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Un sanitario lo remató con un tiro en la cabeza

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10/09/2012 9:12:22

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

El Negro Cabrera. Así le llamaban sus compañeros cuando estudiaba medicina en Buenos Aires y colaboraba en la organización de la lucha armada en su natal Perú. Había nacido el 27 de junio de 1931 en El Callao, una preciosa ciudad  ubica a orillas del Océano Pacífico al oeste de Lima, la capital. Pasados 36 años, el guerrillero José Restituto Cabrera Flores, fue capturado y ultimado a balazos.

 

Como el resto de los hombres de la retaguardia del Che en Bolivia, el Negro cayó en la emboscada del 31 de agosto de 1967, muy cerca de la confluencia de los ríos Grande y Masicurí. Fue él quien trató de ayudar a Tania cuando una ráfaga la derribó. Nadando desesperadamente pudo alcanzar el cuerpo sin vida de la muchacha  y acercarlo a la orilla. Luego se dejó deja llevar río abajo, hasta la confluencia con el Palmarito.

Durante días caminó Restituto por la ribera en busca de alimento. Hasta que, el 4 de septiembre de 1967, tropezó con la compañía Toledo de la cuarta división. Lo ametrallaron sin compasión. «Vestía uniforme verde olivo; llevaba cinturón de lona con dos cargadores de carabina con 16 cartuchos y 5 de 7,65 mm, un encendedor, un cortaúñas, dos zapallos, cuatro limones y fruta de monte», de acuerdo con la descripción de Diego Martínez Estévez en su libro «La campaña militar contra el Che Guevara», que en  sus dos primeras ediciones, lleva el título de: «Ñancahuazú: apuntes para la historia militar de Bolivia».

Actualmente Miembro de Academia Boliviana de Historia Militar de la ciudad de Cochabamba, el coronel Martínez Estévez cuenta que el Negro «avanzaba en dirección contraria al encuentro del Toledo, después de haber marchado 20 kilómetros posiblemente en su propósito de llegar a campamento Oso […] cuando lo vieron y alertaron a la unidad».

« […] Negro trató de sustraerse de su vista y se mimetizó entre los árboles del cañadón de donde efectuó algunos disparos y en respuesta recibió un intenso fuego […]». Luego continúa con el testimonio  del cabo Francisco Villarroel, quien, relata en su diario de campaña lo sucedido al Negro:

«... Mi teniente López me ordenó que lo agarrara y me fui corriendo detrás del guerrillero […] El soldado Oscar Salinas había bajado al río y le dije: cojudo dispare; entonces el soldado me obedeció y lo hirió en una muñeca. Prácticamente la compañía toda abrió media hora de fuego y no sabía qué hacer, si tenderme o agacharme, de todo me olvidé; estaba decidido a morir. Por segunda vez ordené al soldado que disparara, entonces me respondió: mi cabo, se ha trancado ml fusil; me fui corriendo a quitarle su fusil, el soldado no hizo ninguna resistencia. Extrayendo la vaina trancada y cargando nuevamente le metí dos tiros en el cuello.

«Aun así, El Negro no expiraba. Otro sargento le disparó una ráfaga que no le alcanzó sus partes vitales, entonces un tercer sargento —sanitario de la compañía— lo remató con un tiro en la cabeza».

El 4 de septiembre el Che anota en su diario: «La radio trae la noticia de un muerto cerca de donde fue aniquilado el grupo de diez hombres (...) dieron todas las generales del Negro, muerto en Palmarito y trasladado a Camiri». Su cadáver fue evacuado y expuesto al público para luego ser enterrado en secreto en las proximidades del hospital de Chorety.

Cabrera Flores llega al campamento de Ñacahuazú el 14 de febrero de 1967 acompañado de Chino (Juan Pablo Chang Navarro- Lévano) y de Eustaquio (Lucio Edilberto Galván Hildago) con el propósito de entrenarse durante un tiempo en el combate y pasar más tarde a un grupo guerrillero que actuaría en la zona peruana de Ayacucho.

De inmediato Che lo pone bajo su mando en el grupo del Centro,  y el 17 de abril dispone que se quede cuidando enfermos con la retaguardia, comandada por Joaquín (Juan Vitalio Acuña), a quien ordenó mantenerse en la cercanía del caserío de Bella Vista, hacer una demostración combativa y esperarlo durante tres días. Pero nunca más volvieron a encontrarse.

En 1960 el doctor José Restituto viajó a Cuba acompañado de Yona, su esposa, una farmacóloga argentina. En el Hospital de Santiago de Cuba trabajó como especialista de Medicina Interna y Cardiología.  Fue el impulsor del sistema de consultas ambulatorias voluntarias nocturnas para atender a los obreros, en un momento en que eran muchas las necesidades y pocos los especialistas. Formó parte también de la reserva de médicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y como tal participaba en los entrenamientos que hacían en la entonces División 50 del Ejército Oriental.

Era un hombre medido, de pocas palabras, pero al mismo tiempo muy preciso, sencillo, modesto y con gran devoción por la profesión Héctor Cordero Guevara, uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) de Perú, conoció al Negro Cabrera cuando éste cursaba estudios en Argentina. «Lo recuerdo alto, fuerte, apasionado futbolista, con gran simpatía personal y una total entrega a la causa». Ambos volvieron a encontrarse en La Habana, durante la celebración de la Conferencia Tricontinental, « […] me dijo que se había casado y tenía una hija, pero estaba decidido a combatir por su país.

Desde el 8 de octubre de 2000 los restos del Negro descansan en el Memorial del Complejo escultórico Comandante Ernesto Che Guevara, en Santa Clara.


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