&wid LA TECLA CON CAFÉ

Plomo, plomo y metralla en Santa Clara

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6:50:48 a.m.


 

Por Luis Machado Ordetx y Horacio Pérez Noa

El Che fue fotografiado por una adolescente de las inmediaciones Santa Clara. La imagen es exclusiva. Ocurrió en la mañana del lunes 29 de diciembre de 1958, previo al asedio y ofensiva final contra las fuerzas batistianas acantonadas en la antigua capital de Las Villas.

El jefe de la columna No 8 Ciro Redondo aparece en el extremo derecho, con un puro humeante en la boca, vestido de verde olivo y una boina oscura que esconde su lacio y largo cabello. Tiene el brazo izquierdo enyesado, y llegó al lugar para ultimar detalles sobre la propaganda en tiempos de una guerra que consideró crucial en el plan «operativo» que elaboró a mediados de octubre, fecha en la cual arribó al Escambray con el propósito de tomar pueblos y ciudades, hasta aislar a Santa Clara del resto del país.

¿Quiénes son los acompañantes? ¿Qué lugar  dejó la huella? El domingo 28, el Che llegó a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. En ese Día de los Santos Inocentes, estableció allí su Comandancia. Había recorrido ya el trayecto Placetas a Santa Clara, último en el camino de la victoria. En la estrategia, el Che definió el movimiento de las huestes  rebeldes. Tomarían los cuatro puntos cardinales que bordean la ciudad. Sitiaría y aislaría, desde la periferia, a todas las fortalezas militares existentes en la localidad. Ese constituyó su soberano propósito.

En el extremo derecho está el capitán Juan Abrantes Fernández, y al centro, el ingeniero eléctrico Ignacio Díaz Pérez. El Che aparece a la izquierda. El terreno exterior que captó la imagen corresponde al transmisor de la CMQ-Radio, en las inmediaciones del colegio saleciano «Rosa Pérez Velazco», de Santa Clara. La impresión quedó registrada por una cámara alemana Dacora Daci, de 1950, un equipo de cajón hecho de aluminio prensado. El accedió a fotografiarse, como quien asume una complacencia, y una muchacha, hija de Díaz Pérez, dejó grabado un instante para la historia cubana.

El jefe guerrillero visitó en su hogar-centro de trabajo al ingeniero eléctrico y le solicitó «echar a andar» con premura ese transmisor, vital en las comunicaciones radiales entre el centro-oeste, y la región oriental del país. — ¿Qué necesitan?, dijo el Che.

—   ¡Una planta eléctrica!, respondió el hombre de inmediato.

—   Entonces no tendrán problemas, precisó el Comandante.

«El Che dio instrucciones a sus ayudantes, y en pocas horas llegó una planta eléctrica. El transmisor se convirtió en estudio radial para difundir partes de guerra y alentar al pueblo cubano en la ofensiva rebelde contra la tiranía. Las voces que difundieron los mensajes fueron de Jesús (Chucho) Fernández García, joven rebelde, antes locutor de CMHW y miembro de la columna del Che, y de Aida Pérez Abradelo, integrante del departamento de Propaganda del Movimiento 26 de Julio en la ciudad», contó Enrique Romero de la Paz, un hombre imprescindible en la reconstrucción de la historia de la Radio en Santa Clara. 

Desde el domingo anterior, el 28, «los estudios de W, en Buen Viaje y Parque, se fueron del aire. Serían las 10: 00 am., hora en la cual se cortó la transmisión, primero de audio y después de electricidad. Oscar Ruiz, jefe del transmisor ubicado en la Carretera Central me comunicó que no llegaba ninguna señal», afirma Romero de la Paz.

Gracias al repetidor de la CMQ, ese lunes, antepenúltimo día de diciembre de 1958, las emisoras de los territorios liberados en Las Villas, excepto CMHW, quedaron encadenadas, y las arengas revolucionarias fueron  continuas, mientras tanto a los residentes en la localidad se les distribuía un Manifiesto al pueblo de Santa Clara concentrado en redimir un combate final.  

¿Y la W no funcionó durante la batalla?, inquiero a Romero de la Paz. «Mira, al mediodía del lunes 29 encuentro a Chucho Fernández en la calle Julio Jover esquina a Maceo. La gente del bario, al igual que en otros sitios de la ciudad, atravesaba vehículos, y cuanta cosa tenían disponible para obstruir el paso de efectivos militares del ejército batistiano. Ese locutor, vestido de verde olivo y grados de capitán, estaba con otro compañero, un  civil de apellido Toledo, y me comenta, “vamos que te voy a presentar al Che”.  El jefe guerrillero estaba sentado en uno de los carros. Chucho le dice, “Che, este es el hombre de la emisora CMHW del cual le hablé”. El Che me pregunta qué necesidades teníamos para las transmisiones desde los estudios», afirmó.

«¡Comandante!, falta corriente y líneas. Realmente no conocía con exactitud si los problemas eran de cables o de electricidad en el transmisor de la Carretera Central. El Che le ordena a Chucho que buscara a Bonifacio Hernández Cedrón (Demetrio en la clandestinidad), jefe de Propaganda del M-26-7 en Las Villas. Necesitaba formalizar nuestros suministros materiales. Chucho hace las presentaciones, y le expone a Demetrio que acabábamos de hablar con el Che, quien estaba interesado en lograr las trasmisiones en tiempo real desde Buen Viaje y Parque, comenta Romero de la Paz.    

«Localicé a un ingeniero eléctrico que vivía en la calle Conyedo entre Maceo y Unión. Le manifesté aspectos de la situación eléctrica que tenía la emisora, y del interés del Che de poner a funcionar la planta y el transmisor. También se habló con un liniero de la Compañía Telefónica, y ese hombre colocó una línea de cables desde e transmisor de CMQ, en la Carretera de Camajuaní, hasta la calle Independencia, y luego el tendido dobló por Luis Estévez, hasta los balcones de la emisora, en el Parque Vidal. El martes 30 en la noche  teníamos comunicación desde los estudios, y al amanecer del siguiente día, ya transmitíamos  desde W», acotó.

Desatan la guerra

En Santa Clara el Che puso en práctica su estrategia militar: «[…] la impresión de que un cerco completo rodea al adversario […] Para hacer todo esto, es necesaria la cooperación absoluta del pueblo y el conocimiento perfecto del terreno…»2 Las principales fuerzas enemigas estaban concentradas en el Regimiento No. 3 «Leoncio Vidal» de la Guardia Rural, con tanques y tanquetas, y unidades blindadas con más de mil 300 efectivos militares. También la Estación de la Policía, en las inmediaciones del centro urbano, y el Escuadrón No 31 «Miguel J. Gutiérrez» de la Guardia Rural, incluso el Gran Hotel —donde se apostan miembros del Servicio de Inteligencia Militar—, son puntos defensivos del régimen batistiano.

El Gobierno Provincial, próximo a la emisora CMHW, el aeropuerto, el cuartel de los Caballitos, la Audiencia, y la Cárcel, constituyen baluartes enemigos. Un convoy militar, blindado, con más de 300 soldados, permanece estacionado en la ciudad. El derribo del puente ferroviario de Falcón, el lunes 22 de diciembre, detuvo “su paso” al oriente cubano. Todo está calculado por el Che. Las columnas del M-26-7 y del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, las cuales dirige, tienen que cumplir sus respectivas misiones: liquidar a los adversarios en Santa Clara. 

Incluso, «[…] pensaba que sería necesario un mes de lucha […]; el enemigo contaba con alrededor de 3, 000 hombres […], perfectamente armados […], fuertemente atrincherados…»3 Los rebeldes solo tenían unos 300 hombres fogueados en la liberación de una decena de poblados villareños. Tomar Santa Clara era decisivo para fomentar la desorganización militar, o moral de la tiranía. También limitaría el movimiento terrestre de los enemigos hacia el oriente del país, territorio en el cual las columnas rebeldes apuntalaban un triunfo popular que imposibilitaría cualquier intervención de los Estados Unidos en los asuntos nacionales. 

El Che habla por la radio local: «Atención, Aquí la columna No 8 Ciro Redondo, del Ejército Rebelde del Movimiento 26 de Julio. No tardaremos en anunciar nuestro programa al pueblo de Cuba, y más especialmente al de Las Villas. El ataque a Santa Clara terminará con nuestra victoria».4 La ciudad es bombardeada. Descargas de todo tipo de armas se escuchan en diferentes puntos de su geografía central.

El martes 30 se rinden el cuartel de los Caballitos y el Gobierno Provincial. El Escuadrón No. 31, la Estación de Policía y el Regimiento están aislados, y los reductos batistianos se refugian hasta el siguiente día en la Audiencia y el Gran Hotel. Unas 94 horas llevan de combates frecuentes, cara a cara. En Santa Clara el Tren Blindado es tomado por asalto, y sus efectivos se rinden de inmediato. Al norte, en Yaguajay, Camilo Cienfuegos está a punto de vencer el cuartel, enclave principal del enemigo, y en Santiago de Cuba Fidel se apresta a hacer una entrada triunfal. El país entero está en rebelión.

Es jueves 1ro de Enero, Año Nuevo, y hay dolor por los hombres perdidos en las huestes del Che. En el intento de tomar la jefatura de la Policía muere Roberto Rodríguez Fernández, El Vaquerito, jefe del Pelotón Suicida, el capitán rebelde que ascendiera el Che tras la toma de Fomento. Viene desde la Sierra Maestra junto a su jefe guerrillero, quien lo observa desde abril de 1957 cuando se incorporó a la columna No. 1 de Fidel. Apenas tenía 23 años cuando El Vaquerito cae en desigual combate frente a los soldados que protegen la estación de Policía, distante a unos 800 metros del Regimiento “Leoncio Vidal”, la plaza más guarnecida.

Una bala enemiga le cercenó la cabeza a El Vaquerito. Es un hombre historia, por la simpatía y el arrojo que desplegó junto a sus compañeros en el combate. Imagino el dolor infinito del Che al enterarse de la infausta noticia de la muerte de un joven que en múltiples ocasiones le arrancó una sonrisa luego de escucharlo contar historias de su azarosa vida laboral o del deambular por pueblos y ciudades del país. Desde entonces ambos se conocían de los días iniciales de la Sierra Maestra.

El martes 30 de diciembre la muerte en combate de El Vaquerito representó una irreparable pérdida. El Che catalogó a su Pelotón, el Suicida, de ejemplo de la moral revolucionaria.5 Esa fuerza, pequeña y de energía singular, constituyó una tropa de élite, y aunque muchos desearon integrarla, fue el Comandante Guevara quien escogió de manera meticulosa a cada uno de sus componentes, y colocó a su frente a un combatiente que demostraba «realidad y fantasía» en su actuación diaria, comentaría el Che.

Hay una tregua. El Che da 15 minutos para que soldados y oficiales del Regimiento No. 3, depongan incondicionalmente las armas.

El país se tambalea. Batista y sus secuaces más cercanos huyen al amparo del silencio y sus “compinches” norteamericanos. El jefe de la columna No 2 conmina al enemigo a la rendición. En una guagua VW «de anunciantes del Gran Hotel, va hasta las inmediaciones del “Leoncio Vidal”, pero antes se produjo un diálogo de misiones pacificadoras, de una y otra parte, para negociar la rendición», dice Enrique Romero de la Paz, quien facilitó el empleo de ese carro alto parlante.

La misión dada por el Che al teniente Hugo del Río y a los doctores-capitanes Antonio Núñez Jiménez y Adolfo Rodríguez de la Vega, dio sus frutos. En el regimiento quedaron depuestas las armas.

Apenas, con el triunfo revolucionario, el Che estuvo unas horas en la ciudad. Fidel le ordenó, al igual que a Camilo, partir de inmediato hacia La Habana y tomar sus dos principales fortalezas militares: Columbia y San Carlos de la Cabaña. El camino quedó expedito para la Caravana de la Victoria, la luminosidad naciente del pueblo cubano. 

Notas:

1- Cfr. Ernesto Che Guevara (1972): «La Guerra de Guerrillas», en Escritos y discursos, tomo 1, 33-67, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

2- Idem.

3- Cfr. Oscar Fernández Mell (1970): «La Batalla de Santa Clara», en Días de Combate, 361-380, Instituto del Libro, La Habana.

4- Reginaldo Uztariz Arce (2010): Che Guevara: Vida, muerte y resurrección de un Mito, p. 139, Ediciones Nawtilus S.L., Casa del libro, Madrid.

 5- Rogelio Acevedo (1996): «Suicide squad: Example Of Revolutionary Morale», en The Militant, Vol. 60/No. 11, marzo 18, en http// www.themilitan.com/1996/6011/6011 27.html.


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