&wid LA TECLA CON CAFÉ

Por sobre la derrota, el valor humano

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21/09/2012 16:41:33

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

En las primeras semanas de septiembre el general René Barrientos anunció una recompensa de 50 millones de pesos bolivianos (4,200 dólares) por la captura del Che, vivo o muerto. Para conseguir su objetivo dispondría de 3,000 soldados, bien armados y entrenados.

 

El 26 de ese mes el grupo guerrillero de la vanguardia llega al Abra del Picacho, caserío de unos 114 habitantes, a  2,280 metros sobre el nivel del mar. En camino hacia Jagüey pasaron por La Higuera. La ruta —escasa de vegetación— los obliga a utilizar los accidentes del terreno para no ser vistos. Como a la media hora de marcha se escuchan disparos concentrados.

Coco (Roberto Peredo Leigue), Miguel (Manuel Hernández Osorio) y Julio (Mario Gutiérrez Ardaya), casi coronando el firme de la quebrada del Batán, caen de lleno en la emboscada. Miguel muere al instante, Coco y Julio, aunque heridos, pueden moverse. Julio trata de llegar hasta una cerca de piedras, pero nuevos disparos tronchan su vida. Coco cae rematado por dos proyectiles que frustran el auxilio dado por sus compañeros, mientras el Che, Pacho (Alberto Fernández Montes de Oca), y Urbano (Leonardo Tamayo Núñez) contienen el avance del ejército para que el resto de la tropa organice la defensa.

El Che, con una sola palabra, califica lo ocurrido: «Derrota». El resto de las anotaciones en su diario se muestra rica en detalles:

«Llegamos al alba a Picacho donde todo el mundo estaba de fiesta […] los campesinos nos trataron muy bien y seguimos sin demasiados temores, a pesar de que Ovando había asegurado mi captura de un momento a otro. Al llegar a la Higuera, todo cambió; habían desaparecido los hombres y sólo alguna que otra mujer había. Coco fue a casa del telegrafista, pues hay teléfono y trajo una comunicación del día 22 en el que el Subprefecto de Valle Grande comunica al corregidor que se tienen noticias de la presencia guerrillera en la zona y cualquier noticia debe comunicarse a V.G. donde pagarán los gastos; el hombre había huido, pero la mujer aseguró que hoy no se había hablado porque en el próximo pueblo, Jagüey, están de fiesta.

«A las 13 salió la vanguardia para tratar de llegar a Jagüey y allí

tomar una decisión sobre las mulas y el Médico [Octavio de la Concepción de la Pedraja]. Cuando salí hacia la cima de la loma, 13.30 aproximadamente, los disparos desde todo el firme anunciaron que los nuestros habían caído en una emboscada. Organicé la defensa en el pobladito, para esperar a los sobrevivientes y di como salida un camino que sale al Río Grande. A los pocos momentos llegaba Benigno [Dariel Alarcón Ramírez] herido y luego Aniceto [Aniceto Reinaga Gordillo] y Pablito [Francisco Huanca Flores], con un pie en malas condiciones; Miguel, Coco y Julio habían caído y Camba [Orlando Jiménez Bazán] desapareció dejando su mochila.

«Rápidamente la retaguardia avanzó por el camino y yo la seguí, llevando aún las dos mulas; los de atrás recibieron el fuego muy cerca y se retrasaron e Inti perdió contacto. Luego de esperarlo media hora en una emboscadita y de haber recibido más fuego desde la loma, decidimos dejarlo, pero al poco rato nos alcanzó. En ese momento vimos que León [Antonio Rodríguez Flores] había desaparecido e Inti comunicó que había visto su mochila por el cañado por donde tuvo que salir; nosotros vimos un hombre que caminaba aceleradamente por un cañón y sacamos la conclusión de que era él. Para tratar de despistar, soltamos las mulas cañón abajo y nosotros seguimos por un cañoncito que luego tenía agua amarga, durmiendo a las 12, pues era imposible avanzar».

El día 27  Che reflexiona sobre las bajas: « Nuestrasbajas han sido muy grandes esta vez; la pérdida más sensible es la de Coco, pero Miguel y Julio eran magníficos luchadores y el valor humano de los tres es imponderable».

COCO, UNA GARANTÍA EN TODO SENTIDO

Roberto Peredo Leigue nació el 23 de mayo de 193, en Cochabamba, capital del departamento de igual nombre. Mucho influyeron las experiencias contadas por el padre periodista en los hermanos Coco e Inti.

Tenía solo 16 años, cuando conoció los rigores de la prisión acusado de repartir el periódico del Partido Comunista boliviano en El Beni. Tres años después lo detuvieron en Cochabamba por transportar un arma en su maleta de viaje.

Delgado y de estatura mediana, su cuerpo y carácter se forjan mientras transporta ganado por las corrientes fluviales del país y caza caimanes en el río Mamoré, entre los indios relegados a la pobreza y la ignorancia. También trabaja en una librería y más tarde como chofer de alquiler.

«Traía compañeros a comer al apartamentito que habitábamos y les daba hasta la poca ropa que tenía. No éramos ricos, vivíamos de mi sueldo de maestra y lo que él ganaba con el automóvil, pero siempre había un lugarcito para atender a los camaradas. No había estudiado música, pero tocaba muy bien la guitarra y el acordeón», relató en 1996 Mireya Echazú, su esposa y madre de sus hijos Roberto, Katya y Yuri. Adoraba a su familia, pero sin sobreponerla al deber.

Con entrega total colabora en la creación del Ejército de Liberación Nacional de Perú y en la integración del Ejército Guerrillero del Pueblo, en Salta, Argentina, encabezado por Jorge Ricardo Massetti.

En 1964, Inti logra que la dirección del Partido apruebe la creación de una comisión militar que él encabezará y de la cual será un efectivo colaborador a la hora de seleccionar los cuadros que recibirán instrucción militar.

Viaja a Cuba y Europa para contactar con estudiantes a quienes trasmite sus ideas sobre la necesidad de la lucha armada. En mayo de 1966 José María Martínez Tamayo (Ricardo o Papi) le pide su colaboración para iniciar los preparativos del foco guerrillero en Bolivia. Comienza entonces un incansable ir y venir por el país en su misión de proveer los medios necesarios para la lucha y comprar las fincas que en un futuro servirán como campamento.

La última vez que la esposa lo ve, Coco había ido a La Paz con el propósito de hacer contacto con la vacilante dirección del Partido Comunista, encuentro frustrado con dilaciones y falsas promesas, a las cuales el joven de 27 años responde con su actitud decidida de integrar definitivamente las fuerzas insurgentes bajo el mando del comandante Ernesto Guevara.

Asignado al grupo de la Vanguardia, todos reconocen sus dotes de líder. Junto a Inti, es el encargado de establecer contacto con los pobladores que encuentran a su paso.

Coco fue el segundo jefe en la acción de la toma del poblado de Samaipata, considerada una de las operaciones más audaces de la columna insurgente por el impacto causado en la opinión pública.

El Che lo evalúa individualmente en cuatro ocasiones: «27/2/67- tres meses= Incorporación formal porque está en los trabajos de abastecimiento y ahora en la finca. No se puede hablar de él como combatiente. 27/5/67- 6 meses- Bueno: Ha pasado las pruebas requeridas con amplio margen y se está desarrollando como guerrillero. 27/8/67- 9 meses- Muy bueno: se está desarrollando como gran combatiente y futuro gran cuadro revolucionario. 26/9/67- Muere en la sorpresa de la Higuera, junto con Inti los mejores proyectos bolivianos. Era una garantía en todo sentido, arrojado en el combate y de una alta moral. La pérdida más grave luego de la de Rolando».

UN PILAR DE LA SEGURIDAD EN LA TROPA

Manuel Hernández Osorio (Miguel) nació el 17 de marzo de 1931, en la finca El Diamante, barrio Santa Rita, Jiguaní, Oriente. Hijo de Manuel, natural de Tenerife, España, y Juana, una mulata que parió ocho muchachos.

Su madre —ya fallecida— al recordarlo en una entrevista, lo catalogó «lo más bellaco que había en gente». Para él todas las maldades eran buenas, de ahí que Juana pudiera pasarse un día entero hablando de sus bromas y ocurrencias».

Manuel estudió solamente hasta el quinto grado. A los entonces 11 años se vio obligado a arar la tierra para poder ayudar a la familia Su gran fortaleza física le permitió trabajar en las minas de Charco Redondo acarreando mineral —por los profundos y peligrosos túneles— durante dos turnos seguidos.

Con 23 años ha palpado la explotación y la injusticia a que es sometido tanto el pequeño campesino, como el obrero agrícola o el minero. Comprende la necesidad de luchar por cambiar la situación, agravada por los abusos de la dictadura. Como integrante de M-26-7 acopia dinamita que guarda en casa de la novia para emplearla en sabotajes.

En las nacientes fuerzas revolucionarias Manuel se convierte en soldado: Pino del Agua, El Gaviro, Manzanillo, San Ramón, Arroyón, Las Mercedes y Vegas de Jibacoa constituyen escenarios de combates donde prueba la bravura y gana los grados de teniente. Acompaña al Che durante la invasión, y en los llanos de Camagüey alcanza los grados de capitán con los cuales asume la punta de vanguardia, responsabilidad que volverá a sumir nueve años después en la selva boliviana. Al triunfar la Revolución contrae matrimonio con Elvira Victoria. De esa unión nacerán Manolito, Jorge y Maritza.

El 27 de noviembre se integra a la guerrilla. Es el explorador por excelencia. Nada lo detiene a la hora de hacer una emboscada, entablar combate o romper monte. (El Che lo llama —junto a Urbano (Leonardo Tamayo Núñez)— «mis obras públicas»).

Cuatro veces, en su cuaderno de tapa verde,  el Guerrillero Heroico lo evalúa individualmente:

«27/2/67- tres meses: Muy bien. Su aliento, su buen humor constante frente a cualquier contratiempo y su ecuanimidad, son un freno a las intemperancias de Marcos. Es segundo al mando de la vanguardia. 27/5/67: 6 meses: Bueno, pero decrecido físicamente. Se hizo cargo de la vanguardia en sustitución de Marcos pero no tiene don de mando y no mantiene la disciplina. 27/8/67: 9 meses - Muy bueno. No tiene el don de mando y la inteligencia necesarios para ser un buen jefe, pero su espíritu está retemplado y es un pilar de permanente seguridad en la tropa. 26/9/67. Muere en la sorpresa de La Higuera. Fue un gran combatiente y un espíritu ejemplar. Una gran pérdida».

UN FUTURO GRAN CUADRO

Mario Gutiérrez Ardaya (Julio) nació el 22 de mayo de 1939, en el pueblo de Sachojere, cerca de Trinidad, en el departamento de El Beni, Bolivia, en el seno de una familia pobre, a pesar de lo cual terminó sus estudios secundarios y entró en la Universidad en 1957.

Militante de la Juventud Comunista Boliviana, desde un principio ocupó cargos de responsabilidad en la Confederación Universitaria Boliviana en su región y después en la Universidad Mayor de San Andrés en la capital. En 1958 fue elegido secretario general de su organización en el transcurso del segundo Congreso Nacional de Dirigentes Universitarios.

En 1960 abandona sus estudios para ayudar a la familia y retornar a su ciudad natal, donde fue inmediatamente elegido dirigente sindical. Viene a Cuba, donde se gradúa como médico y recibe además entrenamiento militar.

Elías Gutiérrez, su padre, siempre hacía referencia a las cartas en las que Julio relataba sus progresos en los estudios de Medicina y acerca del trabajo voluntario.

A inicios de febrero de 1967 partió de Cuba junto a otros dos compañeros. El 17 de febrero deja la casa paterna con el pretexto de continuar estudios de especialización en la Unión Soviética.

No confía a la familia su verdadero propósito, ya que podría comprometer la misión y a su hermano Elías, oficial del ejército boliviano, quien al enterarse por la prensa de la participación de Mario en la guerrilla sufriría la gran contradicción de encontrarse en bandos antagónicos.

De su actitud humanitaria al curar a los soldados heridos durante los combates sostenidos por la guerrilla dará cuenta el supuesto periodista inglés Andrew Roth —en realidad agente de la CIA— quien en un artículo titulado «Yo estuve en la guerrilla», publicado en la revista «Clarín Internacional»,  lo definió como «un excelente médico de El Beni que había hecho operaciones insuperables a los prisioneros heridos».

En mayo el Che realiza la primera evaluación del revolucionario que acaba de cumplir 28 años: «26/5/67- tres meses- Muy Bueno. Aunque le falta una verdadera prueba de fuego, su espíritu es muy elevado y es otro de los hombres ejemplo de la guerrilla». Luego, otras dos: «26/8/67-6 meses- Muy bueno, ya pasó por algunas pruebas difíciles y, aunque le falta controlarse más, su actuación fue satisfactoria y su espíritu está siempre en alto. Voluntario para ir a buscar mis medicinas. 26/9/67 Muere en la sorpresa de la Higuera. Era médico recién graduado, brilló como combatiente ejemplar, sobre todo por su calor humano y su entusiasmo contagioso. Otra gran pérdida de un futuro gran cuadro revolucionario.


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