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(De testimonios recogidos en el Comité de Solidaridad con la Lucha de los Pueblos Latinoamericanos)

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Las elecciones de 1970 habían sido ganadas por la «Unidad Popular», en cuyo interior aglutinaba a varios partidos, pero la personalidad experimentada estaba representada por el médico socialista Salvador Allende. Además del Partido Socialista, a la coalición de izquierda la integraban el Partido Comunista,los radicales, la Social Democracia, el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria de la Izquierda Cristiana) y la API (Acción Popular Independiente).

De esta manera la Unidad Popular se constituye e instituye como la «vía chilena al socialismo». Nacionalizó, sin indemnizar, las explotaciones de cobre y empresas de otros sectores estratégicos, en total la nada desdeñable suma de unas doscientas compañías. Estatizó la banca privada y el comercio exterior. Impulsó, aún más, la reforma agraria propiciando formas colectivizadas de producción y tuvo importancia la creación de un «sector social» para la economía. Todo esto condicionado por el limitado accionar que imponía los controles rígidos de una constitución liberal-burguesa y lentificaba al máximo la implementación de medidas de contenido social más avanzadas.

Las élites, desplazadas temporariamente de los visibles centros gubernamentales de poder, pusieron en marcha un plan desestabilizador, de desinstitucionalización y deslegitimación del gobierno popular que contó con el respaldo desembozado del Pentágono, la CIA, los medios de comunicación y las transnacionales estadounidenses, en particular la ITT (International Telephone & Telegraph).

Los «momios» (como si en Argentina dijésemos los «gorilas», es decir la ultraderecha) hizo lo acostumbrado en estos casos —desde la guerra civil española en adelante—: subvencionaron huelgas de camioneros que provocaron serios problemas de abastecimiento en los principales núcleos urbanos, a pesar del esfuerzo de un voluntariado civil que trataba de secundar el esfuerzo de productividad que le había pedido el Compañero Presidente al proletariado industrial y al campesinado.

Mujeres de clase media y alta (residentes de lo que aquí en Argentina sería barrio Norte, Recoleta, una parte de Palermo, etc.) empuñaron cacerolas y cucharones para hacer sonoras demostraciones contra el «hambre». Convendría en este punto que transcribiéramos la letra de una canción popular del juglar argentino Ignacio Copani llamada «Cacerola de Teflón»

Final y previsiblemente, el 11 de septiembre de 1973 se produjo el golpe de Estado dirigido por el general Augusto Pinochet. El presidente Allende fue asesinado en el palacio presidencial (más conocido como La Moneda). Se desató una cruenta represión y miles de personas fueron detenidas, torturadas, y muchas de ellas fusiladas sumariamente en el Estadio Nacional de Chile.

El sangriento y perverso cuartelazo de los militares chilenos, inscripto en la oleada de movimientos de ultraderecha subvencionados desde el Departamento de Estado o la CIA y que recorrió a todo el Cono Sur en la década de 1970, contó inicialmente con el apoyo de las oligarquías locales y de una clase media con temores exacerbados por un poderoso aparato propagandístico absolutamente hostil a la experiencia de la «vía al socialismo».

Fundamentalmente, contó con el apoyo irrestricto de empresas y de la banca transnacionales, a las cuales les fueron devueltas las compañías que habían escapado a su control.

Cuartel de Investigaciones. El día 14 de septiembre de 1973, personal de Investigaciones detiene al ciudadano extranjero P. V. Conducido al Cuartel General de Investigaciones es torturado repetidamente con picana eléctrica. Se le aplica en sienes, manos y genitales procurando obligarlo a firmar una declaración preparada de antemano. La aplicación de electricidad quebranta su salud a tal extremo, que recién tres días más tarde puede ser trasladado al Estadio Nacional de Santiago. Cabe destacar que este prisionero según comentario de sus captores, fue denunciado por la dueña del departamento que alquilaba, bajo la sola acusación de ser extranjero.

Ministerio de Defensa. El día 12 de septiembre de 1973, a las 14 horas, luego de salvaje allanamiento, es detenido el ciudadano C. A. M. juntamente con otras cuatro personas.

Trasladados a golpes y culatazos al segundo subterráneo del Ministerio de Defensa, son ferozmente golpeados y amenazados con fusilamiento si no declaran haber visto disparar a C. A. M. Los cuatro acompañantes de éste son aislados y posteriormente se le comunica a C. A. M. que han declaro haberlo visto hacer fuego. Lo hacen desvestir y lo golpean hasta desmayarlo. Recuperado el conocimiento, vuelven a golpearlo intentando obligarlo a firmar una declaración de auto-incriminación.

Ante su negativa se le golpea permanentemente durante cuatro horas. Luego le comunican que será fusilado. Le quitan el reloj, todo su dinero y otros efectos personales mientras se le dice, cínicamente, que ya no le harán falta. Es encapuchado y trasladado al último piso del Ministerio.

Allí le descubren el rostro con el objeto de que vea los cadáveres de prisioneros fusilados junto a un muro. Posteriormente, lo hacen asistir a la ejecución de un oficial antigolpista de la Fuerza Aérea. Lo colocan luego contra la pared, le vendan los ojos y ejecutan el macabro ritual previo a un fusilamiento. Luego, disparan al aire.

El jefe del pelotón manifiesta la intención de seguir torturándolo hasta que acceda a firmar una declaración auto-incriminándose. Enseguida, es nuevamente conducido a los subterráneos donde se lo golpea hasta perder toda noción de tiempo. Más tarde es trasladado al Regimiento Tacna.

Regimiento Tacna. Los detenidos en este cuartel permanecen desnudos en las caballerizas y son testigos de fusilamientos masivos. Se los golpea en forma constante. Los prisioneros dejan constancia de haber visto con vida, entre los reclusos, al Dr. Eduardo Paredes (Ex-Director de Investigaciones y Presidente de Chile Films, hasta el 11 de septiembre), quien, luego, por la prensa chilena, aparecerá muerto en un enfrentamiento armado con Carabineros, según informe de la Junta Militar.

Estadio Chile. (primer campo de concentración habilitado). Debemos decir que de los establecimientos de detención éste ha sido el más tenebroso campo de concentración y exterminio que hemos pisado.

  • Ante cerca de 7.000 personas recluidas, un niño de tan sólo 14 años, fue ultimado en momentos en que sufría un ataque de nervios.
  • La Sra. M., embarazada de 8 meses, es golpeada en el vientre con un fusil. A consecuencia de esto aborta ante nuestros ojos y se le observan, además, heridas sangrantes en sus pechos.
  • Un ciudadano chileno, de quien ignoramos su identidad, a consecuencia de lo allí sufrido intenta suicidarse arrojándose de la galería alta. Malherido, antes de ser aniquilado, grita: «¡Tiren, huevones, que Chile igual va a ser socialista!»
  • Los extranjeros estábamos agrupados en un sector que el comandante del campo denominaba «la cloaca sudamericana». Ocho a diez veces por día conducía a los extranjeros a sesiones de tortura, en los subterráneos del estadio.

Los extranjeros tenían siempre, sobre su cara, reflectores que los encandilaban. en algunas oportunidades, apagaban las luces y comenzaban a disparar sus ametralladoras hacia el techo produciendo el terror imaginable. En varias oportunidades, vimos sacar de los subterráneos del Estadio, decenas de cadáveres.

Estadio Nacional. El Estadio Nacional fue el último y más grande campo de concentración. Una funcionaria de la C. R. Internacional manifestó a una prisionera que el total de detenidos ascendía a 25.000 personas. Las condiciones de vida eran pésimas.

Allí pudimos ver como se torturaba a un sordomudo porque no contestaba sus interrogatorios. Supimos cómo masacraron a cerca de 100 habitantes de la población La legua por haber resistido la acción golpista. Vimos a soldados cargar camiones frigoríficos con cadáveres.

Vivimos entre apagones, disparos, gritos, lamentos de torturados. Vimos pasar encapuchados que señalaban prisioneros a quienes se retiraba y uego torturaba. Sufrimos aplicaciones de picana eléctrica en diversas partes del cuerpo.