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26/04/2013 13:38:05


La chaqueta del traje sobre sus hombros identificó hasta su último día al intelectual cubano Alfredo Guevara, quien alimentó con humor el misterio alrededor de un hábito de marcado simbolismo. 

 

Las hipótesis abundaban y Guevara nunca se molestó en corroborar ninguna, y hasta sus amigos más cercanos tenían su propia versión de esa peculiar manera de vestir, un gesto más libertario que original. 

El trovador cubano Silvio Rodríguez escribió en su blog Segunda cita que Guevara usaba esa prenda así para protegerse los pulmones, en una espalda maltrecha a culatazos durante la dictadura batistiana. 

A su vez, el músico Amaury Pérez le preguntó directamente en una entrevista televisada por qué usaba la chaqueta de esa manera, y el interpelado le respondió entre risas: «Cualquiera sabe». 

Pero quizás la explicación más lógica acaba de publicarla en la revista Temas quien fuera un colaborador cercano de Guevara en los últimos años, el investigador y periodista Julio César Guanche. 

En un artículo titulado El gesto de Alfredo, Guanche le achaca el hábito a que Guevara detestaba abiertamente la guayabera y aborrecía la ritualidad. 

Obligado a vestir de traje por cuestiones protocolares, Guevara se dejó por décadas el saco apenas sobre los hombros: parecía que estaba puesto, pero tampoco terminaba de estarlo, explica Guanche. 

Para el investigador, antiguo director de la revista Alma Mater y autor del libro La imaginación contra la norma, el gesto es solo un síntoma, explicado acaso como una risueña metáfora de la libertad. 

«Es posible ser revolucionario y odiar las guayaberas, como es preciso para ser revolucionario rehusar las ritualidades que vacían la política y empobrecen la vida», señala el enjundioso réquiem. 

Para Guanche, por esa libertad Guevara encaró prisión y torturas, pero «también comprendió que corría riesgos para tener más libertad, no para paralizarse ante ellos», concluye el artículo. 

Alfredo Guevara falleció el pasado 19 de abril, y sus cenizas fueron esparcidas por voluntad propia en la escalinata de la Universidad de La Habana, en cuyas aulas se forjó como revolucionario política e intelectualmente. 

(Fuente: Cubaperiodistas / PL)