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19/5/2013 9:42:51 

 

Por Mercedes Rodríguez García.

 

Hace unos años fue noticia que la revista norteamericana Forbes contratara un robot para redactar noticias económicas. Y aunque ya se conocían la existencia de un software para la redacción de noticias deportivas y un algoritmo capaz de analizar las cifras y convertirlas en historias, lo del autómata causó pasmo entre aquellos profesionales leales a la esencia del periodismo, que no es solo dar noticias.

 

No sé cuántos de mis colegas conocen de este hecho, pero vale la pena traerlo a colación ante la cercanía del  IX Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) que, ajustado a nuestras realidades, transcurre escalonadamente desde principios de mayo en las delegaciones provinciales, hasta sus sesiones finales los días 13 y 14 de julio próximo.

Así que el inmediato lunes corresponderá a los 208 profesionales de la prensa en Villa Clara pasar revista al quehacer organizacional, con la marcada intención de rectificar el tiro hacia el ejercicio de un periodismo que se parezca más a la sociedad en que vivimos, cuestión que se dice y escribe fácil pero que en la práctica tropieza con no pocas incomprensiones y dificultades. Y la mayoría no engarzan con la tecnonología, aunque no podemos tapar el sol con un dedo a la hora de analizar cuanto lastima hoy la obsolescencia y desgaste de esa infraestructura en los medios de prensa cubanos.

Sin embargo no somos los periodistas gente muy quejosa en este sentido. Más nos molesta y saca de quicio la existencia de directivos, ejecutivos, admistradores y funcionarios robots —empresariales o no—, programados para decir «no puedo», «no estoy autorizado», «tengo que consultarlo», o cualquier otra salida que lapidariamente ofrecen hasta por boca de sus secretarias…

Creo que han tomado el camino equivocado, demostrando, además de su falta de audacia y competencia, su incapacidad para comprender y entender que los medios de prensa están obligados, más que convocados, a acompañar a la sociedad en un proceso de trasformaciones que decide el futuro de la nación.

El tema de las fuentes se ha venido debatiendo durante muchos años en el gremio, pero también la insana práctica de casarnos con una sola de ellas, sin contrastarla con lo dicho por los actores principales, el obrero, el maestro, el estudiante, el campesino. Gente de pueblo, verdaderos protagonistas de los hechos que no abundan en nuestros medios de prensa, tildados en no pocas ocasiones de aburridos, improvisados y superficiales.

Pero lo más reciente que recuerdo data de enero de 2012, cuando la Conferencia del Partido —Documento Base— hizo un llamado a elevar la profesionalidad del ejercicio periodístico con el propósito de que este favoreciera de manera eficaz al despliegue de las necesarias transformaciones para que el futuro sea, de verdad, renovada fuente en una Cuba próspera y llevadera tierra de amor, trabajo y bienestar. 

Se trata de un auténtico desafío que transita de la voluntad a la urgencia que reclama el grado de madurez y complejidad de la sociedad cubana, que hoy como nunca  requiere estar mejor informada, sin miedo a cuestionar —responsablemente— las insuficiencias de las instituciones, y que  implica el examen crítico de la gestión económica, administrativa y de servicios de los organismos estatales.

Y no es negocio de «ponerle el cascabel al gato», como piensan algunos que dentro del ramo se niegan a ocupar cargos de dirección, puede que sabedores del cometido insustituible de quienes dirigen en los medios, cuyo encargo social y político los conducen a decidir lo que se publica. No obstante en la práctica ha de  arraigarse el estilo de dirección colectiva, incluso en lo que a la superación de los periodistas se refiere, más allá del respaldo que presupone un título universitario. 

Tampoco es materia de ponerle sonajero al minino resolver de una vez el entorno jurídico que establezca responsabilidades, obligaciones y derechos de los disímiles actores presentes en la comunicación social, así como  el establecimiento de una política de comunicación, el aseguramiento material al trabajo del periodista, y el de ordenamiento de las formas de remuneración, que hoy lastran su trabajo,  «gracias» a una Resolución para el pago a la prensa —la 89—, tan vetusta y obsoleta como la mayoría del parque tecnológico de las redacciones.

 Por supuesto que los periodistas estamos claros de que jamás un robot podrá — lo mismo que el llamado periodismo ciudadano —reemplazar a quien, profesionalmente, hace entender la información, que la ubica dentro de un proceso, que sabe destacar sus proyecciones y que la convierte en un estímulo para la participación,  prestezas que este profesional de la comunicación desarrolla en la medida en que informa para cambiar algo todos los días, y para convertir a sus receptores en conciencia de la historia diaria. 

Un robot podrá ser muy útil en la Forbes —o a otros grandes medios capitalistas— obligados a surfear la crisis financiera a como sea. Incluso sorteando olas sacrosantas como la objetividad y la veracidad. Y sin prurito alguno recurren a la manipulación de las imágenes y contenidos, en un acto de malabarismo sensacionalista, de payasada burda. Un gran circo mediático en contra de todo aquel que se oponga a sus intereses, es decir, a favor de la subversión ideológica imperial.

Y para contrarrestar ese fenómeno «no existen otras formas  que permanecer bien informados, conocer los argumentos y conceptos que permitan desarrollar el debate de ideas, defender un mundo diferente al que quieren imponer los medios de comunicación capitalistas y emplear las diferentes herramientas al alcance de la prensa revolucionaria»,  como asegurara el jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido, Rolando Alfonso Borges, al intervenir en la sesión guantanamera del IX Congreso UPEC.

¿Otros presupuestos clave a tener en cuenta en lo adelante por los profesionales y estudiantes de periodismo cubanos en medio de una nunca vista transformación de los medios a escala mundial?  El primero, mantener vivos los principios y los valores de la profesión y de la Organización; el segundo, hacer de la creatividad e innovación afanes permanentes. Juntos: expertos e inexpertos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres; para que no nos venzan prejuicios, debilidades, carencias, insuficiencias y limitaciones propias.

Que el periodismo y los periodistas cubanos lleguen a parecerse a la sociedad donde viven y trabajan, no podrá ser resuelto  en ninguna reunión donde a veces acudimos a hacer catarsis, apuntando hacia fuera, sin mirarnos adentro —donde todo bulle o aquieta—; pidiendo sin haber dado, ofreciendo lo que no podemos, prometiendo lo que no alcanzamos.

Como sustentara Julio García Luis en sus charlas y conferencias, o en sus en atinadas y oportunas e intervenciones ante auditorios afines y escenarios diversos; como abordara con profundidad científica en su tesis doctoral, pero como demostrara también a lo largo de su ejecutoria como periodista y pedagogo, martiano y revolucionario fiel:

«[…] Nadie va allegar un día a decirnos: “hasta ayer llegaron hasta aquí; a partir de hoy, van a llegar hasta acá”. Eso no existe y nunca existirá. Nadie hablará por nosotros. Nadie hará lo que nos toca hacer a nosotros. Tendremos lo que nos ganemos, lograremos lo que nos merecemos, dispondremos del espacio que sepamos ocupar. En el mundo del poder no se regala nada y nada viene por añadidura. Ideas, prácticas y hechos son los únicos que pueden movernos hacia delante».

No hay más fórmulas, ni software ni algoritmo para lograrlo. Lo demás sería respeto, dignidad, valentía, sinceridad, honradez, ética, conocimiento, educación, cultura, responsabilidad, compromiso, la más estricta veracidad en el empeño, y confianza en los públicos.