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15/10/2012 12:33:11

 

No sé con cuánta antelación se valoran los argumentos para entregar los premios Nobel, distinción que fue instituida en el testamento del magnate sueco Alfred Nobel para premiar «a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz.

 

Concedido este año a la Unión Europea, reconoce «los valores humanistas y fraternales, y el esfuerzo colectivo de 27 países que unieron sus voluntades en busca de la paz, pese a una crisis que ha desatado varios demonios que se expresan con algunas muestras de xenofobia, radicalismos y desesperación por los millones de desempleados que generó el crack económico», según cita la Jornada.net en su columna de opinión, del este lunes 15 octubre, bajo la rúbrica de Guido Pizarroso Durán.

Cierto que en sus fundamentos originarios la U.E. se propuso buscar el bienestar de la gente como objetivo esencial, y la unificación de los principios de justicia para poner al servicio de los ciudadanos todos los recursos y adelantos. (Al menos en letra). Sin embargo, al correr de los años nos encontramos a un conjunto de naciones que ha declarado la guerra a sus pueblos imponiendo una brutal política de ajuste que sacrifica a sus poblaciones para salvar a los banqueros.

Mi preguntas son las mismas que se hace Atilio Borón en su artículo «Un Nobel extraviado», publicado en el sitio web Cubadebate:

«¿Cómo premiar a una organización que, en estos momentos, ha declarado la guerra a sus pueblos imponiendo una brutal política de ajuste que sacrifica a sus poblaciones para salvar a los banqueros? ¿Se puede premiar como un gesto pacífico condenar a millones de personas al desempleo, la destitución, la pobreza extrema, la clausura de sus esperanzas? O es una broma de mal gusto o una burla a la inteligencia de la comunidad internacional. ¿Cómo olvidar que la Unión Europea ha convalidado y apoyado el criminal bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, sancionando en 1996 una “Posición Común” concebida para reforzar los padecimientos de la isla en consonancia con las directivas de Washington?».

Bueno, ya del Nobel podemos esperar cualquier resultado, una vez que en el pasado le fueron otorgados a un «pérfido criminal de guerra como Henry Kissinger, que hizo estragos en  Indochina» (1973), y antes,  en 1906, a Theodore Roosevelt, «conocido por ser el artífice de la “diplomacia del garrote” aplicada para arrebatar la victoria que Cuba estaba a punto de concretar en contra del colonialismo español y para someter al dominio yankee otros países del Caribe y Centroamérica».

Ni qué decir cuando en 2009 lo entregó a Barack Obama (2009), lo cual —segón Borón— «se podía percibir que el Parlamento Noruego estaba más preocupado por amigar a su país con los Estados Unidos —let’s be friends!— que por premiar a quien realmente estuviera luchando por la paz. Ahora hizo lo mismo con la Unión Europea, a la cual en dos sucesivos referendos la población noruega rechazó ingresar».

Naturalmente que entre las aspiraciones y la realidad hay un trecho que no ha podido ser todavía logrado. Sin embargo, el nuevo Nobel  de La Paz, luego de «reforzar el seguimiento conjunto hacia una paz duradera que pueda ser compartida por todo el planeta», a estas alturas, «parece destinado a encubrir y/o justificar las operaciones militares que la Unión Europea, a través de la OTAN, lleva a cabo en los más apartados rincones del planeta, siempre como furgón de cola de la Casa Blanca», tal y como afirmara Adolfo Pérez Esquive, citado por Borón.

Vale que el Premio Nobel de la Paz, reconozca en esencia los valores humanistas y fraternales, intención que no se corresponde actualmente con la realidad de la mayoría de los 27 países, donde parece haberse desatado los demonios de la xenofobia y de la  desesperación de los millones de desempleados.

Me parece que los parlamentarios noruegos necesitan, ahondar en las definiciones conceptuales y reales entre la guerra y la paz, así como revisar el testamento del industrial sueco, «porque a la luz de los acontecimientos reales, premiar a la UE sólo puede considerarse como un acto burlesco acto que abre el camino para estabilizar la dominación imperial a escala global.

Nada, que a este paso el próximo premiado será el Dr. Henry Frankenstein, ese apasionado científico que asistido por el jorobado Fritz, creó un cuerpo humano, cuyas partes fueron recolectadas secretamente y de varias fuentes.

 

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