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26/01/2011 13:28:52


Versión casi abreviada de una entrevista realizada recientemente a Manuel David Orrio, quien fuera miembro de la Seguridad cubana durante 11 años. Para poder cumplir exitosamente su misión debió solucionar el dilema ético sobre la base de dos principios: la verdad, aunque resultara  motivo de escándalo, y adaptar el lenguaje periodístico a normas éticas internacionalmente reconocidas.  La censura rodea a cualquier libro prohibido de una aureola de martirio. Censuras arbitrarias o al arbitrio de un director. Necesidad de una Ley de Prensa en Cuba. 

En su labor como miembro de la Seguridad refiere dos etapas: «una, en la que tenía esa fachada, y otra,  la de opositor político, «que implicaba informar, dividir y destruir».

Orrio cuestiona si en realidad existe algún periodista independiente, pues desde  «el punto de vista del discurso norteamericano contra Cuba, el periodista independiente es un periodista que se presenta como independiente del gobierno (cubano), cuando en realidad es un periodista contra el gobierno, y que responde de una manera muy clara a los dictados de la política de EEUU hacia Cuba, en aspectos como la redacción y selección de noticias o temáticas».

En su caso para poder cumplir la misión «tenía que convertirme en un buen periodista independiente creíble y, por tanto, realizar contrarrevolución. Era una tremenda paradoja defender la Revolución haciendo contrarrevolución. Ante todo tenía que rendir homenaje a mi camarada de armas, mi maestro y amigo, Néstor Baguer, también infiltrado, fallecido hace varios años».

«Ahí hubo misteriosas corrientes entre él y yo, ya que al principio ninguno de los dos sabía de la misión del otro. Con su maestría, logré solucionar el dilema ético sobre la base de dos principios: primero, la verdad, aunque sea motivo de escándalo; el segundo, adaptar mi lenguaje periodístico a normas éticas internacionalmente reconocidas.

«Estas fueron las dos soluciones, aunque hubo una tercera: no estar en paz con nadie, lo mismo eres crítico con el gobierno que con los EEUU, que con los movimientos opositores del país. Así, curiosamente, le caí muy bien a los norteamericanos, que me convirtieron en una fuente de información estable».

En el año 2000, en plena batalla por el retorno de Elián González a Cuba, a  Orrio se le ocurrió hacer una lista de personas que habían pasado por el «periodismo independiente» en los últimos cinco o seis años.

«El 70% —reconoce— ya había abandonado el país con visa de refugiado político; había una gran cantidad dentro del 30% restante que tenía una motivación completamente pecuniaria; y había una minoría que se podía considerar opositora al sistema político cubano, y que eran verdaderamente adversarios. Respeto mucho a los adversarios».

Asegura Orrio que el motivo principal de muchos de los «periodistas independientes» es irse de Cuba, y ello «determina muchas cosas de su labor».

«Porque si pretendes alcanzar una visa de refugiado político, en primer lugar, tienes que construir un expediente de perseguido político, lo cual predefine tus noticias, las formas en que actúas y tu estilo de redacción.

«Creo que este periodismo aprovechaba las fallas de la prensa cubana. Hay un aspecto que yo critico mucho y es que, por políticas informativas que no acabo de entender, la prensa cubana se deja robar primicias, tanto por la prensa extranjera acreditada en Cuba como por parte de esta “prensa independiente».

Para referirse a la actualidad del periodismo cubano Orrio prefiere partir de los aspectos positivos entre los cuales destaca dos: la entrega personal de los periodistas cubanos a su trabajo, y  el surgimiento de generaciones jóvenes de periodistas.

Sobre estos últimos los profesionales, formados después del año 1995, dice  son «talentosos, que aman su profesión y abandonan la rutina y, por ello, están haciendo sin lugar a dudas un periodismo nuevo».

Entre lo negativo señala la falta de un estatus jurídico, de una ley de prensa «que fije los deberes y derechos del periodista y que las cosas no estén en manos de censuras arbitrarias o al arbitrio de un director», y elogia «el código de ética de la Asociación de Periodistas de Hong Kong, «con diez mandamientos, como la Biblia: no robar, no mentir, no dejarse sobornar, no entrar en conflictos de interés... »

Con este sencillo código asevera que la organización China «resuelve todos los problemas éticos que se le pueden presentar a un periodista con una sencillez increíble y adaptable a cualquier medio de comunicación social».

Acerca de las particularidades la sociedad cubana, a la cual cataloga de anormal, «no por algo negativo sino por algo positivo», expresa haberse alcanzado un milagro. «Nosotros, pese a todo, hemos logrado construir un Estado de derecho viviendo en las condiciones de un estado de sitio».

Bajo esas condiciones de «estado de sitio», según  Orrio se crea «presión en los periodistas porque éstos parten del concepto de no dar armas al enemigo. Pero creo que tenemos una orientación precisa de Fidel, que se puede encontrar en el libro de Ignacio Ramonet  Cien horas con Fidel (Biografía a dos voces)».

«Nos dice que aquí ha habido siempre la tendencia a considerar que el hablar de cosas negativas daría armas al enemigo, pero que no es así, es todo lo contrario».

Y refiere la siguiente anécdota: «Una vez un periodista norteamericano me preguntó si yo había escrito mentiras cuando era ‘periodista independiente’ y yo le dije que no, que yo escribía verdades con un lenguaje para un medio, y ahora voy a seguir escribiendo verdades con un lenguaje para otros medios.

«El 4 de abril de 2010, con ocasión del aniversario de mi destape como agente de la Seguridad, abrimos en el periódico «Vanguardia» de Villaclara el foro Orrio versus Orrio, cuyo objetivo es analizar, a partir de mi obra anterior, si Orrio se desdice como periodista. Y hasta ahora nadie me ha ganado una discusión».

Respecto a la revelación de su verdadera identidad, Orrio confiesa haber tenido sentimientos muy contradictorios, pues  la misión, refiriendo sus propias palabras, le planteó costos personales inmensos.

«Me dijo hace poco un colega que era una compensación moral el hecho de haber estado en medio de la Historia, siendo protagonista. Y le puse este ejemplo: yo me sentía un caballero de la Mesa Redonda, con la única diferencia de que el rey no se llamaba Arturo sino Fidel».

Tocante a la transformación del «periodista independiente» en el entorno digital (bloguero), argumenta:

« Hay que empezar a hablar en Cuba no sólo de guerra mediática sino de ciberguerra. Lo que se ha producido es una transformación. No se puede perder de vista que, desde el inicio de los noventa hasta abril de 2003, EEUU, a través de sus Servicios Especiales y de su Oficina de Intereses en La Habana, creó una generación de líderes contrarrevolucionarios y se le acabó en nada, de un plumazo, con la detención de los famosos 75.

«Y el cambio de estrategia e imagen viene porque ya está deteriorada la imagen de los ‘periodistas independientes’. Hay que tener presente, con el mayor respeto, que cuando ese ‘periodismo independiente’ existía, había un Raúl Rivero, al que yo respeto mucho como profesional. Y había otro grupo de personas que se habían hecho periodistas sobre la marcha y que eran capaces de hacer algo decente desde el punto de vista periodístico, aunque fueran enemigos. Ahora no tienen nada de eso, y había que inventar otra cosa, porque, para colmo, el otro que tenían era Manuel David Orrio y resultó ser de la Seguridad. Vieron que había que buscar un diseño nuevo y apareció el tema de los blogueros.

Y cita el caso de Yoani Sánchez, «una persona de la calle, una mujer que está contando historias, no es periodista, no está obligada a cumplir unos requisitos profesionales, da igual si escribe bien o no. Un fallo fue cerrar el acceso al blog al interior de Cuba, eso fue un error, porque la convirtió en víctima. Hasta ese momento nadie hablaba de Yoani. Como decía Marx, “la censura rodea a cualquier libro prohibido de una aureola de martirio”. Creo que en este asunto se han cometido varios errores».

A la pregunta de si a él también le ofrecieron dinero, Orrio declara haber  ido «un poco más lejos».

«Pertenezco a un grupo de doce ex agentes de la Seguridad. En el año 1993, en plena crisis profunda del Período especial, yo necesitaba unas vitaminas y se las pedí a mi oficial entrenador de la Seguridad. Él me dijo: “¿tú pidiéndome vitaminas a mí? Tú estás loco, ve y pídeselas a Elizardo Sánchez, que él tiene”. El principio ético que funcionó entre nosotros fue ese. No le costamos un centavo al estado cubano: las armas y el dinero se los robamos al enemigo.

«A partir de 1998, buena parte del dinero que entraba en Cuba lo hacía por la Western Union o por Transcard. Los “periodistas independientes”, los “disidentes” recibían el dinero y lo cobraban en cualquier banco mediante una tarjeta Transcard. Y yo también, por supuesto. Una gran parte del dinero estaba bajo control bancario, todos lo sabíamos, pero cuando le sigues la pista al dinero llegas a la National Endowment for Democracy y a la USAID (Agencia de Cooperación al Desarrollo del Gobierno de EEUU). Está todo claro, es muy simple y además se demostró.

«Otra autocrítica que tendría que señalar es que deberíamos haberlo hecho todo lo más público posible, ahí estaban las pruebas, no había más que hablar. En Cuba padecemos el síndrome del misterio y lo que deberíamos haber hecho era hacerlo público desde el primer momento. Si en los registros que se hicieron, se ocuparon más de 100.000 dólares solo en efectivo...»

«[…] Cuba dista de ser una sociedad perfecta, pero es perfectible. Pero aquí no se está discutiendo eso, sino nuestro derecho a decidir sobre nuestro destino —errores incluidos— sin la injerencia de gobiernos extranjeros. Ese fue el sentido de mi lucha durante estos once años y va a ser el sentido de mi lucha durante toda mi vida».

«Para mí una cosa clara es que me enamoré perdidamente del periodismo. Un momento feliz de mi vida, de éxtasis, fue cuando vi mi primer artículo publicado en primera plana, ¡a pesar de ser en el Nuevo Herald! Era un artículo sobre Eduardo Chivás, un destacado político cubano de la primera mitad del siglo XX.

«Y a partir de ahí, descubrí que había nacido para el periodismo y me lo tomé muy en serio. Tenía claro que quería seguir siendo periodista, y por ese camino ha surgido mi vida nueva, en la que estoy muy feliz. No pienso mirar atrás ni para coger impulso, como decimos en Cuba».

Con relación a su status actual Orrio declara sentirse muy feliz  por la misión cumplida. Y expresa:

«Yo soy una persona con una discapacidad física, y soy un activista social en el tema de la promoción de los derechos de las personas discapacitadas en Cuba. Tenía la frustración de que, como discapacitado, no podía cumplir mi sueño, que era ser militar y cumplir misiones internacionalistas. Y de repente, un día me encontré, un poliomielítico, pedaleando en La Habana en los años más duros del Período especial. Una noche me comí dos coles del hambre que tenía y en esas condiciones estaba luchando para el Estado cubano. Todos hemos tenido, de una manera u otra, la oportunidad de defender a la Patria.

Para Manuel David Orrio su futuro se relaciona con ese pasado, «es la mayor experiencia personal. Aquí estoy haciendo periodismo y pienso morirme haciendo periodismo», concluye.

(Fuente: cubainformacion.tv)

Lea entrevista de Salim Lamrani a Yoani Sánchez ( En inglés)