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11/8/2013 8:27:17 

 

Cuando se piensa en un periódico, muchos imaginan a un viejito sentado, cómodamente, en el portal de su casa leyendo noticias que no tienen que ver con nuestra vida cotidiana: actos que poco nos interesan, planes agrícolas cumplidos sin que se reflejen en el mercado, entrevistas a los cederistas más destacados o aquel joven, que sin pensarlo ocupó un cargo en la fábrica y debe servir de ejemplo para todos los demás. 

 

Afortunadamente hablamos de una realidad pasada, la prensa cambia o trata de cambiar a la par de los tiempos que corren.

Castigar al perro cuando se orina en la casa, recortar fotos para la tarea de los niños y madurar los aguacates son algunos de los usos que el buen cubano atribuyó a los periódicos, pues también suelen resultar muy útiles para mantener el frío de los pomos de agua, hacer barcos de papel, rellenar el muñeco de año viejo, como papel higiénico o para suplir la necesidad de información de los más diversos grupos poblacionales, a pesar de que a veces resulta muy difícil llevar a cabo este propósito.

En Vanguardia tratamos de lograrlo en cada noticia o trabajo de fondo. A la altura de sus 51 años de existencia, conquistar a nuestros lectores continúa siendo nuestro reto más difícil.

¿No te queda un Vanguardia por ahí?

«El periódico todavía se vende bastante, la gente lo busca, incluso, los días entre semana, porque los sábados se agota muy rápido». ¿No te queda un Vanguardia por ahí?, le preguntan continuamente a Olga Lidia Zamora Leiva, vendedora del estanquillo del parque Las Arcadas.

A su consideración el semanario resulta interesante e instructivo, con balance entre sus páginas y el mérito de agrupar temas de interés para todas las edades. «Veo que muchos comienzan a leer por la última página, pero para otros lo esencial está en la primera plana».

Tal es el caso de Rafael Prado Gallardo, santaclareño de 55 años y trabajador del Aeropuerto Internacional Abel Santamaría: «El resto de la información lo dejo para el tiempo libre, es una costumbre vieja; considero que la publicación aborda la vida de la gente, pero falta seguimiento a la solución de los problemas».

Cuando un nuevo ejemplar cae cada sábado por debajo de la puerta, la costumbre de husmear entre sus páginas resulta un hábito: ¿qué dice?, ¿qué no dice?, ¿qué trae de nuevo? Es que esta publicación aparece en casa como un viejo amigo al que se le perdonan las faltas y celebran los aciertos.

«Por 51 años hemos tenido la suscripción. Lo conozco desde que era diario con un montón de pá­ginas, y puedo asegurar que ha sobrevivido con dignidad al período especial y la crisis de papel que este trajo consigo —asegura Mauricio José, conocido en el mundo radial como Machado González, y una de las voces imprescindibles en la historia de la emisora CMHW—, deberían retomar secciones históricas, como la de Luis Machado Ordetx, y también la investigación, según los tiempos que corren es lo que puede salvar a la prensa de lo frívolo y superficial, de quedar aplastada por los años o por el olvido».

En la era de Internet, de los paquetes de series y páginas digitales, asumir la creación de un semanario impreso no es tarea fácil; seducir a los lectores parece un asunto complicado; luchar contra el aplastante diarismo de otros medios, un desafío permanente;  y llegar a los niños y jóvenes, un gran reto. Pero nada mejor para lograrlo que salir de fórmulas prestablecidas, considera Raúl Ernesto Gutiérrez, El Yuca, capaz de ejercer al unísono la fotografía y el diseño: «Lo leo porque llega siempre a casa de los viejos. Creo que resulta bastante dinámico, sobre todo por las caricaturas, una de las fortalezas del medio que no debe abandonar nunca».

Porque el periódico lo dijo…

Por supuesto que en cualquier banco del Parque Vidal surgen jóvenes que nunca vieron el Vanguardia, hombres que no lo leen, mujeres a las que les resulta imposible adquirirlo, personas en general para las que Telesur muestra la información con más rapidez: «Mira, pon ahí que me llamo Lázaro López,  con solo sintonizar este canal encuentras de todo, los espe­cialistas de los diferentes programas logran que un ciudadano común comprenda hasta los hechos más complicados, ¡y que conste!, no tengo nada en contra de los periódicos».

Largo es el camino andado por este cincuentón —apelativo con el que una colega bautizara al medio—, muchos los diplomas y reconocimientos, aunque también, al decir de los lectores, resultan múltiples las omisiones.

Pastor Méndez, mulato de gorra y palabra filosa, así lo demuestra: no lo leo porque los casos de corrupción, como los que se publican en Granma, no se reflejan en Vanguardia. Cuando en esas páginas se vean todos los problemas de la ciudad, entonces te daré otra entrevista. «A veces nos enteramos de determinados sucesos por chismes, y la prensa debería dar una versión real de estos para uno poder enfrentar tanta chismosería, y decir: ¡eso no es así, porque el periódico lo dijo!»

Otros criterios, co­mo el de los hermanos Novoa, nos hacen repensar nues­tro quehacer.

José Ernesto: «Considero que dentro de la prensa provincial es uno de los mejores. Actualmente se ven aires de renovación en el periódico, nuevas ideas, secciones que no existían antes; los jóvenes periodistas le han aportado mucha frescura al periódico; no obstante, aún se debe buscar el equilibrio entre lo informativo y lo lúdico, hacer un periodismo mucho más humano y cercano a la gente. Me gustaría una prensa más parecida al barrio, con trabajos investigativos extensos».

Carlos Alberto: «Prefiero encontrar artículos sobre cine, críticas de literatura, reseñas de teatro, también secciones de facilitación social.

Como todo en el país, la prensa se transforma, y para ello es preciso darles voz a los lectores: analizar los problemas del transporte, de la comunidad; escuchar cuántos días llevan sin agua o debatir los precios del agro. Esas problemáticas requieren ser tratadas con mucha profesionalidad, y ya Vanguardia emprende ese camino».

Actualmente los temas se repiensan, los planes de trabajo tratan una y otra vez de proponer cuestiones interesantes, y el periodista se enfurece cuando a estas alturas un funcionario bloquea o retarda el trabajo de la prensa.

No tengo duda de que después de celebrar su cumpleaños 51,  miles de años le aguardan al pe­riódico, y no precisamente para forrar cuadernos o darles brillo a objetos de cristal. Le esperan nuevos y grandes retos ante sus lectores para ofrecerles un producto de excelente calidad... ¡Que comience la batalla!

 

(Fuente: Vanguardia)