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22/10/2012 13:31:32


Siempre que se ausenta por un tiempo de los medios de comunicación, se le da por «gravemente enfermo», «en las últimas» o fallecido. Como si tales estados no fueran inherentes a todos lo que con vida existe sobre el planeta Tierra.


Yo no sé qué sacan con matarlo antes de tiempo. Como si despareciéndolo físicamente pudieran sus acérrimos enemigos borrar de las mentes y corazones de millones de personas en todo el mundo lo que el histórico y auténtico líder cubano ha significado para su nación y otros muchos países oprimidos del mundo.

Para tales medios de prensa y periodistas, vale todo. Desde las más locas elucubraciones hasta declaraciones de supuestas fuentes «cercanas a Castro» o de otras que —por razones obvias— prefieren el anonimato. En esta oportunidad —como refiere el propio Fidel— «Bastó un mensaje a los graduados del primer curso del Instituto de Ciencias Médicas «Victoria de Girón», para que el gallinero de propaganda imperialista se alborotara y las agencias informativas se lanzaran voraces tras la mentira. No solo eso, sino que en sus despachos cablegráficos le añadieron al paciente las más insólitas estupideces».

Independientemente de las diferentes filiaciones políticas de los «escribientes» me parece impúdico que cualquier profesional que se respete, especule a partir de un hecho no comprobado, asumido por alguien cuyas intenciones resultan muy claras, por reiteradas.

Decía mi padre —ateo confeso y marxista renegado—, que cuando alguien quería que se muera alguien andaba más cerca del diablo que de los ángeles y que, por tal razón, si se agachaba ponía un huevo de serpiente. Por mi parte —cristiana de fe y marxista por convicción— pienso que desear la muerte de un ser humano constituye un acto de suprema alevosía, digna una secta fascista e indigna de toda criatura que transita prestado por la vida, bajo un cielo, una luna y un sol comunes que a todos benefician por igual, pero que, desgraciadamente, no todos se merecen.

En cuanto al medio de prensa que se presta a divulgar infundios, les que aseguro que, por ese solo hecho, cae en el desprestigio mayor, porque en definitiva los lectores terminarán dándose cuenta del engaño. ¿Quién es ese médico venezolano?, ¿Dónde radica? ¿Cómo obtuvo la información de que Castro había sufrido una embolia masiva en la arteria cerebral derecha? Sabe mucho el tal doctor al punto de diagnosticar el estado de salud de Castro como «muy cercano al estado neurovegetal», de acuerdo con el artículo suscrito por Fidel y publicado hoy en el periódico Grama bajo el título «Fidel Castro está agonizando».

Y continúa: «Aunque muchas personas en el mundo —dice— son engañadas por los órganos de información, casi todos en manos de los privilegiados y ricos, que publican estas estupideces, los pueblos creen cada vez menos en ellas. A nadie le gusta que lo engañen; hasta el más incorregible mentiroso, espera que le digan la verdad. Todo el mundo creyó, en abril de 1961, las noticias publicadas por las agencias cablegráficas acerca de que los invasores mercenarios de Girón o Bahía de Cochinos, como se le quiera llamar, estaban llegando a La Habana, cuando en realidad algunos de ellos trataban infructuosamente de llegar en botes a las naves de guerra yankis que los escoltaban».

Y no porque sea Fidel, pero debo reconocer que le asiste toda la razón. Y si yo fuera él no hubiera escrito nada para ver cuánto tiempo me iban a tener en terapia intensiva, cómo me iban a hacer el entierro y, lo más lindo, como me tendrían que resucitar a la fuerza. Pero bien, es él y yo soy yo, salvando las distancias, que son muchas.

Alerto, sinceramente, que pierden su tiempo manteniendo un juego en el que siempre será Fidel el máximo ganador, pues a estas alturas comunicativas en tiempo real y de redes sociales, todas las mentiras se descubren más temprano que tarde, sea o no del todo estricto el presupuesto de quien confiesa, «me gusta escribir y escribo; me gusta estudiar y estudio.

«Los pueblos —dice— aprenden y la resistencia crece frente a las crisis del capitalismo que se repiten cada vez con mayor frecuencia; ninguna mentira, represión o nuevas armas, podrán impedir el derrumbe de un sistema de producción crecientemente desigual e injusto».

Luego explica porqué no ha publicado más sus Reflexiones: «porque ciertamente no es mi papel ocupar las páginas de nuestra prensa, consagrada a otras tareas que requiere el país», para luego fulminar de un mazaso a sus detractores: «¡Aves de mal agüero! No recuerdo siquiera qué es un dolor de cabeza. Como constancia de cuán mentirosos son, les obsequio las fotos que acompañan este artículo».

Aprendan la lección, no se apresuren en matarlo. Tengan paciencia. Cúrense el odio porque van a terminar muriéndose de rabia. Fidel pertenece a la generación de los virtuosos, de los excepcionalmente inteligentes. Su talla es XXL. Mediten otro intento de «atentado» más ético. Hasta ahora les han fallado todos los magnicidios mediáticos contra el longevo Castro, ya encorvado y con bastón, pero lúcido, respetado y querido.