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13/02/2013 23:27:57

 

A Francia no le interesa proteger al pueblo de Mali, sino a sus propios objetivos políticos y económicos. Aún fresquísimas en la memoria las imágenes del mandatario libio arrastrado por las calles (las cuales remitían al triste final de Hussein o a la cabeza en picota de Najibullah), ya los espectadores occidentales tienen en programación, a todo color y en directo para sus plasmas de 65 pulgadas, cuanto le dejan ver sus medios, financiados-dirigidos por grandes grupos corporativos de fortísimos nexos con los poderes políticos cuya agenda en muchos casos guían, de la nueva empresa colonial en la históricamente esquilmada África.

 
La narrativa mediática occidental de cualquier campaña de este tipo (por cierto, la octava contra musulmanes), siempre estará antecedida por el presunto «combate al terrorismo», el recurso más empleado —y probado— luego del singular derrumbe de las Torres Gemelas hace doce años. No utilizarán jamás, obvio, el concepto «despojo imperial de recursos naturales».

La verdad del asunto nunca se encontrará en los reportes de Fox News o CNN; ni siquiera hasta en los mismos diarios «progresistas» o en las páginas de Le Monde, el principal periódico francés editado en la capital desde donde se dirigen, desde el 11 de enero, las acciones de los aviones Mirage 2000-D, los helicópteros de combate y un grupo de efectivos —llegará según Francois Hollande a 2 500 soldados—contra la «rebelión tuareg» en la mencionada antigua colonia gala en el continente negro, hasta el 21 de septiembre de 1960. Todavía esfera de influencia de París, cuya incidencia fue del mismo modo remarcada en la invasión a Libia.

«El presidente está totalmente convencido de que debemos erradicar a esos terroristas que amenazan la seguridad de Mali, de nuestro propio país y de Europa», es una frase del ministro de Defensa francés Jean-Yves Le Drian, ya célebre por sus inexactitudes, muy repetida en dichos órganos de la gran prensa corporativa. Dichas fuerzas militares salafistas emergen victoriosas sobre los rescoldos de un derrocado gobierno de Bamako afín a los intereses de la antigua metrópoli y de Occidente en general; a Francia no le interesa proteger al pueblo de Mali, sino a sus propios objetivos políticos y económicos.

Las razones son distintas a las expuestas por el señor de la guerra en los Elíseos, y de diverso orden. El segundo país en extensión geográfica del continente africano, pese a figurar entre los cincuenta más pobres del planeta y observar altísima tasa de desempleo y analfabetismo, posee grandes reservas por explorar de oro —hoy día es el tercer productor del metal precioso allí—, yacimientos de hidrocarburo, así como una sospechada (aunque por ahora todavía no confirmada) presencia de hidrógeno, sin parangón en el globo. Sin mencionar su uranio, hierro, bauxita, manganeso, cobre, litio, fosfato, plomo, zinc, lignito, diatomita, esquisto bituminoso, caolín, mármol, yeso, diamantes, pegmatita, granate, corindones, cuarzo, carbonato y minerales magnéticos raros o metamorfoseados. Mas, tal como observa Eric Pauporté, especialista en la nación en litigio, «si miran el mapa minero de Malí verán que es un territorio que se ha privatizado y repartido como una torta entre las multinacionales». Buena parte galas. Eso preserva la nación de De Gaulle.

Astérix y Obélix estarían avergonzados de que el gobierno «socialista» de Hollande, continuase la política tradicional del «fracafricanismo» y solo esté cuidando su área geoestratégica de poder y la poción mágica que tienen en Níger: el uranio mediante el cual trabajan las centrales nucleares que ellos sí pueden tener, a diferencia de los iraníes.

Además, cual provisto de razón, apunta Il Manifesto, órgano del Partido Comunista Italiano, a la hora de emprender las acciones unilaterales contra el antiguo Sudán Francés (cuanto hizo Paris fue adelantarse, porque la guerra imperial santificada por la ONU iba de a todas, solo que algo más adelante), «Francia pensaba probablemente que le asistían el derecho y el deber por su calidad de expotencia colonial. Mali se estaba acercando demasiado a los EE.UU., al punto de haberse constituido en una sede oficiosa del Africom, el comando militar unificado para África, creado en 2007 por Bush y consolidado por Obama. Resulta lógico preguntarse cómo una gran potencia se puede dejar sorprender por un golpe del ejército que ella misma arma, entrena y realmente controla».

La ironía, paradoja o contrasentido para Occidente del asunto maliense, lo descifra el científico social norteamericano James Petras: «debemos analizar cómo las fuerzas islámicas ganaron tanta capacidad a tomar territorio en casi todo el norte de Mali y nadie habla del hecho de que los islámicos ahora bajo ataque de Francia y los otros países, recibieran sus armas y financiamientos durante la invasión de Libia. Es decir, Francia, Inglaterra, los EEUU entregaran las armas a los islámicos que derrocaran a Gadafi, y estas mismas fuerzas, después de terminar con Gadafi, bajaran las armas y las fuerzas invadiendo Mali. Entonces, es un efecto boomerang, destruir Libia, fomentar el islamismo, armarlo y ahora Europa está combatiendo precisamente las fuerzas islámicas que eran la principal punta de lanza de la OTAN contra el gobierno secular e independiente de Libia». Similar historia se ha repetido varias veces, sabemos.

 

(Fuente: 5 Septiembre / Julio Martínez Molina)