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Es la revancha de Juan Carlos Varela, nuevo presidente de Panamá, quien ha sido un vicepresidente marginado del gobierno de Ricardo Martinelli y se lanzó a esta contienda desde la tribuna opositora. Durante la campaña, el millonario fabricante de ron dijo que tendría la firmeza de Alvaro Uribe (el ex presidente colombiano de línea dura con la guerrilla) y el corazón de Michelle Bachelet, la actual mandataria de Chile.

La jornada transcurrió de forma tranquila, pero matizada por el voto del ex dictador preso Manuel Noriega, el anuncio de sus próximas cirugías estéticas por parte del presidente Ricardo Martinelli y la circulación de diarios falsos que anunciaban supuestas renuncias de candidatos. Casi 2,46 millones de ciudadanos estuvieron habilitados para escoger en las urnas al sucesor de Ricardo Martinelli y al próximo vicepresidente, 71 diputados, 77 alcaldes, 648 representantes de corregimiento y siete concejales. «Hubo tasa de asistencia de 76,1 por ciento, y la jornada transcurrió con pocos incidentes y un gran nivel de transparencia», afirmó el presidente del Tribunal Electoral, Erasmo Pinilla, una vez cerrados los comicios.

Arias y Navarro votaron en la capital y Varela en Pesé, una región central productora de caña, donde tiene su industria de ron. Los tres aspirantes se cuidaron, al emitir su sufragio, de pedir apoyo, lo cual está vedado el día de la votación. No obstante, hubo algunos episodios singulares, como el hecho de que Noriega votara por primera vez desde que fuera derrocado en 1989. El ex dictador, de 80 años, emitió su sufragio en la cárcel El Renacer, a orillas del Canal de Panamá, donde está recluido desde diciembre de 2011, cuando regresó extraditado a Panamá después de haber estado preso en Estados Unidos entre 1989 y 2009, y desde entonces en Francia. «Noriega salió caminando de su celda hacia el área de la votación, y bromeó algo con los presentes», informó el diario Panamá América en su página de Internet. Noriega, con su salud delicada según familiares y abogados, cumple tres condenas de 20 años por la desaparición de opositores.

También resultaron fuera de lo común las declaraciones que Martinelli hizo después de votar, cuando anunció que una vez que entregue el gobierno se dedicará a «joder (disfrutar) la vida» y se someterá a dos cirugías estéticas. «Estoy cansado de recibir demasiado palo de los periodistas; yo quiero venir a joder la vida de aquí para adelante», dijo el mandatario, quien, sin embargo, precisó que se dedicará a manejar la cadena de supermercados que posee, a la actividad política como titular del partido Cambio Democrático y a la fundación que preside.

También reveló que se someterá a cirugías para colocarse un anillo gástrico —«Hago dietas, bajo 11 libras y a la semana subo ocho libras», se lamentó— y a realizarse un face lift (estiramiento del rostro). Antes de emitir su voto, Martinelli había denunciado que, a poco de la apertura de los comicios, circularon ejemplares falsos del diario La Prensa con portadas que anunciaban las supuestas renuncias de Arias y de Navarro a participar de la elección. En una de las portadas, el título principal era «José Domingo Arias renuncia a la elección» y en la otra, «Juan Carlos Navarro renuncia a la elección”, en ambos casos con un cintillo que afirmaba que se trataba de una “edición especial de última hora». El propio periódico confirmó en su sitio web que debió enviar personas a recoger los ejemplares apócrifos «en distintos puntos de la ciudad de Panamá», y exhibió una fotografía que mostraba varios de esos impresos en el interior de una camioneta. Asimismo reportó que el fiscal general electoral, Eduardo Peñaloza, dijo que iniciaría una investigación sobre el caso.

«Gane quien gane no va a haber mayor cambio, seguiremos gravitando entre populismo, la apertura al exterior y la media protección, es decir lo de siempre. El crecimiento económico ha beneficiado a una elite», subrayó el especialista en mercadeo político Jaime Porcell. En los últimos años, Panamá vivió un fuerte crecimiento económico (8,4 por ciento en 2013), pero aumentó la desigualdad social. Un 26 por ciento de sus 3,8 millones de habitantes es pobre, y muchos no tienen servicios básicos como el agua.

(Fuente: Página 12)