaja se pudo borrar en una abrir y cerrar de ojos, pero aguantaron gracias a una defensa muy bien ubicada, con anticipación en el corte y muy pendiente de Robben, Sneijder y Van Persie, quienes realmente podían marcar la diferencia. 

Pasado el temporal, los pupilos de Miguel Herrera se asentaron, controlaron e incluso armaron jugadas interesantes para finiquitar el desafío. Sin embargo, en los últimos minutos cayeron en la trampa de defender el resultado con la única variante de recostarse sobre su portero, detalle que a la larga le pasó la cuenta. 

Memo Ochoa, pulpo, jugador del partido y candidato a mejor portero del Mundial, mantuvo su valla en cero una y otra vez, en ocasiones por los reflejos, en otras por la suerte y los palos. Lo cierto es que tenía bajo control a los tulipanes, quienes nunca se resignaron. 

Por eso lograron empatar a dos minutos del final por un fogonazo de Sneijder que destrozó las redes, mortal desatención de la zaga mexicana al dejarlo libre en los linderos del área. Después, a escasos segundos del tiempo extra, Rafa Márquez cometió otro error al ponerle una zancadilla a un sobrenatural Robben (corrió por cuatro pese al calor), que cayó al suelo. 

El árbitro Pedro Proença señaló penal y Huntelaar, con una sangre fría de espanto, batió por fin a Memo. Ese fue el fin, injusto tal vez, cruel en toda la medida para un conjunto mexicano que desplegó un juego correcto y valiente en el Mundial, siempre conscientes de sus posibilidades y aprovechando muy bien las debilidades del contrario. 

Sin embargo, eso ya no cuenta. Se marchan a casa por sexta ocasión consecutiva sin sobrepasar los octavos, lo que nos hace pensar en una maldición considerable. Holanda, por su parte, sigue en el sendero, con ilusión y ganas de poner fin a su gafe en fases finales. Veremos qué dice el destino. 

(Fuente: Granma)