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24/04/2012 18:39:55

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

Ese Nicanor Parra, acabado de galardonar con el Premio Cervantes de Literatura 2011, tiene 97 años, y afirman que sigue siendo el mismo bromista y loco de cuando tenía 23. Todavía lúcido y vital, no ha dejado de escribir y ve pasar la vida en el pueblo de Las Cruces, donde vive, en su tierra natal, Chile. 

 

Cristóbal Ugarte, Tololo, es su nieto, el que más lo conoce porque siempre ha permanecido a su lado. Fue Tololo quien recibió, en Alcalá de Henares, de manos del príncipe Felipe de Borbón, el Premio Cervantes 2011. En nombre de su abuelo. Tololo fue quien, leyó el texto que redactó Nicanor, cuya generación hizo toda lo que pudo por desligarse de la figura de Pablo Neruda. 

El reto no era fácil, mas Parra lo asumió sin desligarse de Neruda. Él no era, ni sería, ¡jamás!, uno de aquellos «neruditas». Por eso comenzó a ejercitar la antipoesía, definida por el diccionario como una escritura autocrítica, festiva, burlona acerca del lenguaje, el objeto y el autor, interesado en cuestionar y demoler todos aquellos elementos y valores tradicionalmente sobrentendidos en la poesía. 

De modo que trazó nuevos ejes, incorporó distintos hablantes, abrió el espectro de los temas, logró reunir el habla culta y la popular…  Los poemas del Yo y Nosotros, contradictorios, con personajes que firman y niegan, afirman y dudan. Historias y anécdotas que, al ser leídas, parecen un pequeño relato de pocas líneas. 

Nicanor es irónico, humorístico, una especie de payaso bienhechor.

Nicanor es chistoso, de cuando en cuando amigo de los exabruptos; malcriado,  pícaro. Gusta de los aforismos, dichos y frases que ha incorporado a su propia escultura. 

Escribe todo a mano. Si está conversando y algo llama su atención, se detiene y, de acuerdo con su personalidad histriónica,  dice repentinamente: «… ¡Momento!», y saca un lápiz y anota en su cuadernofrases que luego arropará en poemas o en festivas y satíricas formas llamadas epigramas. 

Por asuntos de salud  rechazó Nicanor viajar a España.

No creo le interesara mucho encaramarse en un avión, ni tampoco estrecharle la diestra al príncipe heredero. Por eso mandó  a Tololo, que en realidad no competía en rango con Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón, el Rey. ¿Lo que ocurrió de veras? Pienso que al antipoético abuelo Parra le faltaron motivos para visitar el antipoético, revuelto y enrarecido Viejo Continente, ya tan distante de América.