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29/04/2013 8:11:32

 

 

En la década de 1990, las películas eróticas estaban presentes en los cerca de 15.000 locales del país. Hoy no llegan a figurar en la mitad de los 5.000 existentes. En los buenos tiempos de la industria, un video llegaba a vender 40.000 copias, actualmente un DVD llega a las 8.000. Hoy la red le permite a cualquiera construirse una identidad, armar su propio sitio, grabar videos caseros con tecnología digital y colgarlos en algún portal, que paga por cada descarga.

 

Son tiempos duros para los productores brasileños de películas para adultos. Muchos han desaparecido, golpeados por internet y la piratería. Los sobrevivientes intentan reinventarse. Una de las alternativas para enfrentar la caída ha sido apostar a subgéneros con mayor potencial de venta. 

En la década de 1970 surgió en Brasil un género cinematográfico peculiar: la «pornochanchada». En plena dictadura militar estas películas eróticas sin sexo explícito y humor picaresco llegaron a ser verdaderos fenómenos de taquilla. Por ejemplo, O Bem Dotado —o Homem de Itu—, fue vista por 2,4 millones de espectadores en 1978.

Con el fin de la censura, seis años más tarde, la «pornochanchada» dio paso al porno duro. Tal como en Europa o EE.UU., el público comenzó a migrar desde sórdidas salas de cine hacia la privacidad del home video. Las salas cerraron y fueron transformadas en templos religiosos. Pero entonces vino internet y el DVD, fácil de piratear y de transportar, y la fiesta del porno se acabó. Hoy parece un funeral.

Según Paula Aguiar, presidenta de la Asociación Brasileña de Empresas del Mercado Erótico y Sensual (Abeme, por sus siglas en portugués), actualmente las ventas de películas eróticas no llegan al 1% del total comercializado por el segmento. En la década de 1990 representaban hasta un 60% del mercado.

De acuerdo con datos de la Abeme, en 2006 las producciones eróticas generaron R$ 300 millones en ingresos, 50% del movimiento del mercado adulto en la época. «En 1962, cuando fueron lanzados los primeros sex shops, no tenían películas en oferta. Eso fue cambiando hasta que los videos sobrepasaron las ventas de productos. Pero el gran boom se acabó en 2004», cuenta Aguiar.

No es un tema sólo brasileño. Steven Hirsch, dueño de Vivid Entertainment, una de las mayores empresas en este segmento, llegó a afirmar en algunas entrevistas que éste es el peor momento vivido por el sector en 25 años. La piratería e internet minaron el negocio de las grandes productoras, a lo que se sumó la crisis económica de 2008.

Pero mientras el negocio tradicional de los productores de videos y revistas, enfrenta una de sus peores crisis, la pornografía en internet no para de crecer.

Según cifras de PornWatchers.com, dos de los principales sitios mundiales del segmento reúnen 735.000 videos, con un promedio de once minutos cada uno. Con este stock, sería posible ver las «producciones» durante 16 años sin que fuese necesario repetir un título. Más aún, con mejores velocidades de descarga y medios de pago seguros, estos portales tienen hoy el poder en la industria. Los tiempos del productor de películas porno que se pasea en su limusina por Beverly Hills, acompañado de sus modelos, han quedado en el pasado.

Fetichistas en alza

«En la década de 1990, las películas eróticas estaban presentes en los cerca de 15.000 locales del país. Hoy no llegan a figurar en la mitad de los 5.000 existentes», cuenta Evaldo Shiroma, creador y presidente de Erótika Fair y vicepresidente de la Abeme.

Una de las alternativas para enfrentar la caída ha sido apostar a subgéneros con mayor potencial de venta. «Los videos fetichistas, dirigidos a los fans de contenido bizarro, tienen bastante espacio; llegamos a exportar a Europa», afirma. La «customización», sin embargo, no ha sido suficiente para levantar el mercado.

Con la crisis, muchas productoras cerraron las puertas. «Llegamos a tener 12 grandes nombres, entre productores y distribuidores. Ahora no sabría decir exactamente, pero el número cayó mucho», dice Shiroma. Una de las sobrevivientes es Hardsexy. Su propietario, quien prefirió no dar su nombre, también está a cargo de otros sectores, como  películas de acción, de culto e incluso evangélicas. El empresario recuerda que, en los buenos tiempos de la industria, un video llegaba a vender 40.000 copias en kioscos. Hoy, dice, difícilmente un DVD llega a las 8.000.

Esto ha implicado ajustar todos los valores de la cadena, desde el precio final (que ha caído de R$ 25 a 17) a bajar el número de lanzamientos mensuales de nueve a dos. Lo positivo es que los costos de las copias se redujeron también, aunque ello ha facilitado aún más el pirateo. «Lanzo una película y al otro día ya está en internet. Existen varios procesos contra quien hace eso; es lo máximo que podemos hacer», cuenta el dueño de Hardsexy.

Pese al difícil escenario, no piensa rendirse. «Estoy hace 23 años en este mercado, pasé por todas las etapas. Gané dinero, viví la decadencia, pero me gusta llevar la contra», afirma, agregando que entre sus proyectos está sacar una película Blu-ray 3D erótica que, según el empresario, será la primera de América Latina.

Autogestión

Pero si el productor porno sufre, para actores y actrices la crisis ha obligado también a la reinvención «Llegué a recibir R$ 1.500 por una escena sin preservativo. Hoy no gano ni R$ 800», cuenta Patricia Kimberly, que desde 2006 ha actuado en cerca de 200 producciones, entre ellas, «Carnaval do Frota».

En los primeros años como actriz porno Patricia podía llegar a participar en unas diez producciones por mes, lo que le rendía alrededor de R$ 15.000. «Ahora en un mes hago una única escena», afirma. Para compensar la caída Patricia lanzó su propio sitio, una movida cada vez más frecuente en EE.UU. y Europa. Hoy la red le permite a cualquier persona o pareja construirse una identidad, armar su propio sitio, grabar videos caseros con tecnología digital y colgarse de algún portal pagando una tarifa por cada descarga.

Algo similar hizo el actor Loupan (nombre artístico), que tiene a su haber una cartera de aproximadamente 2.000 películas y once años en la industria. «Tengo una sociedad con un productor y hacemos películas de buena calidad para un sitio. Una buena escena puede costar US$ 3.000. Ésa es la diferencia entre una producción seria y una hecha de cualquier forma», dice. Actuando desde hace tres años, Loupan dice que consiguió mantener el patrón de vida. «Hacía entre 15 y 16 películas por mes, hoy hago entre seis y ocho, pero en términos salariales no cambió mucho», dice.

 

(Fuente: americaeconomia / Graziele Dalbó)