20120204010702-f6fe0b3b3474625e05304d9646411cd2-int470.jpg

 

03/02/2012 19:09:52


Conozco gente que se fue tras otros derroteros y no ha logrado nada, ni en lo personal, ni en lo profesional. Y lo que es peor, viven del recuerdo de lo que fueron, de la nostalgia. En el espacio de la cultura, ese momento —la crisis— fue superado. Cuba está abierta hoy a quienes quieran regresar, recomenzar, renovar sus proyectos y su vida, aseguró en exclusiva para La Jiribilla la cantautora cubana Sara González. (Tomado. La Jiribilla. 2001). 

 

Por Nirma Acosta

 

Para los cubanos, Sara es una suerte de diva de la canción protesta. No ha faltado jamás a los grandes momentos que ha vivido el país en las últimas tres décadas y por ello, cuando le fue entregaba la Orden Félix Varela que otorga el Consejo de Estado de La República de Cuba, una especie de azar concurrente nos hizo cómplices de ese regalo merecido de manos de la cultura cubana. Fue una sorpresa doble, nos dijo. El otorgamiento y que fuera, además, entregado por Fidel, de verdad que eran muchas alegrías juntas. Así comenzó este diálogo, en los predios del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en el que para ser justos, no faltaron también otros asuntos imprescindibles como el GES del ICAIC y las relaciones de su generación con el proceso del que le propusimos ser juez y parte. 

A la altura de otra madurez, ¿ qué añoranzas le trae el recuerdo del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC? 

«Fue lo más importante, esa fue la base de todo lo que vino después. Si me dicen que tengo que vivir mañana las experiencias del grupo, no me pierdo la oportunidad de pasarlas. A partir de entonces tuve conciencia de qué significaba ser artista, hacer arte, el concepto de cómo debía trabajar. No solo musicalmente o artísticamente. El GES definió mi vida, desde el punto de vista humano y profesional. Tenía 21 años y conocimientos musicales, pero fue allí donde empecé a saber lo que era la vida, el arte, la cultura, este país, todo. Fue un momento único. No diría que irrepetible porque los momentos, los proyectos, siempre pueden repetirse de otra manera. El grupo cumplió un rol y justo en el momento idóneo, como si fuéramos bacterias, nos fuimos por el mundo a inundar, a propagar lo que teníamos dentro. Cuando se desintegró, en el año 78, las cosas fueron duras. Al principio queríamos permanecer juntos, pero ya era distinto. Cada uno se llevó su propia experiencia. Silvio, Pablo, Sergio... donde quiera que llegamos fuimos formando y fundando e impregnándolo todo de aquello que se llamó GESI. Salimos a contaminar». 

La Revolución le aportó a la Nueva Trova, temas y conceptos. En sentido inverso, ¿ qué huella dejará el Movimiento a la historia de ese quehacer nuevo que se llamó Revolución cubana? 

«También una historia, pero contada de otra manera. Una historia con música. Canciones que cuentan una cronología de hechos, momentos, sentimientos. Desde las contradicciones internas hasta la guerra de Angola y otros muchos acontecimientos del mundo y de Cuba. Nosotros le debemos más a la Revolución que lo que pueda o no deberle la Revolución a la NT. Un movimiento como ese sólo era posible dentro de un proceso revolucionario como el que ha vivido este país. Solo fuimos testigos humanos y artísticos de una época nueva». 

La crisis de los 90 trajo para algunos la esperanza de que se perdiera la Revolución y se enterrara la utopía. ¿Qué la sostuvo a usted, como cubana y como artista, de este lado del mar? 

«A veces son necesarias las crisis. Es quizás una buena manera para valorar el justo significado de las cosas. El sueño y la utopía no se deben perder. Soñar no cuesta, menos cuando se sueña bueno y grande. Soñar es necesario hasta para vivir. Todo tiene un precio, claro. Algunas cosas cuestan más y otras menos, pero solo en situaciones extremas y de crisis, se puede valorar con cierta exactitud lo que uno tiene y lo que puede perder. Es como el refrán: nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Es sencillo, pero sabio. Claro que los 90 fueron difíciles; sobre todo por el desgaste de la población. Trajo confusiones, dudas, frustraciones... Algunos dieron pasos de los cuales hoy se arrepienten porque se sienten alejados de su verdadera realidad. Eso es lo que más me duele de esos años. Conozco gente que se fue tras otros derroteros y no han logrado nada, ni en lo personal, ni en lo profesional. Y lo que es peor, viven del recuerdo de lo que fueron, de la nostalgia. En el espacio de la cultura, ese momento –la crisis- fue superado. Cuba está abierta hoy a quienes quieran regresar, recomenzar, renovar sus proyectos y su vida». 

Cantarle a la paz siempre fue uno de los motivos de Sara González. Hoy, en medio de tanta guerra puede ser, para algunos, un acto de lesa rebeldía incomprendida. ¿No cree? 

«No debemos desistir, ni creer que somos pocos. Cantar es lo único que podemos hacer, por ahora. En muchos otros lugares hay voces que también se escuchan. La guerra nunca es la solución y eso bien se sabe. Hoy más que nunca hay que cantarle a la paz, a la gente, a que se miren por dentro y busquen en los valores universales; que miren bien cómo nos están jodiendo y se convenzan de que tenemos que hacer algo. No puedo creer que el mundo siga de bruces y con los brazos cruzados ante una realidad tan terrible. Todo esto se tiene que revertir. La fuerza más progresista se debe unir. Siempre vamos a ser más los que le cantemos a la paz. Digo esto porque creo en el futuro. 

¿Y cómo es ese futuro en el que usted cree? 

«Tiene que ser bueno. Hay mucho esfuerzo puesto en ello. El hombre es perseverante. Si la gente pone tantas ganas en hacer las cosas, en que mejoren, por algo tiene que ser. No somos unos pocos, no. La vida es luchar y luchar. La fuerza está en creer y querer ese sueño, de verdad. La fuerza tiene que estar ahí, en el pensamiento, la coherencia, el sacrificio».