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22/11/2012 12:46:46

 

La alantoína es una molécula que se encuentra en muchos animales y plantas como el aloe. En los mamíferos, aparece a menudo en la orina como producto de desecho del metabolismo de las proteínas. Está compuesta por dos moléculas de urea, que junto con el ácido úrico y el amoníaco, completan la serie de substancias a través de las cuales los distintos tipos de animales (peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos) excretan el exceso de nitrógeno. También se ha encontrado en las secreciones de algunos caracoles.

 

Esta sunstancia posee interesantes propiedades sobre la piel. Es un cicatrizante natural y ayuda a desprenderse de las células muertas, acelerando el crecimiento de tejido sano y mejorando, además, su hidratación. Es una sustancia no tóxica, no irritante y no alergénica, y su uso como agente protector de la piel es seguro en preparados que contengan entre un 0,5 y un 2% de concentración.

Además, la alantoína puede fabricarse fácilmente a partir de urea y otros precursores sencillos, en escala de toneladas. Esta alantoína sintética es indistinguible de la que se obtiene de las plantas, caracoles u orina, y posee las mismas propiedades. Para un químico, no tiene sentido hablar de alantoína natural o sintética. Ambas son la misma y única molécula.

Uno de  los productos que están muy de moda en el mundo son las cremas  revitalizantes producidas a base de «baba de caracol». Algo de verdad hay en el efecto regenerador de la piel que posee la «baba de caracol».

¿Cuál es la verdad de los beneficios de la crema a base de «baba de caracol»?. Se dice que hay cremas que curan el acné y eliminan las arrugas, las estrías y las cicatrices. ¿Se puede le pedir algo más a un producto cosmético? ¿Es posible realmente conseguir tales efectos? Dermatólogos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) afirman que son «exagerados».

Expertos de la Unidad de Estética del Hospital Sur de Alcorcón (Madrid) señalan: «Tales beneficios no pueden producirse sólo con la administración de una crema, Puede ser un buen producto hidratante y atenuar las arrugas precisamente por dicha propiedad, pero no las elimina. Tampoco consigue hacer desaparecer las estrías ni las cicatrices completamente; es imposible. No hay que olvidar que se trata de un producto cosmético, no terapéutico. Es decir, sólo actúa en la capa superficial de la piel y sus efectos son limitados».

Afirman los científicos que la baba de caracol tiene alantoína, una sustancia activa natural empleada para favorecer la cicatrización de heridas y úlceras. Su uso no entraña peligro, «es inocuo».

Pero, hay que diferenciar entre la baba y la secreción del caracol. La baba, es el fluido que utiliza el caracol para desplazarse y que, según los entendidos,  carece de cualquier propiedad saludable para nuestro organismo; mientras que la secreción de caracol es la sustancia que, parece ser, puede ayudar a retardar el envejecimiento cutáneo y reparar nuestra piel, entre otras propiedades.

Este animal produce esta secreción únicamente como mecanismo de defensa frente a distintas agresiones medioambientales. De manera que, no todas las cremas a base de «baba» de caracol son iguales. Para que posean las propiedades regeneradoras y antioxidantes que se les atribuyen, deben ser elaboradas con la secreción obtenida del caracol ante determinados estímulos externos: radiaciones o estrés mecánico, y no con la baba que el caracol desprende en su desplazamiento. Y lo más importante, debe estar avalada por un estudio científico riguroso que respalde las propiedades que ofrece.

Un estudio del la IFC (Industria Farmacéutica de Cantabria, una federación de empresas especializadas en dermatología), avala su eficacia, pero solo «si las secreciones se han extraído cuando el animal estaba estresado».

Parece difícil imaginarse un caracol estresado, pero se ha comprobado que, sometido a estímulos externos como radiación o estrés mecánico (como señalamos arriba), el caracol secreta una sustancia con más componentes regeneradores, por ejemplo, proteínas y polisacáridos, para reparar su piel y protegerse de las agresiones externas.

Los últimos estudios avalan la eficacia, seguridad y acción antienvejecimiento del producto. Se comprobó que hay una disminución progresiva y gradual del porcentaje de pacientes con arrugas finas (26,7%) y gruesas (45,5%), así como una significativa disminución del aspecto fotoenvejecido y de la sequedad y aspereza de la piel. Además, mostró una mejoría en los índices de alisamiento, firmeza, flexibilidad, hidratación y tersura.

Asimismo, la tolerancia cutánea fue evaluada como «muy buena» con una excelente aceptabilidad cosmética, y  según expresaron dermatólogos del Hospital del Mar de Barcelona, «la secreción del caracol ejerce una doble función. Por una parte, estimula la formación del colágeno, elastina y del componente dérmico que reparan los signos del fotoenvejecimiento y, por otra parte, minimiza el daño generado por los radicales libres, responsables del envejecimiento prematuro de la piel».

¿Cuál es el caracol responsable de una secreción con propiedades tan excelentes?

 Cryptomphalus aspersa es un caracol de la familia Helicidae que produce una secreción rica en proteínas de alto y bajo peso molecular, ácido hialurónico y antioxidantes. Su secreción se extrae mediante un cuidadoso proceso que permite obtener un fluido puro, libre de contaminantes, biológicamente activo y preserva la vida del animal. Es una especie herbívora que frecuenta los jardines, y también  ambientes seminaturales como cultivos, parques con condiciones de humedad y sombra. El 90 por ciento de caracoles terrestres que son plagas de cultivos en Latinoamérica son especies introducidas, mayormente de Europa, que proliferan sin control debido a la ausencia de depredadores.

Como hemos visto, los investigadores que han estudiado las propiedades de esta «baba» están de acuerdo en que las secreciones del caracol tienen ciertas características beneficiosas para la piel, pero entre ellos discrepan en que sea tan efectiva como anuncian los fabricantes de las cremas que sea. 

Podemos concluir, que no toda la baba de caracol es igual, ni lo son las cremas basadas en sus virtudes. Por lo tanto, lo mejor no es siempre lo «natural», sino el conocimiento detallado de las causas que están detrás de los efectos, tanto beneficiosos como perjudiciales, de las substancias químicas. Solo la investigación científica puede proporcionarnos dicho conocimiento de una forma fiable e inequívoca, lo cual redundará en una mayor seguridad para el consumidor.

Recordemos que… «La Naturaleza inspira, cura, consuela, fortalece y prepara para la virtud al hombre». Sólo hay un modo de que perdure: respetarla y servirla.

 

(Fuente: Habana Radio /Josefina Cao López)