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(Una colaboración de Héctor Darío Reyes)

01/10/2010 08:11:18

Santa Clara volvió a degustar una a una y con deleite, las canciones de  «Aceituna sin hueso», sui géneris agrupación con una carrera interesante, compleja y tangible, cuya su música se disfruta como el buen vino. Fusión  de música árabe, hindú, celta, latinoamericana, flamenco, country, grunge. Un «amasijo» sonoro que los distingue de todo lo demás que en el reino de los sonidos ordenados se hace en la  Cuba actual.

En sus comienzos «Aceituna sin hueso» empezó por lo difícil. No se adhirieron a un género, ni encasillaron su quehacer. Agarraron todos aquellos elementos musicales que les atraían a cada uno y comenzaron a fusionarlos.

A Miriela Moreno, la figura de la agrupación, la conocí hace unos quince años, cuando junto a otros músicos, artistas, e intelectuales, intentaba sacar adelante sus propios proyectos. No me imaginaba entonces las potencialidades como vocalista,  y la capacidad de afinación y proyección escénica de aquella «guajira gastronómica», nacida en Remedios.

Mas, la primera presentación «aceitunera», en El Mejunje de hace una década, dejó claro la factura de un cóctel  que se degustaba a fondo, sin añadidos ni adornos para llamar la atención.

Integraban la agrupación en sus inicios la guitarrista Esther Martínez, el violinista Ismel Leal, el tresero Juan L. Meneses, Alejandro (M) Ibarra en el bajo eléctrico y los percusionistas Gabriel Velázquez y Ariel Marrero. Luego, Juan Curbelo y Andy Santana, suplentes en el violín y el bajo, respectivamente.

Un aparte para la santiaguera Magdelis Lavigne, quien a golpe de congas y carisma se robó parte del show. Otro, para el santaclareño  Javier Barroso, que ya enfila como buen guitarrero. A Yesenia Sáez  le escuché las melodías «más aceitunadas»  salidas de un violín. Elogios para toda la banda, guiada por la bajista Loania Carrillo.

Con gracia y desenfado la Moreno —marcada de un chovinismo muy a lo villareño—, mantuvo sus diálogos con el público, a quien regaló chistes y alguna canción a lo Joaquín Sabina. Logró salvar los peligros de caer en la desubicación, y consiguió mantenerse y hacer agradable las dos horas de Aceituna.

«Aceituna sin hueso» no será la misma  de su debut con aquel equipo de lujo, pero en esta oportunidad sí que nos ha dejado un peculiar sabor ácido-agridulce.

Para besar artistas sobran bocas, Marginales. com y Hepsi senim me —cantada en turco— se unieron a sus conocidos covers.

Esta banda pone a pensar al más severo de los críticos. No acerca de la calidad, que es innegable, sino entorno a los derroteros de su quehacer musical. Justo tras la primera aparición nacional, ya Borges Triana publicaba que «mientras me deleitaba con el excelente repertorio ofrecido por el grupo durante el concierto, pensaba en los parámetros, patrones y criterios que han definido a lo cubano en la música, ya no son del todo válidos».

Y esa es parte también de la esencia de una agrupación que por nombre adoptó el de un fruto que crece en otros lares, allende los mares, bajo otros climas y otra idiosincrasia: la aceituna, y quiso que esta fuera sin hueso, lo cual la hace aún más maleable, tanto a sí, como a su propia creación musical.