20120408040015-lorgio-vaca-marchetti.jpg


 

07/04/2012 0:10:25

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

Cuando llegó al campamento, el 11 de diciembre de 1966, Lorgio Vaca Marchetti (Carlos) había sido víctima de una mala interpretación, y tal vez por ello planteó «la discusión de la participación cubana en la guerrilla», pero desde antes —según cuenta el Che en su Diario—«había manifestado que no se alzaba sin la participación del partido». De ahí que, al otro día, el Che hiciera hincapié «en la unicidad del mando y en la disciplina», y advirtiera al grupo «la responsabilidad que tenían al violar la disciplina partidista para adoptar otra línea».

 

Aclarado el incidente, Carlos se incorporó a la retaguardia, y el día 13, salió de exploración junto con Joaquín, Pombo y el Médico. El 16, al regresar con la misión cumplida, el Che lo catalogó como «un buen caminador y buen trabajador». En realidad, durante su breve vida de guerrillero demostró tener buenas piernas para recorrer e inspeccionar caminos marcados en el mapa.

Nunca habló de cansancio ni de fatigas ni de hambre, ni se quejó del tedio de las postas fijas en el viejo campamento, aunque cuando lo relevaban saltaba de alegría. Tampoco rezongaba bajito, como sí lo hacían otros coterráneos cuando  el Che, aprovechando el tiempo de clases, lanzaba una de sus «descargas sobre las cualidades de la guerrilla y la necesidad de una mayor disciplina», y explicaba sobre la importancia del estudio, «imprescindible para el futuro».

Para Carlos los días fueron  pasando más o menos bien, no obstante la pérdida  de su coterráneo Benjamín Coronado Córdova, desaparecido en las aguas de Río Grande, ahora más crecido e impetuoso debido a los constantes aguaceros, por lo que el Che teme que se repita por esa zona un accidente parecido.

La primera semana de marzo no caminan mucho, pero no faltarían sorpresas y tensiones. Inti por poco se ahoga, y solo quedaba comida para el 13. El Che continúa preocupado porque las condiciones entorpecen el cruce en balsa, además, tres hombres no saben nadar y la carga que transportan resulta muy pesada. El 17, su previsión se torna certera. Ese día anota en su Diario:

«La odisea ha sido seria: no pudieron dominar la balsa y ésta siguió Ñacahuaso abajo, hasta que les tomó un remolino que la tumbó, según ellos, varias veces. «El resultado final fue la pérdida de algunas mochilas, casi todas las balas, seis fusiles y un hombre: Carlos. Este se desprendió en el remolino junto con Braulio pero con suerte diversa: Braulio alcanzó la orilla y pudo ver a Carlos que era arrastrado sin ofrecer resistencia […] Hasta ese momento era considerado el mejor hombre de los bolivianos en la retaguardia, por su seriedad, disciplina y entusiasmo».

«Carlos era uno de los hombres más valiosos […]  fue un destacado luchador, su conocimiento del terreno le hizo muy útil durante caminatas de reconocimiento, tenía facilidad para hablar y ganarse la simpatía del campesinado», refiere el hoy general de brigada Harry Villegas.

Al analizar la triste pérdida del compañero, Guido Álvaro Peredo Leigue (Inti) subrayó: «Esta experiencia lamentable fue aprovechada por el Che para sacar conclusiones y estimular a los compañeros para que siguieran adelante sin vacilaciones. […] A la naturaleza hay que vencerla. El hombre siempre triunfará sobre ella. Pero no hay que desafiarla ciegamente, la valentía debe estimularse siempre que no se convierta en imprudencia. En esta oportunidad el río venía muy crecido con una corriente muy violenta».

Al enterarse de la dolorosa pérdida, Olga, la hermana, diría: «Si bien la muerte nos arrebató lo mejor que había en la familia, también nos dio un héroe».

Lorgio Vaca Marchetti, el Carlos de la guerrilla boliviana, nació en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, el 18 de octubre de 1934. No niega su madre, Doña Isabel, que fue su hijo más consentido y también de sus hermanos. Mujer luchadora, crió a sus hijos y encontró fuerza y tiempo para encabezar la sociedad de madres y viudas de los caídos en la Guerra del Chaco, desatada por los intereses petroleros norteamericanos que actuaban en Bolivia y los britá­nicos que se extendían hacia Paraguay.

En los años 50,  cuando gobernaba Víctor Paz Estenssoro, Vaca Marchetti, ocupó la secretaría ejecutivo de la Seguridad Social con más de 9 mil trabajadores afiliados, encabezó una huelga de trabajadores de ese gremio por mejoras salariales.

De 1963 hasta finales de 1966, Lorgio cursó estudios de Ciencias Políticas en la Univer­sidad de La Habana. La residencia de 12 y Malecón conoció de su incansable actividad como dirigente estudiantil, lo que le valió la condición de delegado al IX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en Argelia.

En 1965 llegó a Cuba para estudiar su esposa, Marlene Uriona, acompañada de la hija, de tres años. Al decidirse la integración de la fuerza guerrillera, Lorgio figuró entre los primeros. El 25 de septiembre de 1966 partió hacia Bolivia. En La Habana quedaron su hija y Marlene, que ya esperaba un segundo hijo, nacido cinco meses después, y al cual nombró como su padre. Ambos se educaron en Cuba. Roxana estudió  Economía y Lorgio, Arquitectura.

El cuerpo del guerrillero boliviano nunca fue encontrado. Mas, desde cualquier lugar donde sus huesos yazcan, sea tierra, agua o arena, Lorgio Vaca Marchetti, Carlos, estará guerreando por un mundo mejor, ese con el cual soñó y por el que entregó su vida.

 

Nota de la autora:

En la bibliografía utilizada el nombre de río aparece escrito indistintamente. En este caso la autora respeta la ortografía, tal y como aparece en la primera edición del Diario del Che en Bolivia, publicado por el Instituto del Libro, La Habana, Cuba, 1968. 

Los datos biográficos de Lorgio Vaca Marchetti están tomados del libro «Seguidores de un sueño», de la periodista cubana Elsa Blaquier, y fueron cotejados con diversos artículos publicados en periódicos y revistas cubanos digitales e impresos.