20110213075208-12.-amor-de-el-y-ella.jpg

13/02/2011 1:48:17

 

El verdadero amor supone siempre a la renuncia a la propia comodidad personal, y encuentra la verdadera armonía en el matrimonio, que a su vez se afianza en valores universales. Y no es dicho de poeta, ni artista, ni filósofo. Lo demuestran Adelaida y Alejandro, mujer y hombre sacados de entre la gente más franca, humilde y campechana que puebla la ciudad. Ni historia, ni novela, palabras sencillas que alientan a la vida, conjunto de comportamientos y actitudes incondicionales y desinteresadas. Amor, efectivo,  fructificado.


Por Mercedes Rodríguez García


Ella, jadeante sobre su bicicleta, a pie o tirando de la carretilla, mañana y tarde, día tras día, anda y desanda no sabe exactamente cuántas cuadras. Ella, la que conocí una mañana, de casualidad, cuando fue a devolver el monedero que extravío una doctora. «Soy pobre, pero honrada, y tengo una familia, gracias a Dios, que me quiere y respeta!».

Ella, la que me dice que ama a su esposo, a sus hijas, a su nieta, a sus padres, pero también todo lo que hace, no peca de ignorante y me afirma que el amor no es nada extraño, ni abstracto, ni insondable, ni cifrado.

Él, untado casi siempre de un ayer de metales, de aceites y de grasas, se marcha muy temprano, sin necesidad de afeitarse. Y va contento. Yo diría que horondo con su barba despintada, reveladora del tiempo. Él, quien sin templanzas asegura que el amor es algo cotidiano, concreto, palpable, pero que sí, que «tiene sus claves».

Amar es querer un bien para otro. Para Amaya y Ariadna, las «niñas» de sus genes y sus ojos, nacidas de la «voluntad amorosa». Y para Stephanie, la niña de la primera «niña, la que llegó enseguida, al año de casados. Y ahorita suman 30».

¿Se aman todavía? «Claro, de otra manera ».

Y supongo que como un amor de de alivio, sujeto a los pequeños detalles cotidianos. Lleno de paz interior, mucho más tranquilo.

«Sí, pero a veces, como la canción de Manzanero, sin motivo y sin razón nos enojamos…»

¿Confían el uno en el otro?

«Vivimos en armonía, y eso sería imposible si nos faltara la confianza».

¿Lealtad?

«Sí» Y por lo que me dicen luego entiendo el compromiso a defender lo que creen y en quien creen: la familia, el trabajo, la amistad, la Patria.

Les miro al rostro. Los rostros de los infieles y de los engañados llevan una marca de amargura muy difícil de borrar. El y ella, no. Saben que «la risa es saludable».

¿Viven en completa integridad?

«No nos gusta el engaño porque inevitablemente nos va a rebotar y a la larga los perdedores seremos nosotros mismos. La verdad por encima de todo».

Él: «La desconfianza en la pareja tiende a ser uno de los factores más comunes de hoy día, principalmente por una falta de adhesión a ideales sanos conducentes a una felicidad normal, con sus altos y bajos, pero estable».

Ella: «Ahora se busca mucho un joven apuesto o una muchacha hermosa, y las relaciones se han vuelto muy interesadas en lo económico o lo material. Poco futuro tiene esa pareja. El egoísmo es el mayor peligro para cualquier relación».

¿Un matrimonio perfecto? 

«La mujer y el hombre perfecto no existen, así que tampoco el matrimonio perfecto. Llevamos una vida coherente, por encima de caprichos, porque vivimos de nuestro trabajo.»

¿Lo que más te atrajo de ella?

«¡Y me sigue atrayendo! Su sencillez, honestidad, sinceridad; me mira de frente, no le teme al trabajo, me comprende, aunque a veces se pone belicosa, pero ya sabe, el Kamasutra, saber tratar los puntos, entonces cedo yo. Hay que ser tolerante, saber perdonar, no imponer sino convencer».

¿Y qué te agradó más de él?

«¡Si usted supiera! Lo primero que le miré fueron los zapatos, limpios, brillantes. Después, las unas de las manos, recortadas, parejitas. Es cariñoso, comprensivo, sincero, trabajador, auténtico, alcanza las metas que se propone, su carácter.»

¿Boda? ¿Vestido blanco? ¿Traje, camisa de cuello y corbata? ¿Fotos?

Ella: «Sí, todo ese ritual. Cake, brindis, luna de miel, el 9 de abril de 1982. Pero si no hubiera existido amor, nada de ello le da estabilidad y perdurabilidad al matrimonio. Hay quien no hace nada de eso y viven juntos toda una vida, pero es lindo y constituye una tradición».

Él: «Yo aprecio mucho el respeto, que no quiere decir, sumisión. Respeto a la esposa, a los hijos, a los demás. Marcar los límites de hacer o no hacer cada uno y saber donde comienzan las posibilidades de acción de los demás. Esa la base de la convivencia en sociedad».

¿Gustos comunes?

Él:«La música, toda, pero que sea clara, sin ruidos, que se entienda, con contenido». ¿Boleros?«… Baladas, canciones, de ayer, de hoy y  de siempre».

¿Música preferida?

Ella: «Mocedades, Nino Bravo, Roberto Carlos, Ana Belén y Víctor Manuel. Pero llego a la casa muy cansada. ¿Tiempo libre?

Él: «Poco, pero de jóvenes disfrutamos mucho teatro, íbamos al Caridad, conciertos, ballet, todavía recordamos el concierto de rock del grupo húngaro Lokomotiv, el Ballet Nacional con Alicia Alonso…»

¿Y ahora?

Él: «Mire, todavía nos queda echar el piso de la casa, ¡y todo legal y bien sudado!

Ella: «Nos gustan mucho los Discovery, National Geographic, Animal Planet, el NTV.»

¿Lecturas? 

Ella: «Todas las novelas de Isabel Allende?

Él: «La prensa y literatura técnica de mi especialidad».

¿Deseos mutuos?

«Que Amaya cumpla con éxito su misión como fisioterapeuta en Venezuela y regrese a nuestro lado, continuar encaminando a Ariadna, ver ya grande, graduada de algo útil y casada a nuestra nieta. Terminar la casa, que nadie se enferme, que haya paz y prosperidad…

¿Y que más?

«Amor, mucho amor. ¡El amor es la fuerza que mueve la Tierra!»

¿Personajes?

Ella: Adelaida González Pozo, Mensajera de bodega.

Él: Alejandro Rodríguez Nieves, mecánico electricista de la Empresa Provincial de Acueducto y Alcantarillado.