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09/05/2011 11:59:41

 

Por Mercedes Rodríguez García 


Había que esperar, esperar y esperar. Todo y cuanto y cuando fuera necesario para la «dulce venganza» tras el fatídico, increíble y «sobrenatural» 11-S neoyorquino en que la humanidad entera quedó boquiabierta y contrita, y el nombre de un hombre enraizó en los titulares del los noticiarios y diarios del mundo: Osama bin Laden. 

 

Comenzaba apenas el siglo XXI. De entonces a la fecha ha transcurrido una década para que la «mano justiciera» estadounidense se cerrara — ¡y de qué modo!— sobre el cuello del convicto, muerto, asesinado, ultimado, el 1º de mayo último. 

Claro, cuando escribo «mano» y «cuello» lo hago en sentido metafórico, porque ya se sabe que los «vengadores» —que nada tienen de Llanero Solitario— fueron las muy entrenadas y sofisticadas fuerzas militares de EE.UU. 

¿Concluía?  la segunda temporada de otro de los genuinos seriales yanquis, titulado este «Operación Gerónimo». Escrito y dirigido por el Imperio en colaboración con la CIA, tuvo como protagonistas a unidades del Grupo de Desarrollo Naval de Actividades Bélicas Especiales del Imperio, y como escenario, la localidad de Abbottabad, Pakistán. 

Un verdadero «happy end» para un costoso producto rodado en varias locaciones del orbe: el cuerpo de Bin Laden es arrojado al mar tras comprobar, mediante pruebas de ADN, que efectivamente se trataba del terrorista, sin que los dobles contratados resultaran heridos, pero sí miles de involuntarios perdieran sus vidas, incluyendo, los más de 3.000 personas de la primera temporada escenificada en Centro Mundial de Comercio y el propio Pentágono. 

Pero hablaré ahora del movie maker tras el anuncio de la muerte de Osama bin Laden, cuando miles de ciudadanos norteamericanos salieron a festejaren a las calles, y el presidente Barack Obama aseguró que «se había hecho justicia», tratando de justificar con diversos argumentos su declaración. 

Gracias a la edición del material que no fue utilizado, sabemos de las torturas y torturados que precedieron los episodios hasta llegar al fugitivo Bin Laden, y nos asaltan preguntas como si según el derecho internacional, la operación ha sido o no legal, ya que las fuerzas estadounidenses no contaban con autorización expresa del gobierno de Pakistán, para entrar al país. También si Obama puede emplear toda la «fuerza necesaria», hacia quienes fueron los responsables de los atentados, o si le competía aplicar a Bin Laden, y a quienes le acompañaban, la pena de muerte sin derecho a juicio. 

¡Ah!, pero eso, como otros «misterios» deberán ser develados en la tercera temporada, y sobre la cual ya hablan los medios de prensa. Digamos, lo extraño de que no hubiese bajas ni heridos entre las tropas yanqui, qué pasó con el helicóptero destruido, si fue el cadáver de Osama el que arrojaron al mar, si se harán públicas las pruebas de su ADN, a dónde fueron a parar los restos de quienes le acompañaban, cómo fue posible, que los servicios secretos de Pakistán, no se enterasen de que bin Laden llevase viviendo tres años en el país o si no fue visto por nadie. 

Pero a mi juicio no hacen falta más episodios. Conociendo a los productores, su idiosincrasia, filosofía e intereses maquiavélicos en materia de justicia, el fin siempre justificará los medios. Y en tal sentido continuará la guerra contra el terrorismo inaugurada por la administración Bush y continuada muy a lo Obama-american-life. 

Entonces esperemos con pavor continúen  el uso de la tortura, las acciones extrajudiciales para detener personas sin respetar el habeas corpus, el movimiento de prisioneros entre países sin que sean informados ni dispongan de abogados que los defiendan, el que Guantánamo permanezca abierta... 

Ojalá no continuara la zaga y muerte del líder de Al Qaida, Osama bin Laden cerrara para siempre los horribles episodios que nada tienen de ficción. 

Pero, ¡oh! que tonta ilusión!  El propio Obama, en su discurso pronunciado la misma noche de los sucesos, deshace la esperanza de que cese la justicia del terror. Según sus propias palabras La muerte de Bin Laden «no representa el fin de nuestros esfuerzos. No hay duda de que Al Qaida continuará planeando ataques contra nosotros. Dentro del país y en el extranjero, debemos seguir alerta, y así lo haremos».

«No importa cuánto tiempo se requiera, se hará justicia», le respondido dicho antes por antes el ex presidente W. Bush cuando Barak le llamó para decirle que las fuerzas de Estados Unidos mataron a Bin Laden.

Mientras tanto la maquinaria de Hollywood ya está en marcha para producir «la película sobre la vida y muerte del líder de al-Qaeda». Al parecer existían varios proyectos para llevar al cine las «andanzas de Bin Laden», pero no avanzaron «por carecer de un cierre definitivo que no dejara la sensación de que a casi diez años de los atentados del 11 de septiembre, el «hombre malo» no había enfrentado la justicia».

 

En realidad —tal y como venía escribiendo— la historia del operativo posee mucho de cinematográfico. Así lo sugiere la foto presentada por la Casa Blanca en la que se ve al presidente Obama y su equipo de seguridad nacional escuchando una conexión en video y audio en vivo mientras los militares asaltaban la casa de Bin Laden. A lo mejor el final del film está en esa imagen, tal y como declara a la BBC el guionista Mark Boden. 

No dudo que será un éxito de taquilla. El cine y la televisión, lo aguantan todo. No dudo que película o la tercera temporada de un serial resulten desde la butaca occidental una historia «muy dramática e irresistible». Pero ¿también el mundo islámico? ¿Y los otros habitantes del planeta Tierra que siguen con ojos avizores los acontecimientos de una guerra de consecuencias imprevisibles? 

Como dice el vulgar de los comunes tergiversando el refrán: «cuando veas "barbas" de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo»… Solo que hasta ahora nadie ha visto aún las de bin Laden, si es que de verdad su cuerpo yace en las profundidades ¿del mar?

 

 (1) Se cambia "bardas" por "barbas". Según el diccionario de la RAE, "bardas" significa: cubierta de sarmientos, paja, espinos o broza, que se pone, asegurada con tierra o piedras, sobre las tapias de los corrales, huertas y heredades, para su resguardo. (Nota de la autora)



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