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24/04/2012 18:36:15

 

«Demoro seis meses en escribir un discurso que se lee en 45 minutos y que parece improvisado». Así habló ayer, desde la distancia, el poeta chileno Nicanor Parra. El motivo: una disculpa por no poder asistir a la ceremonia de entrega del Premio Cervantes, con el que fue galardonado. 

 

En Madrid, leía su nieto de 19 años, Cristóbal Ugarte, que recibió el premio en su lugar. «Mi abuelo —dijo— pidió un año de prórroga para “perigueñar” un discurso medianamente plausible». 

Pero no hubo caso, y a través de las lecturas de su nieto, se las ingenió el padre de la antipoesía para estar presente. «Don Quijote no cabe en un fin de semana», contó el chico que le dijo Parra horas antes de su viaje. Y se quedó allí, a 11.000 kilómetros, en su casa de la costa chilena, descansando, rodeado de enciclopedias y de libros. 

No podía ser de otro modo: una anticeremonia para el antipoeta. Ese que en 1954, publicó Antipoemas, y puso «patas para arriba» la poesía hispanoamericana. El mismo que un buen día sentenció: «Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne, hasta que llegué con mi montaña rusa». Y el mundo poético giró radicalmente en aquel momento, cuando Parra, nacido en una familia de artistas, convirtió lo cotidiano en poesía, buscando formas de expresión más allá de lo tradicional. Con humor, con ironía, con firmeza. Enamorado de la poesía, y decidido a atacar al protocolo. 

El presidente del gobierno español, el Ministro de Educación y Felipe, el Príncipe de Asturias —en lugar del rey, accidentado— entre otras personalidades españolas y chilenas, estuvieron presentes en el atípico acto, que reconoció el valor universal de este poeta, que viera el mundo en 1914. 

Había además una invitada de lujo en la sala, una inseparable compañera a la que Parra llama «la máquina del tiempo», su vieja máquina de escribir, donde lo último que se tipeó fueron los textos que ayer leyó su nieto. Desde ahora, la máquina formará parte de La Caja de las Letras del Instituto Cervantes, junto con un poema inédito que, por instrucciones del autor, no podrá leerse hasta dentro de 50 años. 

A quienes se pregunten si Parra se cree merecedor del premio, el poeta mandó una anti-respuesta, que leyó su nieto, «Claro que sí. Por un libro que estoy por escribir». Así, con el mismo tono desenfadado que caracteriza su obra. Desde aquel primer libro publicado en 1935 como Cancionero sin nombre, hasta las obras que le dieron fama universal a este físico de formación, que dejó las leyes naturales para dedicarse a las letras, y que desde su universo sin convenciones, las cambió para siempre. 

 

(Fuente: Clarín)