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04/04/2011 7:37:50

 

Por Mercedes Rodríguez García 

«Niños de la guerra», del villaclareño Alfredo Martirena Hernández, fue la obra ganadora del Gran Premio «Eduardo Abela» otorgado por la 17 Bienal Internacional de Humorismo Gráfico. Bien sabe el dibujante que los conflictos de hoy tienen efectos devastadores en los más pequeños. Mueren, sufren laceraciones, heridas, mutilaciones; son objeto de abusos sexuales, explotación o tráfico de menores. 

Aunque los niños suelen ser víctimas de la guerra, en ocasiones son reclutados por las fuerzas armados  y grupos rebeldes. Se calcula  que decenas de miles de menores —en al menos 18 países de todo el mundo— han sido víctimas de esta forma de alistamiento. A veces, por la fuerza; otras, mediante el secuestro;  la más, voluntariamente.

Las profundas desigualdades sociales, el desgarro social causado por la guerra, la separación de los adultos que los cuidaban, la falta de acceso a la educación y los desplazamientos, constituyen  algunas de las razones que pueden obligar a los menores a enrolarse.

Influir en su decisión, las creencias religiosas fervientes, las filiaciones parentales, o cuando los familiares son combatientes, pero también la tentación de poder, las condiciones de que al portar un arma, la urgencia de vengar a un familiar.

Para los grupos militares los niños pueden ser muy útiles. Son obedientes y más fáciles de manipular que los adultos y, dependiendo de la edad, menos conscientes del peligro que corren. En algunos casos, se les obliga a cometer atrocidades contra comunidades,  convirtiéndose en verdugos y víctimas al mismo tiempo.

Son niños olvidados. Desconocidos «niños soldado» que luchan por la propia subsistencia y la de sus parientes.

Son los «Niños de la guerra». Otras razones para un Gran Premio, esta vez gritadas desde la cartulina. 

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