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17/06/2012 8:22:47

 

El equipo heleno aprovechó un error de sus rivales al filo del descanso por medio del eterno Karagounis.

 

Grecia al menos tiene algún motivo para la alegría, porque sigue viva en la Eurocopa. Gracias a su sistema defensivo, a la falta de gol de Rusia, y a Karagounis, los griegos dieron el gran golpe en Varsovia, donde los helenos, con la ayuda de la República Checa, despidieron de paso a los exsoviéticos. Sorpresón en la capital polaca, donde Grecia sacó un inesperado pasaporte a cuartos y acabó con el que era uno de los favoritos para llegar al menos a las semifinales. El mismo futbolista que falló un penalti clave en el partido inaugural ante Polonia, el espartano Karagounis, curtido en mil batallas, se aprovechó de un grave error de Zhirkov en el tiempo añadido de la primera parte y permitió a su país continuar en competición.

No están los griegos para ganar el título, como hicieron en 2004, pero pese a todo lo que tienen que soportar y a que están al borde del abismo en el continente, siguen exhibiendo una sange y un orgullo impresionantes. Su sacrificio se plasmó en un triunfo inolvidable ante una selección rusa que prometía mucho pero en el momento de la verdad estuvo decepcionante y se quedó sin pólvora. Tiró nada menos que 31 veces, su récord en una Eurocopa, pero no metió ni una, y Sifakis no tuvo que ser el héroe. Ese papel recayó por encima de todos en Karagounis, el veterano centrocampista del Panathinaikos que se perderá los cuartos y estuvo de los nervios, en el terreno de juego, y en el banquillo, desde donde presenció una recta final de partido en la que su selección se comportó con muchísimo oficio.

A Rusia le faltó fútbol y puntería y fue incapaz de superar a un bloque que aunque fue dominado durante gran parte del partido siempre supo jugar mejor sus bazas. Las de la destrucción, la pillería, no exenta de teatro, y el orden defensivo. Incluso tuvo Grecia ocasiones para haber logrado un resultado más amplio, con disparo a la cruceta de la portería rusa incluido en el segundo tiempo. El gol del triunfo llegó sin embargo al filo del descanso, y Grecia estuvo inteligente para mantener hasta el final esa ventaja. Estuvo muy listo Karagounis al pillar desprevenida a la zaga rusa en un saque de banda, y Grecia dejó entonces contra las cuerdas a la selección de Arshavin, otra gran estrella que se tiene que marchar del torneo antes de tiempo, mientras que en la carrera continúan los guerrilleros helenos. También se despide uno de los máximos goleadores, Dzagoev.

Carácter y disciplina

Grecia, siempre preparada para la lucha y para levantarse cuando parece estar muerta, sigue presumiendo de carácter, y de disciplina en el campo, aunque en sus calles reine el caos. Nunca se asustó ante los rusos, pese al asedio al que fue sometida en los últimos minutos, cuando los exsoviéticos atacaron a la desesperada, con la única salida de malos remates desde media distancia. No estuvo Grecia única y exclusivamente encerrada en su área para obtener tan trabajada y meritoria victoria. Tuvo incluso momentos en los que anuló por completo a una Rusia desconocida, a la que no le sirvió de nada la técnica y velocidad de la que presume. Los griegos no tienen esa calidad ni precisión, pero ante la ausencia de clase, su capacidad para el aguante es infinita. Sufrieron y disfrutaron los griegos, sobre todo, desde el momento en que la República Checa marcó en Wroclaw a Polonia, pero estuvieron enormes atrás para contener al anárquico ejército ruso. El trabajo colectivo pudo con las individualidades.

Se merecían los griegos algo tan grande, y a pesar de su papel conservador durante buena parte del encuentro, no se les puede reprochar que renunciasen por completo al fútbol. A cada uno le tocó lo suyo, y si Samaras tuvo que sacrificarse como un defensa más siempre fue por el bien del equipo, que nunca se sintió inferior ni siquiera cuando los rusos pisaron con asiduidad su área. Entonces ya se pudo comprobar que los rusos no tenían el día con los lanzamientos. Aquello estaba destinado a Grecia, que parecía que solo podría encontrarse con algún gol con un golpe de fortuna. A falta de otros caminos, se presentó en un saque de banda, y Karagounis, tras un regalo, estuvo más listo que nadie. Fusiló con todas sus fuerzas a Malafeev y Grecia comenzó entonces un sueño del que no despertó hasta el minuto 90. Este domingo será otro día muy importante para Grecia, aunque es de suponer que menos duro. El país se lo tiene que agradecer a su selección.

 

(Fuente: eldiariomontanes)