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08/01/2011 8:53:25

En 1960 el Consejo Universitario, en Junta General Ordinaria adjudicó una plaza de Profesor Ayudante en la entonces Escuela de Pedagogía de la Universidad Central de Las Villas, al hoy Doctor en Ciencias Pedagógicas y profesor Titular de esa institución, Juan Virgilio López Palacio, quien recibiera clases del  eminente educador Gaspar Jorge García Galló. En el año del 105 cumpleaños del  también filósofo y político cubano ya fallecido, el alumno que fuera decide hablar del Maestro que seguirá siendo aquel hombre que le enseñó a vivir el magisterio…

Por Mercedes Rodríguez García

Ha transcurrido medio siglo y seis años desde que Juan Virgilio López Palacio, comenzara a ejercer el «feliz magisterio del aula», luego de graduarse en la Escuela Normal para Maestros de Las Villas donde cursó estudios desde1950 a 1954.

 «Recuerdo cada uno de aquellos años —refiere— cuando tenía que enfrentarme día a día con la triste realidad de nuestra educación pública, que si bien recogía la tradición y herencia de lo más valioso de nuestro magisterio, era incapaz de promover y cumplir, desde sus raíces, las verdaderas aspiraciones de justicia social del pueblo cubano».

Según sus propias palabras, fue en esa época que comenzó a cobrar firmeza el sentido de su vida, gracias al ejemplo insustituible de sencillos y nobles maestros, verdaderos forjadores de valores éticos», entre los que destaca a un profesor de Ciencias Sociales y de Lengua y Literatura Griegas, llamado Gaspar Jorge García Galló.

En la actualidad, López Palacio ocupa el cargo de Presidente de Honor de la «Cátedra de Pedagogía» de la UCLV que lleva el nombre de «de ese hombre sencillo pero extraordinario, cuyas pasiones permanentes fueron el  estudio y el trabajo.»

«Por ello aprobó el examen para Maestro Habilitado e hizo el Bachillerato por la libre. La carrera  de Filosofía y Letras pudo estudiarla por la mañana, ya que trabajaba la tarde y la noche. Fue el primer expediente de su curso, con once premios».

Sobre el doctor García Galló se ha escrito bastante, dentro y fuera de Cuba, incluso, desde 2006 la Universidad Central entrega un premio que lleva su nombre. Sin embargo, López, quisiera  que usted lo caracterizara en pocas palabras.

«Resaltaba por sus por sus buenos modales y conversación amena, un paradigma de códigos éticos y morales, culto, elegante, con un gran sentido del humor creo que fueron esas, entre otras muchas cualidades  las que le valieron su gran influencia entre los jóvenes normalistas asistentes a sus clases, y que usualmente sobrepasaban la capacidad del aula».

Según María Elena Correa García, nieta de Galló, su abuelo «poseía una varita mágica, conversando enseñaba […] »

«La varita mágica que deberían poseer todos los maestros, en todos los niveles de la educación».

¿Cuán enraizado puede estar en usted el ejemplo de García Galló?

« ¡Oh, mucho! Pero no te voy a responder. Preferiría que leyeras las palabras que me dedicó en una libreta con las firmas de mis compañeros  de curso en la Normal de Maestros, y que guardo hace 56 años. Creo no haberlo defraudado, sobre todo porque me hacen pensar que he trabajado mucho, con entrega y pasión, y que he cumplido con el deber cotidiano de un maestro cubano, donde la preparación de la clase diaria ocupa un lugar cimero…»

Dice el texto, firmado en 1954:

«Querido Juanito:»

«Desde el primer año noté, tu gran capacidad de estudio, tu voluntad de superación, tus condiciones de maestro.

«Tengo el firme convencimiento que serás un triunfador. Pero ¿hasta qué punto, podrás extenderte fuera del limitado círculo de lo rutinario, hacia las cosas que están más allá del aula y de los libros?

«No sé, Juanito, temo que te costará trabajo. Sin embargo, eso es lo que hace al Hombre completo.

«Te quiere, Galló».

A su juicio, López,  ¿cómo articulan en García Galló, vida y obra?

«En un artículo publicado en la revista Islas número 150,  y que titulé “Vigencia de Gaspar Manuel García Galló”,  escribí que en la obra educativa y extensa de Galló se ensamblan de modo coherente, y como en pocos intelectuales de su época, el pensamiento con la acción, la teoría con la práctica.

«García Galló, a lo largo de su fructífera vida de 86 años expuso y defendió sus ideas pedagógicas y filosóficas con calidez, vitalidad y pasión contagiosas. Por eso su obra escrita y su ejemplo como hombre comprometido con su tiempo y con la educación de su época, ha sido para los maestros cubanos algo más que una mera referencia».

En la historia de la pedagogía cubana, ¿qué lugar ocuparía García Galló?

Te digo lo mismo que escribí en la referida revista. Gaspar Manuel Jorge García Galló ha entrado ya por la puerta grande al mundo de los clásicos de la pedagogía. Y no solo cubana, sino latinoamericana.

Específicamente, ¿lo considera un «adelantado»? ¿Cuáles fueron los aportes de Galló a la pedagogía cubana?

«Existen varios estudios muy específicos al respecto. Tú  lo calificas de “adelantado”.  Y está bien,  porque Galló introdujo temáticas no tratadas por otros autores, por ejemplo,  el papel educativo de la prensa y otros medios de comunicación masiva, que permiten captar el proceso de desarrollo de la conciencia nacional en lo que atañe a la lucha de las ideas, y algunos más que luego serían utilizados sistemáticamente en la educación cubana. Digamos, el concepto del trabajo del educador y del investigador como labor creativa, y del maestro como creador de valores humanos…

«Galló fue de los primeros, después de 1959, en valorar la importancia de la teoría educativa de José Martí, para cuyo estudio brindó sugerencias orientadoras en más de un texto destinado específicamente a la obra del Apóstol».

López, usted es un hombre de esos que llamo «de familia», por demás, maravillosa. ¿Cómo ha podido conciliar tan brillante y extensa trayectoria docente, curricular y extracurricular?

«Mira, en la vida todo se siembra, y si siembras buena semilla, y luego cultivas bien, obtendrás frutos esplendorosos. Eso es lo que he tratado de hacer toda mi vida, con todo y con todos. Según tú, lo he logrado.

Pero además, es usted una persona extremadamente organizada, meticulosa; no lo considero un profesor pedante, aunque eso sí, exigente, pero amable, elegante, jovial. ¿También esas cualidades las aprendió de García Galló?

«De él y de otros muchos que fueron mis maestros, aunque en cuestión de nietos y bisnietos Galló me superó. Yo a él en hijos: tres, que me han dado cinco nietos. Sin embargo, a él dos hijos le dieron, seis nietos  y 12 bisnietos.»

No sé si resulta oportuno hablar de la muerte, cuando el pasado jueves 6 de enero se acaban de cumplir 105 años del nacimiento de García Galló, pero en realidad no sé en detalles cómo murió…

«Murió como mismo vivió, trabajando, el 6 de febrero de 1992, en su oficina del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, sobre la hora del almuerzo. Lo encontraron sentado. Ya estaba infartado».

Muchos, cuando evocan a García Galló  lo hacen como un veterano joven. ¿También le gustaría para con usted ese recuerdo?

«Y ¿porqué no? Pero Galló poseía la vitalidad de su estirpe árabe.  Luego. el oficio de tabaquero y las luchas obreras le agregaron esos bríos de pura sangre que tanto necesitan los educadores. Todo ello lo mantuvo joven y lo alejó de la mediocridad.  

«Además, siempre se reconoció como un maestro; el maestro  que vive atento a las señales de su tiempo, como él mismo escribiera».

¿Y usted…?

«Capté a tiempo la señal y la tengo muy clara»