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Con un bateo muy por encima del promedio y una cohesión digna de admirar, Matanzas se convirtió en el primer clasificado y buscará el título, esquivo para la provincia desde 1991.

Armar una novena de béisbol con todas las de la ley no es tarea de un día. De la noche a la mañana resulta imposible hacer encajar los elementos para el funcionamiento pleno de cualquier escuadra, por mucho talento que tengan los jugadores. El más claro ejemplo en la Serie Nacional cubana lo encontramos en Matanzas, perdedores durante los tres lustros precedentes, que paulatinamente han experimentado una metamorfosis.

Si bien los Cocodrilos pasaron de un crítico puesto 14 al tercer lugar en un año, no lograron alcanzar el clímax del funcionamiento en la primera experiencia de Víctor Mesa como mentor de la selección en el 2011. Por aquellos días se vivieron instantes de plena revolución y entusiasmo, en los que el plantel comenzó a inmiscuirse en una dinámica ganadora, pero todavía restaba un largo camino de cara a la consolidación del equipo y las ideas de su director técnico.

Ya en el 2012 se notaron avances. Jugaron un béisbol de mayor calidad, con ráfagas de excelencia que les permitieron anclarse en la discusión del cetro. Sin embargo, en dicha instancia no pudieron frenar el inspirado tren de los Naranjas villaclareños, cuyo maquinista Freddy Asiel Álvarez sentó cátedra de pitcheo con par de imponentes triunfos, mientras la presión por el compromiso con sus parciales les jugó una mala pasada a los yumurinos.

En aras de aplacar este hándicap, comprensible en un conjunto de varios jóvenes y sin tanta experiencia en fases definitivas, el inquieto Víctor Mesa ha inculcado a sus pupilos una mentalidad ganadora y les ha hecho pensar que tienen las condiciones para imponerse en el certamen doméstico.

Muchos no podrán estar de acuerdo con su filosofía, pero nadie puede negar sus dotes como motivador, que lo ubican en el centro del proyecto de los Cocodrilos. Hoy, el estratega es catalizador y organizador de todo el talento reunido en una de las provincias con mejor cantera y tradición de todo el país.

Ejemplos clásicos son Yadiel Hernández, Yurisbel Gracial o Guillermo Heredia, quienes llevaban al menos tres temporadas en las filas matanceras sin grandes dividendos, además de José Miguel Fernández, Lázaro Herrera y Ariel Sánchez, juntos por casi una década con aceptable rendimiento, pero lejos de funcionar como una novena cohesionada.

Esta situación se ha invertido por completo en el presente, todos han encontrado su lugar y han aceptado el rol asignado por la dirección, de forma que nadie siente descontento o incomodidad con su estatus. También, han encajado a la perfección los complementos llegados de otras provincias, como el torpedero de Guantánamo Dainer Moreira y el inicialista espirituano Yasiel Santoya, quienes han llenado huecos en posiciones claves del infield. 

Un viejo adagio beisbolero refiere que un equipo no es tan malo como parece en racha adversa ni tan bueno como luce en racha triunfal, pero los matanceros, incluso en los partidos perdidos, han mostrado una imagen sólida, sustentada en la variabilidad de su ofensiva, capaz de fabricar carreras por cualquier concepto.

Lo mismo pueden comerte a jonrones, que anotar varias veces apoyados solo en la velocidad, sin obviar que dan muy poco margen a los contrarios en el tema defensivo, con indicadores aceptables y muy por encima de la deprimida media nacional.

¿El campeonato? Esa es la meta, sin dudas, aunque lograrla no será tarea fácil. Hasta el momento han vencido los primeros escollos, pero resta aún un trecho corto, intenso, de soberanas exigencias, donde se mide la verdadera categoría de un conjunto. Ahí tendrán que mostrar, inevitablemente, si cuentan con los galones suficientes para alzar el trofeo de monarcas, dos décadas después.

(Fuente: Granma)