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 11/8/2013 8:32:03 

 

Un periódico figura como fuente imprescindible de noticias. Es un almacén de cultura e historias. Debemos ir a sus páginas para redescubrir una realidad particular o colectiva. Al menos esa perspectiva permite intuir una posición crítica, un punto de vista electivo, de aportaciones de valores o de conocimientos. 

 

Preguntan por el periodismo cubano y sus desafíos. También de sus retos en las actuales coyunturas, de cambio y perfeccionamiento, en nuestro modelo económico-social. No negaré que la profesión está sujeta al mejoramiento y la trascendencia optimista. 

Dicen algunos escépticos que la sociedad en toda su amplitud  transita por una vía y el periodismo por la otra. Es una realidad abierta a los avatares. Ese constituye el reto salvable: hacer que converjan ambas proposiciones: periodismo y entorno. El cómo sintetiza una cuestión cubana, similar a la solución de nuestros problemas de país independiente. 

La indagación la dirigen a Vanguardia, y su estadía de 51 años de escenario público, de educación y de formación cultural. Todo tendrá que venir, como dijo Raúl, «sin pausa, pero sin prisa», desde una perspectiva martiana. 

Observo al periodismo como un faro salvador, de «examen y consejo», en la invitación del Apóstol: orientar al náufrago hacia un punto de refugio, de unidad y mancomunidad de fieles intereses colectivos. 

Será el tránsito oportuno para desentumecer la reflexión hacia los aciertos, los puntos críticos y elevar la inteligencia por encima de todos los contratiempos, de las desventuras, e, incluso, de las desgracias que entorpezcan el camino. Lo fundamentará esa libertad de sustento martiano expuesta en La Edad de Oro: el «derecho que todo hombre tiene de ser honrado, y a pensar y hablar sin hipocresía» en la conformación de opinión pública y de inquietudes sociales. 

Tendremos que pugnar por públicos emancipados de las «trampas» ofrecidas por discursos periodísticos o culturales. Un solo fin lo marca siempre: educar, orientar y trascender desde una perspectiva revolucionaria y de optimista desafío por imposibilitar que el «enemigo nos vuelva a vencer por nuestro desorden», afirmó Martí. 

Esa solicitud, inclusiva, de un periodismo provisto de una posición emancipadora, participativa, antihegemónica, debe caracterizar toda óptica, según observación de Julio García Luis en sus lecciones docentes. ¿Existen problemas —objetivos o subjetivos— que lastran el interés y la influencia en el estado del saber y conocimiento de los receptores o públicos? ¡Es verdad! Desde  las redacciones habrá que sumarse al vuelco transformador, revolucionario, como lo solicita la voluntad política del país. Habrá que sumar la confrontación, la polémica, ausente con reiteración en  nuestros medios de prensa. Ese representa un parangón entre los puntos de vista del que escribe y el que exige y recibe una información detallada, esclarecedora y convincente.

 

Martí, el incansable, lo sentenció el 6 de julio de 1885: «Otros ven para ahora y para luego, que es como se debe ver en las cosas de los pueblos, para quienes lo presente no es más que la manera de ir al porvenir». Es el afán inclaudicable por juntar y unir las aspiraciones crecientes de los cubanos. Habrá que borrar la apología o la visión desproblematizada de nuestra realidad social, económica o cultural. 

El 29 de marzo de 1980, durante la clausura del IV Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, Raúl dijo que «continúa siendo insuficiente el nivel de comprensión alcanzado por muchos de nuestros cuadros partidistas y estatales sobre la vinculación orgánica que debe existir entre el fomento y desarrollo de la economía nacional y la gestión periodística». Es una realidad que obliga a la abolición de «notas» que uniforman nuestros mensajes. El público lo exige. Todos lo reclamamos en un debate pertinente que conlleve una «comprobada objetividad y sin el secretismo inútil», como apuntó el Presidente cubano durante la Primera Conferencia Nacional del Partido. 

No creo, como algunos alegan, que el periodismo cubano sea una «asignatura pendiente»  en el acontecer nacional. Necesitamos enfatizar en las lagunas, los errores, los problemas, desde una perspectiva de seguridad profesional. El ejercicio del criterio deberá imponerse en medio de un debate plural contra signos de mediocridad de ciertos y determinados discursos comunicativos. 

La crítica, dijo Fidel, «tiene que ser el estilo de la prensa, o mejor aún, como se ha dicho, su modo de ser». Estamos abocados a hallar el modo de afianzar y renovar nuestras conquistas. Todo conducirá a definir la exigencia crítica de los problemas de nuestra sociedad. Entonces, una riqueza mayor abrigará a la Patria, la nación y la cultura cubanas, y el periodismo transitará entre sus faros salvadores. 

 

(Fuente: Vanguardia/Luis Machado Ordext)