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13/05/2012 16:17:52

 

En el juego que comenzó sábado y terminó domingo, Lázaro Vargas quiso cobrarse el numerito del collar «embrujado» que Víctor Mesa le ofreció antes de iniciarse el juego, y reclamó  que el bate utilizado por Ariel Sánchez estaba astillado, y era ilegal. Una absurda protesta, una trampita leonina en el tercer inning, y a la cual los árbitros dieron curso. Al final, tras 45 minutos de angustiosa espera, todo quedó igual y continuó el desafío con descalabro final para Matanzas. 

 

Con el pizarrón del estadio Latinoamericano exhibiendo victoria parcial 2-0 de los cocodrilos, comenzó la parte baja de ese mismo tercer capítulo, cuyo protagonista fue nuevamente Ariel Sánchez, con un error de libro sobre un elevado de Irait Chirino que hubiera significado el tercer out de la entrada. (De manera increíble la conexión fue acreditada doblete por los anotadores oficiales pero ciertamente la bola dio en el medio del guante de Sánchez). 

De ahí en adelante el desafío «se tranquilizó» un poco, hasta el octavo capítulo, en el cual Malleta recibió boleto y Vargas jugó a suerte y verdad sacando a Tabares por Serguei para tocar la bola. ¡Dichoso Vargas!, la táctica le salió bien, pues Gracial cometió un grosero error en tiro y Rudy anotó desde segunda base. Después vino el fly de sacrificio de Tomás que le puso la tapa al pomo. 

De esta manera, Industriales doblegó 4-2 a Matanzas y tomó la delantera en la final divisional de Occidente, que tendrá hoy su cuarto desafío con un presunto duelo entre el zurdo local Ian Rendón y el derecho visitante Jorge Alberto Martínez. 

Vamos a ver que se le ocurre hoy al Cocodrilo Víctor, siempre afanado en sorprender y ver qué sucede. Pero que se cuide. El León Vargas anda despreocupado en sus predios, una verdadera jungla en medio del habanero Cerro, repleta de fanáticos azules, y en la que los cocodrilos parecen medios aturdidos. 

Hizo bien Vargas en no aceptar el collar «embrujado» que Víctor le compró y ahora trae puesto su esposa, señal de que no estaba «cargado». Y si lo estaba… ¡Pobre de ti, Víctor Mesa!